{"id":969,"date":"2022-05-31T07:48:35","date_gmt":"2022-05-31T10:48:35","guid":{"rendered":"https:\/\/trumanmag.com\/?p=969"},"modified":"2022-05-31T07:48:35","modified_gmt":"2022-05-31T10:48:35","slug":"el-chico-de-las-compraventas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/2022\/05\/31\/el-chico-de-las-compraventas\/","title":{"rendered":"El chico de las compraventas"},"content":{"rendered":"\n<p>Sube las tiras de sus botas rojas con un suspiro. Las yemas de los dedos acarician el muslo.<\/p>\n\n\n\n<p>La atm\u00f3sfera bancaria se tensa.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta es su vida.<\/p>\n\n\n\n<p>-Es como una invasi\u00f3n- dice el contador Gonz\u00e1lez.<\/p>\n\n\n\n<p>-Es una invasi\u00f3n. -Explica Irma con un adem\u00e1n. -Es lo que pasa cuando ten\u00e9s sobredemanda en cualquier operaci\u00f3n del banco. Y todos estos pelotudos se creen que as\u00ed van a salvar los ahorros. \u00a1Jah! \u00a1Treinta y ocho!<\/p>\n\n\n\n<p>Como animales redentos que entran al arca de No\u00e9, los clientes avanzan de a dos, a paso lento, cruzan el arco de la entrada, anticipan su resignaci\u00f3n fingida mientras sacan n\u00famero, se vigilan de reojo.<\/p>\n\n\n\n<p>El chico de las compraventas se acomoda los el\u00e1sticos del boxer tricolor. Sus piernas tibias, un poco ansiosas. Golpetea en las rodillas. Suspira. Se pasa una mano por el pecho, la otra mano por los abdominales. Nota que tiene algo de panza. Y se quiere un poquito menos.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta es su vida.<\/p>\n\n\n\n<p>-Mir\u00e1, Juli\u00e1n, ya sabemos c\u00f3mo funciona esto. Funciona bien o no funciona. \u2013Dice Irma mientras se acomoda la peluca rosa.<\/p>\n\n\n\n<p>Juli\u00e1n Gonz\u00e1lez reflexiona un momento.<\/p>\n\n\n\n<p>-Nah. Yo creo que as\u00ed como lo manejamos ahora vamos bien.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfBien? Bueno, vamos a ver si hoy lo manejan bien. Mir\u00e1 todos los que son. Parece que los trajeron como en veinte colectivos.<\/p>\n\n\n\n<p>Reflexivo, el contador mide a la multitud que se desparrama por el hall.<\/p>\n\n\n\n<p>-Y ya te digo -sigue Irma-, si no quieren poner dos computadoras m\u00e1s para atender compraventa de moneda extranjera, esto va a seguir as\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>En silencio, el contador Gonz\u00e1lez se responde lo mismo. La mirada perdida en el charco humano que crece frente a las cinco mesas de atenci\u00f3n al p\u00fablico de las cuales solo una est\u00e1 asignada para hacer los tr\u00e1mites de autorizaci\u00f3n de compra.<\/p>\n\n\n\n<p>-Y bueno. -Se mete la jefa del sector. -Que empiecen a atender.<\/p>\n\n\n\n<p>-Dale, Becerra. -El contador hace gestos al rubio que gestiona los tr\u00e1mites para compra de d\u00f3lar-ahorro. -Dale, arranc\u00e1, que cuanto antes empecemos, antes nos vamos todos a casa.<\/p>\n\n\n\n<p>-Disculpe, se\u00f1or. \u2013El contador aparece en los anteojos polarizados de una rubia que promedia los cincuenta. -\u00bfVan a poner nom\u00e1s al chico rubio a atender d\u00f3lares?<\/p>\n\n\n\n<p>Becerra le echa una mirada de soslayo mientras manotea el borde inferior del escritorio. Lo encuentra. Y presiona el bot\u00f3n rojo.<\/p>\n\n\n\n<p>Una luz magenta se enciende en la oscuridad del camar\u00edn. \u201cEmergencia\u201d. El ne\u00f3n jam\u00e1s exagera. Becerra tiene problemas. Estamos a primer lunes del mes. Becerra va a tener problemas durante toda la semana.<\/p>\n\n\n\n<p>-S\u00ed. \u00bfPor qu\u00e9 no le ponen un empleado m\u00e1s para que lo ayude? Es injusto que el gordito est\u00e9 solo.<\/p>\n\n\n\n<p>-No es gordito. \u2013Marca Irma. \u2013Se le embolsa la camisa porque va de ac\u00e1 para all\u00e1 con sus tr\u00e1mites, vieja angurrienta.<\/p>\n\n\n\n<p>En su camar\u00edn, el Chico de las Compraventas se pone de pie. Mira su reflejo en el cristal, ahumado a golpes de suciedad.<\/p>\n\n\n\n<p>El conserje del banco atraviesa el hall. Llega junto a la mampara que separa las cajas, donde hay un par de bultos cubiertos con una lona. La quita para descubrir dos parlantes enormes. Busca el bot\u00f3n de encendido en el equipo y lo presiona. Los aparatos ronronean un zumbido casi imperceptible. Becerra traga saliva. La ayuda est\u00e1 en camino. Alcanza un formulario al primer cliente, mientras echa una mirada hacia la puerta que est\u00e1 a un costado del sector de cajas.<\/p>\n\n\n\n<p>-Disculpe, se\u00f1or. -Dice una vieja que apoya la mano en el escritorio. -\u00bfPor qu\u00e9 n\u00famero van?<\/p>\n\n\n\n<p>-Reci\u00e9n empezamos. Le pido por favor que me aguarde atr\u00e1s de la l\u00ednea amarilla, se\u00f1ora. -Becerra responde con un gesto imperativo, casi desesperado.<\/p>\n\n\n\n<p>-El n\u00famero, nada m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>-Reci\u00e9n empec\u00e9 a llamar, se\u00f1ora. Por favor, detr\u00e1s de la l\u00ednea amarilla. Es por seguridad bancaria.<\/p>\n\n\n\n<p>-Pero si ya tengo como ochenta a\u00f1os, yo. Me di cuenta esta ma\u00f1ana, de repente andaba con todos estos a\u00f1os encima.<\/p>\n\n\n\n<p>-Est\u00e1 bien. Lo \u00fanico que le pido\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>-De repente, no s\u00e9 c\u00f3mo pas\u00f3, me levant\u00e9 y ten\u00eda un mont\u00f3n de a\u00f1os encima, que me di cuenta esta ma\u00f1ana.<\/p>\n\n\n\n<p>-Lo \u00fanico que le pido, por favor\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>-De verdad. -Interviene un cliente con sus cuarenta a\u00f1os empaquetados en un traje impecable. -\u00bfNo pueden poner m\u00e1s gente? Yo me escap\u00e9 del trabajo para venir ac\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde su escritorio, en bambalinas, el contador Gonz\u00e1lez disca un interno.<\/p>\n\n\n\n<p>Un llamado ansioso suena en el camar\u00edn. El chico de las compraventas levanta el tubo. No hace falta prestar atenci\u00f3n a las palabras.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya lo sabe.<\/p>\n\n\n\n<p>Todos lo saben.<\/p>\n\n\n\n<p>El conserje lleva el volumen al m\u00e1ximo.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00a1Estamos sobrepasados! -El contador Gonz\u00e1lez, al otro lado de la l\u00ednea. -\u00a1Necesitamos al Chico de las Compraventas!<\/p>\n\n\n\n<p>El ambiente se colma de vibraciones una fracci\u00f3n de segundo antes de que los parlantes golpeen la atm\u00f3sfera con una melod\u00eda electr\u00f3nica. Fanfarrias de anunciaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Becerra mira hacia el sector de cajas. Los empleados miran hacia el sector de cajas. El p\u00fablico mira hacia el sector de cajas. Algunos ignorantes y curiosos. Pero la mayor\u00eda ya sabe lo que se viene. Y por eso es que vinieron. Supuran ansiedad.<\/p>\n\n\n\n<p>Las botas rojas golpean el pasillo dejando huellas de purpurina.<\/p>\n\n\n\n<p>Una segunda fanfarria les permite identificar la canci\u00f3n: \u201cCrazy Frog\u201d. El regreso nost\u00e1lgico a una \u00e9poca m\u00e1s feliz les llena el cuerpo. Y estalla esa lujuria.<\/p>\n\n\n\n<p>Aparece junto a la mampara (es \u00e9l) que da a la l\u00ednea de cajas (es \u00e9l), todo m\u00fasculos, lascivia y poder adquisitivo (\u00a1es \u00e9l!).<\/p>\n\n\n\n<p>La gente a\u00falla.<\/p>\n\n\n\n<p>La gente estalla.<\/p>\n\n\n\n<p>Marcha por el hall al comp\u00e1s de la m\u00fasica. Juguetea con sus ametralladoras igual que un cowboy. \u201cEl\u201d cowboy. El m\u00e1s habilidoso del far north. Hace helic\u00f3pteros con los dedos apoyados en el gatillo, hace correr un viento caliente entre sus pectorales apretados bajo la musculosa azul marino repleta de estrellas. Se le marcan los pezones. Ser\u00e1 el viento. La m\u00fasica. O la ansiedad del p\u00fablico.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero lo que todos miran no es su pecho. Lo que todos desean y vinieron a buscar es el bulto que se le forma en el boxer. Hombres, mujeres, j\u00f3venes, ancianos, todos a\u00fallan con la boca seca. El bulto lleno de aristas que revelan el papel abollado, el boxer con los colores mitad de la bandera estadounidense, mitad los colores de la uni\u00f3n europea, el boxer lleno de billetes moneda fuerte.<\/p>\n\n\n\n<p>El Chico de las Compraventas marcha por el hall bajo la mirada de \u00e1gape religioso que irradia desde lo que ya son m\u00e1s de cien clientes api\u00f1ados en la sucursal. Los empleados de seguridad se apoyan contra el grupo euf\u00f3rico para abrir un c\u00edrculo preventivo donde el Chico de las Compraventas pueda desplegar su encanto y fortaleza. Pero no pueden evitar que la admiraci\u00f3n les golpee en las mejillas, al tiempo que hacen un esfuerzo impresionante para que el espect\u00e1culo no les afloje los brazos.<\/p>\n\n\n\n<p>-Tranquilos. -Dice. Morocho, alto y fibroso. Pelo corto, rapado a los costados, a la usanza de los latinos refugiados en el primer mundo. Lentes negros. Sonrisa de poder. \u2013Ya les traigo lo que buscan.<\/p>\n\n\n\n<p>Sube al escritorio de Becerra con un salto hiperatl\u00e9tico. Deja quietas las ametralladoras.<\/p>\n\n\n\n<p>Apunta al p\u00fablico.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfEuros o D\u00f3lares? -pregunta.<\/p>\n\n\n\n<p>La respuesta es un grito informe, una expresi\u00f3n de calor.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00a1Oiga! -Se acerca con el brazo en alto la vieja que preguntaba por el turno. Su cara tiene m\u00e1s ansiedad que reproche. -\u00bfQu\u00e9 van a hacer con toda esta gente? \u00a1La cola est\u00e1 muy lenta!<\/p>\n\n\n\n<p>-La cola del banco est\u00e1 lenta, se\u00f1ora. -Responden los dientes perfectos, apretados en una herida perlada. -Pero la suya tiene\u2026 \u00a1v\u00e9rtigo!<\/p>\n\n\n\n<p>El Chico de las Compraventas dirige sus ametralladoras de lleno a la anciana. Tira de los gatillos. El aire explota con r\u00e1fagas de humo y papel picado. Se llena de colores, azul, rojo y blanco. La m\u00fasica coincide, repiquetea corchea por corchea con los disparos de la ametralladora n\u00f3rdica. La ametralladora. Sensual. Liberal. La ametralladora.<\/p>\n\n\n\n<p>La gente delira. Pero se deja llevar. Est\u00e1n contenidos. Se sienten seguros. Avanzan en fila, de uno en uno, se colocan frente al escritorio de Becerra sin quejarse de la espera o de la falta de billetes chicos. Hacen el tr\u00e1mite de compraventa casi en un sue\u00f1o. Admiran el movimiento, la fortaleza, la eficiencia del chico que representa sus anhelos de vigor. Y pasan a cobrar sus billetes fuertes por caja como mecidos por un abrazo fuerte, del tipo de abrazos que se dan tras hacer el amor.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero siempre algo falla.<\/p>\n\n\n\n<p>Y siempre existe un cliente que es excepci\u00f3n a la regla.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>El Chico de las Compraventas est\u00e1 cansado. Elonga, se toma los muslos. Su cuerpo es un arma de seducci\u00f3n masiva, pero es la \u00fanica que tiene. Teme un desgarro. La exigencia es enorme, lo siente. Sabe que su vida no puede absorber tanta lujuria cada d\u00eda. Tanta desesperaci\u00f3n apasionada por la acumulaci\u00f3n de capitales. Su espalda es ancha, pero su capacidad de dar seguridad tiene un l\u00edmite.<\/p>\n\n\n\n<p>Es que no hay amor en la voluntad de esa gente.<\/p>\n\n\n\n<p>No hay amor. Ni siquiera necesidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Piensa en ella. En su ex esposa.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay desesperaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Su ex esposa. La que lo abandon\u00f3 en el verano de 1996. Recuerda aquella aventura, sus a\u00f1os locos. Las noches de spagetti y vitel thon\u00e9. Miami era una fiesta.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfY qu\u00e9 pas\u00f3?<\/p>\n\n\n\n<p>No pudo con ella. \u00bfQu\u00e9 pas\u00f3? Un hombre es, antes que nada, fortaleza. Debe poder transmitir seguridad a su chica aunque todo se vaya al diablo.<\/p>\n\n\n\n<p>Miami era una fiesta.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfY qu\u00e9 pas\u00f3?<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy tiene lo que la gente pide. Todo lo que la gente pide. Pero est\u00e1 cansado. Y teme que su cuerpo no pueda proyectar a la clientela el alivio que precisa su lascivia. Hacerlos sentir el calor de estar protegidos, la seguridad de que el suelo bajo sus pies no va a moverse con el pr\u00f3ximo cambio en el ministerio de econom\u00eda. Acunarlos en sus brazos, amparados por el enorme poder f\u00e1lico frente al monstruo de econom\u00eda y garrote que los amenaza con contagiarles el virus de la pobreza.<\/p>\n\n\n\n<p>El Chico de las Compraventas se lleva las manos a la cara. Va a caer. Un d\u00eda de estos se va a descuidar. Sabe, de alguna forma, que es c\u00f3mplice de una farsa.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que teme es ver el llanto, la desilusi\u00f3n desesperada en la carne blanda de sus protegidos.<\/p>\n\n\n\n<p>Y es que intuye, sabe que ellos saben que nada ni nadie va a poder salvarlos de una cat\u00e1strofe posible. Y ellos saben que \u00e9l sabe. Pero que da lo mejor de s\u00ed. Que no va a dejarlos caer en la abulia.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l no los va a dejar caer, no antes de caer \u00e9l mismo. Pero siente que las fuerzas flaquean. Es la incertidumbre que lic\u00faa sus m\u00fasculos. Es el sudor que derrama durante horas y horas, el sudor cada vez m\u00e1s espeso. Es la creatividad que le empieza a mermar. Los distintos gorros, los distintos boxer. Los distintos shows de humo, confetti, artiller\u00eda yankee. Le quedan pocas ideas. Ponerse una barba como la de Lincoln. Aparecer brillante, platinado y desnudo como un arquetipo alem\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n<p>O quiz\u00e1 \u2013se clava las u\u00f1as en la cara- quiz\u00e1s deba ceder el juego, hacerse a un lado. Hablar con Gonz\u00e1lez. Y sumarse al pedido de los otros empleados del banco: apoyar la cola en una silla con rueditas, abandonar el misticismo bacanal, ponerse traje, corbata, ayudar a Becerra para que los tr\u00e1mites de compraventa fluyan como lo que son: una apuesta. La apuesta hist\u00f3rica de todo argentino por monedas con denominaci\u00f3n seria, culpa de la traici\u00f3n constante que aquel sano pueblo viviera a lo largo de su historia. Dejar que la ilusi\u00f3n del cliente aterrice de a poco en lugar de seguir llevando a cada ahorrista hacia un frenes\u00ed tan alto como la punta de un gr\u00e1fico donde la l\u00ednea roja asciende pero se acerca a toda velocidad al punto donde va a caer en picada, hacia la crisis m\u00e1s fatal.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>El Chico de las Compraventas est\u00e1 triste. Ya tom\u00f3 una decisi\u00f3n. Sabe que es lo mejor. Y no puede traicionar a sus clientes, porque implicar\u00eda traicionarse a s\u00ed mismo m\u00e1s de lo que ya se traiciona al colgar la toalla.<\/p>\n\n\n\n<p>Inclina el vaso para evitar que la cerveza haga espuma. La ve fluir, entre l\u00edquida y aceitosa, elixir de la paz que logra anclarlo unos minutos a la silla del bar palermitano.<\/p>\n\n\n\n<p>Se toca la panza. Lleva la mano al vaso y toma un sorbo. Sus abdominales se tensan mientras lubrica la garganta. Consuelo barato. Consuelo barato que podr\u00eda arruinar su figura. Como todos los consuelos baratos.<\/p>\n\n\n\n<p>Piensa.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEl chico de los plazos fijos\u201d, piensa. Consuelo barato.<\/p>\n\n\n\n<p>Desv\u00eda la mirada hacia sus compa\u00f1eros de mesa. El chico del Iphone, con su tapado hasta los tobillos, los bolsillos de adentro repletos de celulares para acosar peatones; la rubia de los DLC, con orejas de gato y vestido que recuerda lejanamente a un personaje del \u00faltimo Final Fantasy; NerdStud, el intelectual seductor que promociona la saga juvenil dist\u00f3pica de moda.<\/p>\n\n\n\n<p>Y otros.<\/p>\n\n\n\n<p>Prefiere no mirar. Apoya el vaso sobre la barra y se lleva las manos a la cara. Esta vez su emocionalidad encuentra una grieta en su hombr\u00eda. L\u00e1grimas que llenan el espacio entre sus dedos, l\u00e1grimas que se escapan sin remedio. Como nuestros sue\u00f1os. Como nuestra energ\u00eda. Como nuestro poder\u2026 adquisitivo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ve el rostro del contador Gonz\u00e1lez, imperturbable, que toma su decisi\u00f3n: la clientela va a tener que aterrizar. De a poco. Hay que llevarlos nuevamente a la realidad tercermundista. Al pa\u00eds en v\u00edas de desarrollo, eternas v\u00edas que saben de horizontes pero no de estaciones.<\/p>\n\n\n\n<p>El Chico de las Compraventas llora.<\/p>\n\n\n\n<p>El Chico de las Compraventas ya no cree en el futuro.<\/p>\n\n\n\n<p>Y as\u00ed como su ex esposa lo abandon\u00f3 esa fat\u00eddica navidad de invierno, una navidad como la gente en el hemisferio norte, ahora es su turno de abandonar. No m\u00e1s vocaci\u00f3n protectora.<\/p>\n\n\n\n<p>El Chico de las Compraventas est\u00e1 desolado.<\/p>\n\n\n\n<p>El futuro\u2026 \u201cYolo\u201d. \u201cCarpe diem\u201d. Mastica los motto. Los busca, no los encuentra. Si tan s\u00f3lo quedara una forma de vivir el hoy sin pensar en el futuro.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1s. Tal vez pudi\u00e9ramos dejarnos llevar por el momento en que estamos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfY si el dinero no fuera importante?<\/p>\n\n\n\n<p>Pero el dinero es importante.<\/p>\n\n\n\n<p>O mejor dicho: \u00bfy si tener dinero no fuera importante?<\/p>\n\n\n\n<p>El Chico de las Compraventas se endereza.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfY si el problema no fuese el dinero, sino el hecho de que ma\u00f1ana no vamos a poder comprarnos esa c\u00e1mara de fotos que fotograf\u00eda en una calidad ocho veces superior a la que puede percibir el ojo humano?<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que la gente busca no son billetes.<\/p>\n\n\n\n<p>La revelaci\u00f3n es clara.<\/p>\n\n\n\n<p>El problema no es ma\u00f1ana. Sino que ma\u00f1ana en alg\u00fan momento va a ser hoy. Y ese hoy va a precisar poder comprarse un ma\u00f1ana.<\/p>\n\n\n\n<p>Deja el vaso sobre la mesa. Pide la cuenta, paga en libras esterlinas. Seca sus l\u00e1grimas y vuelve a casa preparado para una intensa sesi\u00f3n de ejercicio.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>-Veintis\u00e9is, moneda extranjera. -Llama Becerra.<\/p>\n\n\n\n<p>-Oiga, \u00bfme parece a m\u00ed, o usted se col\u00f3?<\/p>\n\n\n\n<p>-No, se\u00f1or. Ella estaba antes.<\/p>\n\n\n\n<p>-Usted estaba antes que el otro se\u00f1or de all\u00e1, a m\u00ed no me va a mentir.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfA m\u00ed me dec\u00eds mentirosa, con esa cara de tr\u00e1nsfuga? A ver, \u00bfqu\u00e9 n\u00famero ten\u00e9s?<\/p>\n\n\n\n<p>-El veintis\u00e9is, mire, mire ac\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>-Y bueno, yo tengo el veinticinco.<\/p>\n\n\n\n<p>-El veinticinco viene antes que el veintis\u00e9is. \u2013Informa Irma.<\/p>\n\n\n\n<p>-Exactamente. -Confirma Becerra.<\/p>\n\n\n\n<p>-A m\u00ed lo que me parece es que vos me est\u00e1s queriendo cagar, gordito.<\/p>\n\n\n\n<p>-Gorditos me ten\u00e9s los huevos, pelotudo.<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre de traje y lentes negros hace un bollo con el ticket n\u00famero veintis\u00e9is que tiene en la mano. Becerra empu\u00f1a el clavo met\u00e1lico donde ensarta los turnos, dispuesto a usarlo como una lanza ind\u00edgena. Da un salto sobre el escritorio, mientras el cliente se lleva una mano al interior del saco.<\/p>\n\n\n\n<p>Becerra pega un grito de combate. El cliente cierra los dedos sobre&nbsp; la culata de un calibre 38.<\/p>\n\n\n\n<p>La m\u00fasica electr\u00f3nica sacude, repentina, las paredes del banco.<\/p>\n\n\n\n<p>Becerra y el cliente se hielan. Expectantes. No se miran. La tragedia queda suspendida.<\/p>\n\n\n\n<p>Otra fanfarria musical golpea el ambiente. Y todos saben hacia d\u00f3nde tienen que mirar.<\/p>\n\n\n\n<p>Las botas azules repiquetean sobre el piso de cer\u00e1mica. Se lo escucha llegar, como el cumplimiento de un antiguo presagio injustamente olvidado.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s atl\u00e9tico que nunca. M\u00e1s seguro de s\u00ed mismo que nunca. No por la fuerza de su convicci\u00f3n, sino por el ma\u00f1ana que no va a llegar hasta que nos derrote el tiempo y nos dejemos estar en un colch\u00f3n de aportes jubilatorios. Lleva una despreocupaci\u00f3n casi delictiva. Sonr\u00ede. Sabe algo que ellos conocen hace rato, pero que hab\u00edan olvidado.<\/p>\n\n\n\n<p>-A consumir. -Sacude una botella de Champ\u00e1n. -Que se viene el fin del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>El corcho explota. La gente abre la boca frente a la m\u00e1s religiosa de las revelaciones: El tiempo es hoy. La vida es una sola.<\/p>\n\n\n\n<p>Consuela a la multitud con un abanico de pl\u00e1sticos multicolor en cada mano.<\/p>\n\n\n\n<p>El Chico de las Tarjetas de Cr\u00e9dito quema la pista. Deja todo en la cancha.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color\" style=\"color:#9c0a0a\"><em>El chico de las compraventas<\/em> forma parte del libro <em>El Pulso<\/em>, recientemente editado por <strong>@promesaeditorial.<\/strong> Este cuento fue publicado originalmente en la antolog\u00eda Divino Tesoro-Bienal Arte Joven 2019, editado por <strong>@mardulce_editora<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color\" style=\"color:#9c0a0a\"><strong>El\u00edas Fern\u00e1ndez Casella<\/strong> es lector, trabaja de periodista y escribe para no enloquecer.&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sube las tiras de sus botas rojas con un suspiro. Las yemas de los dedos acarician el muslo. La atm\u00f3sfera bancaria se tensa. Esta es su vida. -Es como una invasi\u00f3n- dice el contador Gonz\u00e1lez. -Es una invasi\u00f3n. -Explica Irma&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":973,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[20],"tags":[],"class_list":["post-969","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-ficcion"],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/trumanmag.com\/wp-content\/uploads\/2022\/05\/chau-dolar.png","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/969","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=969"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/969\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":974,"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/969\/revisions\/974"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/973"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=969"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=969"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=969"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}