{"id":983,"date":"2022-06-07T22:21:06","date_gmt":"2022-06-08T01:21:06","guid":{"rendered":"https:\/\/trumanmag.com\/?p=983"},"modified":"2022-06-08T12:29:09","modified_gmt":"2022-06-08T15:29:09","slug":"cinco-vueltas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/2022\/06\/07\/cinco-vueltas\/","title":{"rendered":"Cinco vueltas"},"content":{"rendered":"\n<p>Eduardo se sent\u00f3, sac\u00f3 la soga y la apoy\u00f3 sobre sus piernas. <em>Tendr\u00eda que haber comprado un metro m\u00e1s<\/em>, pens\u00f3. Agarr\u00f3 la hoja metida en un folio que ten\u00eda al costado. La estudi\u00f3 durante dos o tres minutos y la volvi\u00f3 a apoyar sobre la cama. Hizo una ese con la soga y con un extremo comenz\u00f3 a dar las vueltas tal como en las indicaciones. Se dio cuenta de que lo hab\u00eda hecho al rev\u00e9s. Lo desarm\u00f3 y comenz\u00f3 de nuevo. Mientras tanto, cont\u00f3 en voz alta las vueltas del nudo de la foto. Siete. Su nudo ten\u00eda cuatro. Record\u00f3 que en otro sitio de Internet hab\u00eda le\u00eddo que la cantidad de vueltas ten\u00eda que ser impar. Otra vez lo desarm\u00f3 y volvi\u00f3 a comenzar. Cinco vueltas. <em>Cinco y siete debe ser lo mismo<\/em>, pens\u00f3 y se sinti\u00f3 satisfecho, pero no supo c\u00f3mo hacer para que el nudo quedara ajustado. Tuvo que usar su sentido com\u00fan. Pas\u00f3 el extremo que le quedaba suelto por dentro de las vueltas. Se fastidi\u00f3 porque no era tan est\u00e9tico como en la foto. Dispuso la parte circular hacia la derecha y prob\u00f3 el mecanismo. Uno de los extremos estaba fijo, mientras que el otro se deslizaba. <em>Perfecto<\/em>, dijo en voz baja. Se levant\u00f3, alz\u00f3 la soga hacia el ventilador de techo y se dio cuenta de que le hab\u00eda quedado demasiado larga. Tuvo que repetir el procedimiento tres veces m\u00e1s hasta que logr\u00f3 una longitud que le permitiera ponerse la soga al cuello y que al mismo tiempo fuera lo suficientemente distante del piso como para que sus pies quedaran colgando.<\/p>\n\n\n\n<p>Transpiraba, pero segu\u00eda con el pul\u00f3ver azul. <em>Ya est\u00e1<\/em>, se dec\u00eda, <em>ya est\u00e1<\/em>. Corri\u00f3 la mesa de luz de Marta y luego la cama matrimonial hacia un costado hasta que hizo tope contra la pared. Puso la silla en medio de la habitaci\u00f3n. Se estaba subiendo cuando escuch\u00f3 el ruido de la puerta de entrada y los pasos de Marta. Se qued\u00f3 inm\u00f3vil, parado sobre la silla. Los pasos se alejaron hacia la cocina. Pens\u00f3 en abortar todo, pero extendi\u00f3 los brazos hacia el ventilador de techo. Cuando llev\u00f3 la cabeza hacia atr\u00e1s, las luces lo enceguecieron. Se dio cuenta de que si las lamparitas estaban calientes no iba a poder sujetar bien la soga. Baj\u00f3, apag\u00f3 esa luz y encendi\u00f3 el velador de Marta. Volvi\u00f3 a subir, lanz\u00f3 la soga hacia el ventilador para ajustarla, pero no alcanz\u00f3. Mir\u00f3 a su alrededor, vio los almohadones grandes sobre el acolchado. Se baj\u00f3, los puso sobre la silla y subi\u00f3. Alz\u00f3 las manos, tambale\u00f3 un poco y tuvo que saltar al piso porque un almohad\u00f3n se desliz\u00f3 sobre el otro. Insult\u00f3 a la tela de los almohadones, con gusto los hubiera prendido fuego, pero no era momento de complicar las cosas. Se le ocurri\u00f3 poner la mesa de luz sobre la silla. Midi\u00f3 las superficies con la vista y lo termin\u00f3 descartando. No hab\u00eda salida, ten\u00eda que ir hasta el lavadero a buscar la escalerita. Meti\u00f3 la soga debajo de la cama, se sec\u00f3 la transpiraci\u00f3n, sacudi\u00f3 las manos contra el pul\u00f3ver azul y sali\u00f3. <em>Le digo que se quem\u00f3 una lamparita<\/em>, pens\u00f3 mientras iba por el pasillo. Cuando atraves\u00f3 la cocina, se encontraron en una mirada pero Marta no dijo nada y \u00e9l tampoco; alzando la escalerita, volvi\u00f3 al dormitorio. Busc\u00f3 la soga, subi\u00f3 a la escalera y volvi\u00f3 a lanzarla hacia el ca\u00f1o del ventilador. Le dio dos vueltas y cuando estaba por ajustar el nudo se dio cuenta de que no hab\u00eda medido la altura, entonces lo dej\u00f3 flojo y baj\u00f3. Acerc\u00f3 la silla, se par\u00f3 encima y se puso la soga al cuello. Demasiado larga, terminar\u00eda con los pies en el piso. Volvi\u00f3 a subir a la escalera, deshizo el nudo flojo y las dos vueltas, midi\u00f3 para que quedara un poco m\u00e1s corto. Baj\u00f3 otra vez, subi\u00f3 a la silla como ensayando y as\u00ed dos veces m\u00e1s. Cuando le pareci\u00f3 que estaba listo, volvi\u00f3 al pelda\u00f1o m\u00e1s alto y decidi\u00f3 darle tres vueltas al nudo del ca\u00f1o, luego meti\u00f3 un extremo por dentro de las vueltas y tuvo que tironear un poco. <em>Est\u00e1 bien<\/em>, se dijo, <em>lo hiciste<\/em>. Baj\u00f3 y dej\u00f3 la escalera contra la pared. Pens\u00f3 en Marta y repiti\u00f3 su propia imagen un rato antes, pasando por la cocina. Decidi\u00f3 que era mejor tener el sobre en el bolsillo, un poco salido, para que fuera lo primero que viera Marta y lo manoteara desesperada. Entonces lo sac\u00f3 de la mesa de luz y mientras lo doblaba le cay\u00f3 una gota de transpiraci\u00f3n que hizo un c\u00edrculo en el papel. <em>Ya est\u00e1<\/em>, se dijo y lo meti\u00f3 en el bolsillo, dejando poco m\u00e1s de la mitad visiblemente afuera. Ubic\u00f3 la silla justo debajo del ventilador. Subi\u00f3 y se le cay\u00f3 el sobre. Baj\u00f3, lo busc\u00f3 y lo volvi\u00f3 a acomodar. Subi\u00f3 de nuevo, apoyando su mano en el sobre para que no se moviera. Meti\u00f3 la cabeza dentro de la soga. Respir\u00f3 hondo, pens\u00f3 en masturbarse. <em>Lo tendr\u00edas que haber hecho antes<\/em>, se dijo, casi como un reproche. Oy\u00f3 los pasos de Marta en el pasillo y la sinti\u00f3 detenerse del otro lado de la puerta. Pudo escuchar su propio pulso y cerr\u00f3 los ojos apretando los p\u00e1rpados.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color\" style=\"color:#ac0a0a\">Este cuento pertenece al libro de cuentos <em>Agua del mismo ca\u00f1o<\/em>, editado por P\u00e1nico el p\u00e1nico en 2014.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color\" style=\"color:#ac0a0a\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color\" style=\"color:#ac0a0a\"><strong>Natalia Zito<\/strong> naci\u00f3 en Buenos Aires en 1977. Es escritora y psicoanalista. Autora del libro de relatos <em>Agua del mismo ca\u00f1o<\/em> (2014), que adapt\u00f3 luego para teatro en la obra El momento desnudo. <em>Rara <\/em>(Emec\u00e9) fue su primera novela. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Eduardo se sent\u00f3, sac\u00f3 la soga y la apoy\u00f3 sobre sus piernas. Tendr\u00eda que haber comprado un metro m\u00e1s, pens\u00f3. Agarr\u00f3 la hoja metida en un folio que ten\u00eda al costado. 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