{"id":836,"date":"2022-03-17T09:42:26","date_gmt":"2022-03-17T12:42:26","guid":{"rendered":"http:\/\/trumanmag.com\/?p=836"},"modified":"2022-03-17T12:23:00","modified_gmt":"2022-03-17T15:23:00","slug":"el-hombre-de-las-bermudas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/2022\/03\/17\/el-hombre-de-las-bermudas\/","title":{"rendered":"El hombre de las bermudas"},"content":{"rendered":"\n<p>Sucedi\u00f3 en Batlle y Ordo\u00f1ez -aunque todos le decimos Propios- casi Santiago Rivas. Una camioneta antigua de un rojo descolorido ofrec\u00eda frutillas en oferta y despu\u00e9s de un d\u00eda de mucho trabajo me calc\u00e9 las zapatillas (en Uruguay los zapatos se calzan, no se ponen) y me fui a comprar, segura de que ser\u00eda la \u00faltima actividad del d\u00eda. Eran las nueve de la noche cuando regateando el precio del caj\u00f3n de frutillas el vendedor me dijo \u201cest\u00e1 dif\u00edcil la cosa\u201d y yo le respond\u00ed \u201clo bueno es que est\u00e1 dif\u00edcil para todos\u201d, \u201cY si\u2026 t\u00e1 igual pa\u2019todo el mundo, \u00bfno?\u201d. Mientras termin\u00e1bamos el di\u00e1logo nos percatamos de la muchacha agachada muy cerca de nosotros, donde sal\u00eda un auto. Un hombre estaba tirado en la vereda. No estaba claro si se hab\u00eda tropezado, si el auto lo hab\u00eda chocado o si la chica que lo ayudaba era familia. Me acerqu\u00e9 y vi que ten\u00eda la nariz sangrando por el golpe en el suelo y la muchacha me explic\u00f3 que lo vio caerse y que no sab\u00eda si era el coraz\u00f3n o un ACV. El due\u00f1o del auto llam\u00f3 al 911 y la chica de camisa de uniforme celeste, que hab\u00eda cruzado la calle al verlo, se comunic\u00f3 con un amigo de emergencias para pedir orientaci\u00f3n mientras el hombre en el suelo respiraba de una manera rara. Estaba vivo. Me pregunt\u00e9 si lograba ver a la joven que no se mov\u00eda de su lado y si sab\u00eda que ya hab\u00edamos pedido auxilio. Respiraba. Pens\u00e9 en su familia, buscamos sin suerte un celular en sus bolsillos. Vi el cart\u00f3n cuadrado de la pizza que hab\u00eda ca\u00eddo junto con \u00e9l y que estaba caliente. T\u00edpico, en una noche c\u00e1lida de primavera el hombre de bermudas y zapatillas hab\u00eda salido a buscar la pizza para aprovechar el paseo y por seguridad, solo llevaba la billetera y nada m\u00e1s. Lo hemos hecho todos miles de veces. Yo hab\u00eda salido de casa con el dinero de las compras y las llaves, nada m\u00e1s. El hombre respiraba, con dificultad, pero respiraba. En cinco minutos llega la ambulancia, pensamos los pocos que est\u00e1bamos cerca.<\/p>\n\n\n\n<p>Nunca supe si a mi padre, m\u00e9dico, le import\u00f3 que sus hijos no siguieran su profesi\u00f3n. En ese momento mi reacci\u00f3n no fue salvar a nadie, sino recabar los datos necesaria para resolver la situaci\u00f3n. Pens\u00e9 como periodista. No me lanc\u00e9 a hacer RCP porque la muchacha ya estaba recibiendo indicaciones por tel\u00e9fono y no suger\u00ed subirlo a un auto y llevarlo a un hospital porque los protocolos son r\u00edgidos y pocos se arriesgan a que alguien se muera en su veh\u00edculo. Al ver que la parte urgente estaba cubierta hice lo que hacemos en mi oficio. Me concentr\u00e9 en los detalles para buscar informaci\u00f3n. Conoc\u00eda de memoria la pizzer\u00eda de donde ven\u00eda el hombre, la cruzo cada vez que camino hacia Ram\u00f3n Anador. Eran los \u00fanico que pod\u00edan darme informaci\u00f3n, los clientes asiduos suelen estar cadastrados para facilitar la tarea del repartidor. Camin\u00e9 las dos cuadras y le pregunt\u00e9 al due\u00f1o del local si recordaba a un cliente canosos, de bermudas y me dijo que s\u00ed, que sab\u00eda a qui\u00e9n me refer\u00eda, pero que no lo conoc\u00eda, no era asiduo y hab\u00eda pagado en efectivo. Imagin\u00e9 a una esposa preocupada llamando a la pizzer\u00eda para saber por qu\u00e9 su marido no volv\u00eda. Es lo que har\u00edamos en mi familia. Le dije \u201csi alguien llama preguntando, d\u00edgale que el hombre est\u00e1 desmayado en Propios y Santiago Rivas\u201d. Cuando volv\u00ed al lugar la multitud era grande, alguien hac\u00eda RCP y todos insist\u00edan llamando a los servicios de emergencia. Todos guard\u00e1bamos una prudente distancia, todos quer\u00edamos ayudar, nadie mostraba curiosidad, apenas impotencia. Habl\u00e1bamos en voz baja, para no molestar. La gente paraba el auto, se bajaba y sacaba el celular para hacer la llamada de rigor. Hab\u00eda pasado media hora y la ambulancia no llegaba. Preguntamos si hab\u00eda alg\u00fan m\u00e9dico en el complejo de departamentos cerca, no hab\u00eda. Alguien corri\u00f3 al supermercado para pedir ayuda y aparecieron con un desfibrilador port\u00e1til. Los m\u00e1s j\u00f3venes se mov\u00edan implacables tratando de salvarlo y percib\u00ed que los adultos est\u00e1bamos mucho m\u00e1s resignados a la posibilidad de la muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>De vez en cuando el muchacho del desfibrilador le tocaba el hombro, como queriendo comunicarle \u00e1nimo, juro que hab\u00eda ternura en el gesto. Un hombre corpulento que no se despegaba del celular se par\u00f3 en medio de la calle para detener una ambulancia que pasaba. \u201cEstamos haciendo traslados\u201d, dijeron y siguieron de largo. Hab\u00edan pasado cuarenta minutos desde la primera llamada a las 9:10 de la noche. Pens\u00e9 en irme a casa, pero dejarlo en el suelo, a\u00fan rodeado de personas, se sent\u00eda como una traici\u00f3n. Al final hab\u00eda un grupo enorme de personas y todos acompa\u00f1\u00e1bamos unidos por la indignaci\u00f3n. Pas\u00f3 un patrullero y despu\u00e9s de su llamada apareci\u00f3 la ambulancia de emergencias. Lo conectaron a un aparato, leyeron los resultados y a todos se nos cort\u00f3 la respiraci\u00f3n cuando el chofer volvi\u00f3 con una tela azul y cubri\u00f3 el rostro del hombre. Era el resultado obvio, pero la esperanza nunca descansa en la obviedad. Comenzaron los protocolos, la polic\u00eda haciendo preguntas a la muchacha que lo hab\u00eda socorrido al principio, la consulta de si alguien lo identificaba, pero no, nadie lo conoc\u00eda. Supe que demorar\u00edan en llevarse el cuerpo. La resistencia hab\u00eda terminado y ahora empezaba el engorroso camino de la burocracia. En su billetera no hab\u00eda fotos, ni se\u00f1ales de una familia o contactos cercanos. Me pregunt\u00e9 si en su casa no lo estar\u00eda esperando una mascota, \u00bfqui\u00e9n le avisar\u00eda a los vecinos? \u00bftendr\u00eda amigos con quien tomarse un verm\u00fa en alg\u00fan bar? \u00bfc\u00f3mo iban a enterarse? Mientras me alejaba mir\u00e9 por \u00faltima vez al hombre -s\u00ed, hombre, no cuerpo, hab\u00eda mirado su rostro durante mucho tiempo y pod\u00eda recordar sus rasgos- y vi que el chofer de emergencias le acomodaba la tela azul para que cubriera parte de su cabello canoso: pareci\u00f3 casi una caricia, como si no quisiera dejarlo desarreglado en medio de la calle. Me pareci\u00f3 un final de enorme delicadeza y no volv\u00ed a mirar atr\u00e1s. Siempre se puede confiar en alguien que trata con dignidad el cuerpo de un muerto.<\/p>\n\n\n\n<p>Si pudiera pedir un milagro, apenas un milagro navide\u00f1o, no ser\u00eda devolverle la vida. Lejos de m\u00ed determinar cu\u00e1ndo le llega el momento final a alguien. Pero s\u00ed pedir\u00eda que el hombre, del que no s\u00e9 su nombre, pudiera abrir los ojos y ver que sus \u00faltimos minutos estuvieron signados por cierta grandeza: la gente que se turn\u00f3 para hacer RCP durante cuarenta minutos sin parar, la caricia leve del muchacho antes de conectar el desfibrilador, el respeto con que la chica hurg\u00f3 en su bolsillo para buscar alg\u00fan dato -\u201cEs que no quiero andar revis\u00e1ndole la billetera\u201d-, los ojos lloroso de la adolescente que pregunt\u00f3 asombrada \u201c\u00bfy no van a intentar nada m\u00e1s?\u201d cuando emergencias lo tap\u00f3 con una tela, el silencio con el que todos se quedaron cerca, la presencia de quienes ofrecieron una hora de su vida para no dejar solo a alguien que yac\u00eda en el piso. El hecho de que nadie sugiriera tomarle el pulso, porque nadie quer\u00eda una excusa para desistir. Quisiera que el hombre de las bermudas supiera que no muri\u00f3 solo, que una peque\u00f1a comunidad de desconocidos estuvo a su lado, que su muerte no fue indiferente para ninguno de nosotros y que todos los detalles de esa hora final se parecieron mucho, much\u00edsimo, al afecto.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color\" style=\"color:#830404\"><strong>Silvina Catt\u00e1neo<\/strong> naci\u00f3 en Misiones en 1979. Estudi\u00f3 Comunicaci\u00f3n Social en la Universidad Adventista del Plata, en Entre R\u00edos. Despu\u00e9s de diez a\u00f1os trabajando en radio y televisi\u00f3n en Argentina y Brasil se instal\u00f3 en Montevideo, acompasada por la tranquilidad de la ciudad y la rambla a la que todos, por cortes\u00eda, llaman mar. Actualmente trabaja en el Centro Recordatorio del Holocausto de Uruguay y en sus ratos libres escribe sobre historias que la conmueven.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sucedi\u00f3 en Batlle y Ordo\u00f1ez -aunque todos le decimos Propios- casi Santiago Rivas. 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