{"id":799,"date":"2022-02-05T12:08:03","date_gmt":"2022-02-05T15:08:03","guid":{"rendered":"http:\/\/trumanmag.com\/?p=799"},"modified":"2022-02-05T12:09:58","modified_gmt":"2022-02-05T15:09:58","slug":"kanikosen","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/2022\/02\/05\/kanikosen\/","title":{"rendered":"Kanikosen"},"content":{"rendered":"\n<p>-\u2026raros, tan raros\u2026 -coment\u00f3 el piloto Moro.<\/p>\n\n\n\n<p>El hedor atravesaba cada grieta, irrump\u00eda en la timonera del <em>Capit\u00e1n Constante<\/em>, violaba cada nariz, ard\u00eda en las gargantas.<\/p>\n\n\n\n<p>-Dicen que ellas la tienen vertical -retruc\u00f3 el marinero Navarrete.<\/p>\n\n\n\n<p>-Nunca le hagas demasiado caso al pito -salt\u00f3 Kotcheff.<\/p>\n\n\n\n<p>Gonzaga, sentado junto al claravisi\u00f3n, se dio vuelta. Bast\u00f3 que mirase unos segundos, sin palabras, al jefe de radio. Y sin palabras volvi\u00f3 a la posici\u00f3n anterior: de cara al mar.<\/p>\n\n\n\n<p>Navarrete afirm\u00f3 las manos en la rueda de cabillas, mir\u00f3 hacia abajo el repetidor del girocomp\u00e1s, mir\u00f3 un momento hacia arriba como si estuviera especialmente atento a la lectura del axi\u00f3metro, clav\u00f3 luego la vista a proa dispuesto a sortear el pr\u00f3ximo obst\u00e1culo flotante.<\/p>\n\n\n\n<p>Nadie esbozaba un amago, siquiera, de sonrisa.<\/p>\n\n\n\n<p>Una larga lengua los envolv\u00eda: una lengua en la que ninguna madre cantaba a ning\u00fan hijo, ninguna amante celebraba cuerpos entrelazados, ninguna sabia enhebraba profec\u00edas: una lengua toda hecha de naufragios antiguos: cementerio de gritos: eco infinito de \u00f3rdenes, de pedidos desesperados, de blasfemias.<\/p>\n\n\n\n<p>Se abri\u00f3 una puerta Ta ta ta ta thalassa mot ttt tttt or di\u00e9sel t ata thalass Su su su lzer 6RND76M; t ata ta thalasSA; 6 Cilindros (760 x 1.550). A. F. N. E ta ta ta tat.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00a1Cierre! -gritaron Kotcheff, Moro y Navarrete. Y por supuesto, Gonzaga. Todos a una.<\/p>\n\n\n\n<p>El cabo de mar Roel volvi\u00f3 a cerrar y se fue, vaya a saber qu\u00e9 buscaba. Una r\u00e1faga compacta de hedor lleg\u00f3 a meterse en la timonera y se peg\u00f3 a las narices, a los labios, se peg\u00f3 a las palabras como una firma vergonzante.<\/p>\n\n\n\n<p>-Un poco m\u00e1s a estribor -mand\u00f3 Gonzaga sin mandar casi.<\/p>\n\n\n\n<p>-A estribor -repiti\u00f3 Navarrete con un desgano parecido, como si tratara de emular ese tono inusual en su capit\u00e1n, como si resultara imposible, de otra manera, cumplir esa orden.<\/p>\n\n\n\n<p>Gir\u00f3 un poco, suave, muy suavemente, la rueda. El petrolero se fue deslizando con docilidad hasta dejar a popa otro inmenso cad\u00e1ver de ballena minke, y suave, muy suavemente, fue volviendo a girar la rueda a la otra banda, y fue volviendo a rumbo el petrolero de casi dos cuadras de largo, con tanta docilidad como si se tratara de un bote jugando por alg\u00fan lago, al final de una tarde, un domingo cualquiera. Decenas de minke muertas se divisaban a proa. Infladas artificialmente para que el Atl\u00e1ntico Sur no se las robara a quienes las hab\u00edan matado. La agitaci\u00f3n que hab\u00eda dejado el temporal -cuatro d\u00edas de viento del SW cargado con agua nieve, nunca por debajo del 8 en la escala de Beaufort- las hac\u00eda bailar una danza de la muerte jam\u00e1s imaginada por aquellos pintores medievales que se deleitaban con cada variante de la escatolog\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Al filo del alcance de radar, como fantasmas de luz, se divisaban los barcos de la peque\u00f1a flota ballenera. Ecos de un verde parpadeante, profusiones saltarinas que s\u00f3lo el ojo m\u00e1s experimentado lograba, apenas, y no sin margen de error, discernir de otros ecos producidos por las grandes olas redondeadas y confusas del mar de fondo que los bamboleaba.<\/p>\n\n\n\n<p>-Son capaces -sigui\u00f3 Moro como si alguien hubiera demostrado inter\u00e9s en su perorata- de acomodarse la ropa despu\u00e9s de una batalla, limpiarse las salpicaduras de sangre, alistar sus tintes, sus pinceles, su aceite, y con la mayor delicadeza, dibujar, sobre una tela tan leve que el menor descuido rasgar\u00eda, un haiku. Un poema de tres l\u00edneas, s\u00f3lo tres l\u00edneas -explic\u00f3-, alusivo a un bosque ardiendo en ocres, a un arroyo que vuelve a hablar despu\u00e9s de meses, a una cumbre nevada, a unas nubes en fuga.<\/p>\n\n\n\n<p>Los banderines que hab\u00eda al tope de la pica hendida en la carne putrefacta de cada minke se estremecieron con una r\u00e1faga. Las figuras estampadas sobre ellos se retorcieron como serpientes azules.<\/p>\n\n\n\n<p>-Me gustar\u00eda saber leer eso. Podr\u00edan ser haikus -fantase\u00f3 Moro.<\/p>\n\n\n\n<p>-Me cago en ellos -coron\u00f3 Kotcheff, que permanec\u00eda ah\u00ed porque el cuarto de radio, tan escueto, resultaba asfixiante.<\/p>\n\n\n\n<p>-Bueno\u2026 Los gallegos no son mucho mejores -punte\u00f3 Navarrete-. A veces -hizo un gesto de asco, de contrariedad, de odio-, las pocas veces que sopla viento del este, se meten al golfo sus descartes y pueden llegar hasta la puerta de cada casa. Entonces tenemos que palear cientos de miles de polacas, de granaderos, cientos de toneladas de peces ya irreconocibles, armar pilas, echarles kerosene, prenderles fuego\u2026 -empez\u00f3 a girar la rueda para esquivar otra minke sin que nadie se lo ordenara, porque Gonzaga, contra su costumbre cuando estaba en la timonera, hab\u00eda ido cayendo en la prescindencia.<\/p>\n\n\n\n<p>-Me cago en ellos tambi\u00e9n -elev\u00f3 su apuesta Kotcheff.<\/p>\n\n\n\n<p>-Los kamikaze, antes de impactar contra alg\u00fan portaviones yanqui, escrib\u00edan su despedida en forma de haiku -agreg\u00f3 Moro-. Y eran buenos, eh, muy buenos.<\/p>\n\n\n\n<p>-Terribles pelotudos -descalific\u00f3 el jefe de radio-, morir as\u00ed. \u00a1Por el Emperador! -imit\u00f3 con la boca el sonido fragoso de un pedo.<\/p>\n\n\n\n<p>-Por ah\u00ed el Emperador era una excusa -tante\u00f3 Navarrete.<\/p>\n\n\n\n<p>Nadie hizo caso.<\/p>\n\n\n\n<p>Navarrete mir\u00f3 hacia Gonzaga. Lo mir\u00f3 como si le pidiera permiso para algo con los ojos. Gonzaga miraba hacia proa. M\u00e1s all\u00e1 de las olas altas y redondeadas y verdes miraba. M\u00e1s all\u00e1 de las minke arponeadas y abandonadas hac\u00eda d\u00edas en medio de un temporal sorpresivo, arriba y abajo y arriba y abajo por esas olas, las minke, las minke, las minke. M\u00e1s all\u00e1 de las nubes en retirada sobre esas olas, m\u00e1s all\u00e1, quiz\u00e1s, del horizonte recortado por esas olas. M\u00e1s all\u00e1 de lo mirado, m\u00e1s all\u00e1 de la mirada.<\/p>\n\n\n\n<p>Moro, nominalmente a cargo de ese cuarto de guardia, tampoco atend\u00eda demasiado la navegaci\u00f3n, zigzagueante como el rastro de un insecto herido.<\/p>\n\n\n\n<p>Si existiese, para un cielo despu\u00e9s de la tormenta, la expresi\u00f3n cielo de fondo, as\u00ed como existe la expresi\u00f3n mar de fondo, el cielo que revoloteaba por encima de ellos ser\u00eda el perfecto ejemplo. Un cielo cuya voracidad impon\u00eda cierta lentitud exasperada a las acciones, un cielo que cargaba de electricidad las voces. Una extensi\u00f3n de luz parpadeante donde los colores no conoc\u00edan frontera ni las formas sosiego. No un cielo fijo como un mapa, no un cielo vacilante como la realidad, un cielo firme y decidido, en su locura s\u00f3lo aparente, como un lenguaje secreto.<\/p>\n\n\n\n<p>Tan ajeno a ese cielo como al agua o a la tierra, pregunt\u00f3 Moro:<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfSaben c\u00f3mo era la instrucci\u00f3n de los kamikaze?<\/p>\n\n\n\n<p>Kotcheff hizo con la mano un gesto de rechazo como si apartara un moscard\u00f3n pertinaz.<\/p>\n\n\n\n<p>Gonzaga segu\u00eda impert\u00e9rrito. En su cara, el mar era un silencio.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfC\u00f3mo? -dio pie Navarrete con los ojos negros brillando, si no de curiosidad, de alg\u00fan entusiasmo parecido a la curiosidad, aunque, tambi\u00e9n, quebrado por un amago de burla.<\/p>\n\n\n\n<p>-Los hac\u00edan esquivar globos cautivos cada vez m\u00e1s cercanos entre s\u00ed, cada vez a mayor velocidad. Y al final de la instrucci\u00f3n, ya directamente los obligaban a volar entre fuego antia\u00e9reo. No hab\u00eda nadie que pudiera volar como ellos. En cambio, no se preocupaban demasiado porque aprendieran a aterrizar de manera decente\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Navarrete mir\u00f3 a Kotcheff, mir\u00f3 a Gonzaga, hizo girar la rueda, otra minke fue quedando atr\u00e1s, volvi\u00f3 a rumbo. Durante el tiempo que llev\u00f3 la maniobra, nadie pronunci\u00f3 palabra.<\/p>\n\n\n\n<p>-Y les ped\u00edan -complet\u00f3 Moro tras constatar de un vistazo algo de espacio libre a proa- un \u00faltimo esfuerzo: que impactaran contra su objetivo con los ojos bien abiertos. Sus instructores les aseguraban a los pilotos que, si manten\u00edan la mirada hasta el final, hasta explotar, ver\u00edan el rostro sonriente de su madre.<\/p>\n\n\n\n<p>Kotcheff entorn\u00f3 los ojos, carraspe\u00f3, gir\u00f3 varias veces la cabeza a un lado y al otro.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00a1En serio! A m\u00ed me lo cont\u00f3 un vecino\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfVecino?\u2026 -empez\u00f3 a re\u00edrse Kotcheff como un motor que remolonea al arrancar.<\/p>\n\n\n\n<p>Moro alz\u00f3 la voz y baj\u00f3 el tono:<\/p>\n\n\n\n<p>-Hay un kamikaze que vive.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora amag\u00f3 re\u00edrse Navarrete. Pronto lo soseg\u00f3 la paradoja.<\/p>\n\n\n\n<p>Moro continu\u00f3 implacable:<\/p>\n\n\n\n<p>-Los hijos de japon\u00e9s, por m\u00e1s que hubieran nacido en la Argentina, se presentaban como voluntarios para defender al Imperio del Sol Naciente. A muchos la embajada los embarc\u00f3 para all\u00e1, pero no tantos llegaron. La mayor\u00eda fue interceptada por patrullas enemigas que los internaron en campos de prisioneros hasta un par de a\u00f1os despu\u00e9s de terminada la guerra. Mi vecino, que para m\u00e1s se\u00f1as, pueden buscarlo en la gu\u00eda, se llama Juan Manuel Kikuchi, fue uno de los que lograron su objetivo. El viaje hasta all\u00e1, m\u00e1s de una vez lo ha contado, porque los viejos se olvidan de lo que contaron y se repiten, lo ha contado con ese acento que no es ni japon\u00e9s ni criollo, cuando en el barrio se juntan a matear en la vereda, ya fue una haza\u00f1a. Tengan en cuenta que lo hizo poco antes del desembarco yanqui en las islas del Pac\u00edfico. All\u00e1 recibi\u00f3 instrucci\u00f3n. De puro ojete no entr\u00f3 en la \u00faltima oleada kamikaze. Cuando todo termin\u00f3, don Juan Manuel logr\u00f3 escapar. Viaj\u00f3 en avi\u00f3n de transporte de tropas, en tren, a pie, en junco, en lancha torpedera, en submarino, en yak, en trineo, en carromato, en camello, en tanque de guerra, a caballo, en mula, en cami\u00f3n, y, por \u00faltimo, escondido por el capit\u00e1n del <em>Gaucho, <\/em>cruz\u00f3 el Atl\u00e1ntico. Una madrugada neblinosa del oto\u00f1o de 1947, desembarc\u00f3 clandestinamente en Puerto Nuevo\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>-Uhhhhh -fue cuanto dijo Navarrete.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta vez Kotcheff, que no dijo nada, le hizo coro con sus ojos claros, rabiosos, como de vidrio molido.<\/p>\n\n\n\n<p>-Y despu\u00e9s de atravesar continentes, climas, idiomas\u2026 a que no saben lo que le pas\u00f3 ac\u00e1\u2026 -los tent\u00f3 Moro.<\/p>\n\n\n\n<p>Kotcheff volvi\u00f3 al desd\u00e9n, un desd\u00e9n tal vez demasiado elocuente para ser del todo cierto, Gonzaga segu\u00eda apartado, y ni falta hizo que Navarrete demostrara su inter\u00e9s para que Moro continuara:<\/p>\n\n\n\n<p>-El pobre se comi\u00f3 dos a\u00f1os de c\u00e1rcel por desertor al servicio militar obligatorio. Dos a\u00f1os debi\u00f3 arreglarle el jard\u00edn al coronel que dirig\u00eda el presidio militar de Bat\u00e1n. Dos a\u00f1os entre buganvilias, azaleas, margaritas, jazmines. Y, ya que estaba, le brind\u00f3 otros servicios a la pundonorosa mujer del coronel.<\/p>\n\n\n\n<p>La risa de Navarrete arrastr\u00f3 a Kotcheff. Moro sonre\u00eda como un personaje secundario de historieta. Pero sin dudas su sonrisa significaba algo distinto a la sonrisa de los otros. Y con ese gesto indiscernible llenando su voz, en medio todav\u00eda de la jarana, retom\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>-Aquellos tipos, capaces de algo que nadie m\u00e1s hizo en ninguna guerra, escrib\u00edan su despedida y\u2026 -dijo Moro, respir\u00f3 Moro, hondo, y concluy\u00f3: -\u00a1lo bien que escrib\u00edan! -y se fue desinflando, cada vez m\u00e1s lento, m\u00e1s lejano, m\u00e1s susurro-. Supongo que era porque escrib\u00edan siempre\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>-Mir\u00e1 vos -lo cort\u00f3 Navarrete.<\/p>\n\n\n\n<p>Gonzaga segu\u00eda absorto.<\/p>\n\n\n\n<p>En sus brazos carga un cordero que tiembla. Se acerca. T\u00edo. Animal solo. Se le muri\u00f3 la madre. Cordero que carga. \u00bfQui\u00e9n mejor que vos para? Cordero. Vas a darle todos los d\u00edas leche hasta que, ni un solo d\u00eda te olvides, si te lleg\u00e1s a\u2026 Tiembla. Y cuando crezca vas a empezar a darle alimento s\u00f3lido. Cordero. Vas a dormir con \u00e9l para. Si te lleg\u00e1s. Que tiembla. Vas a ver. \u00bfQui\u00e9n mejor que? Lo que te pasa. Cordero.<\/p>\n\n\n\n<p>-El almirante Onishi -insist\u00eda Moro, desatado-, el jefe supremo de todas las flotillas kamikaze, una vez firmada la rendici\u00f3n por el Emperador, se suicid\u00f3 con su sable de ceremonia. Doce horas agoniz\u00f3. No quiso aceptar asistencia de nadie. Ni para vivir ni para morir. Dej\u00f3 escrito un haiku -hizo una pausa propiciatoria-, un haiku terrible.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfY qu\u00e9 dec\u00eda? -se pleg\u00f3 enseguida Navarrete ante la censura silenciosa de Kotcheff.<\/p>\n\n\n\n<p>Se acerca el t\u00edo con el cordero que alimentaste con leche con sangre con llanto con tierra arrastrado por los vellones el cordero que durmi\u00f3 con vos cada noche, se te va a pasar esa puta costumbre de llorar cada vez, t\u00edo no, cordero que tiembla lo arrastra de los rulos me arrastra que carneamos hacia el corral cada vez me arrastra dormimos hacia el cordero juntos me arrastra con el cordero, saca el fac\u00f3n, tajea.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Ha refrescado<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>y estoy como la luna<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>tras la tormenta<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Si bien ostentando algo de engolamiento, el piloto Moro ha recitado con emoci\u00f3n el \u00faltimo haiku del Almirante.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero nadie dijo nada.<\/p>\n\n\n\n<p>En las manos, en la cara, en los brazos. Salpica. Que cordero que t\u00edo que tajo que pozo, que cu\u00e1ntas paladas que tiempo que escapo. Y tierra. Que tiembla.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfVieron?&nbsp; -se entusiasm\u00f3 el piloto Moro-, \u00bfse dan cuenta por qu\u00e9 escrib\u00edan siempre tan bien?<\/p>\n\n\n\n<p>Strach, strach, strach cardos piernas campo llamas los pies, entre los dientes pulmones, sangre traviesa piernas campo sangre cordero, propia del pozo y ahora para enterrarlo mocoso de mierda, no t\u00edo, llorabas gritabas moqueabas hacer el pozo corriste traviesa, tren, mocoso colgado, colgado, cu\u00e1nto colgado, colgado clan clan clan, clannnnnnnnnnnnnnnnchhhhh, que, que, queq, en chapa, v\u00eda, salto, puerto, corro, busco. Refugio entre restos de barcos en desguace cu\u00e1ntos d\u00edas, trigo en los muelles ca\u00eddo disputado con palomas gaviotas ratas agua de charco cu\u00e1ntos d\u00edas, calor, fr\u00edo, d\u00eda, noche hasta que \u00a1Juancito! La cara de Leopoldo, pe\u00f3n del t\u00edo: te est\u00e1n buscando hace, la cara que se asoma, Juancito. Lo abraza Leopoldo y. Vuelta. Chata. Chat chat chat. El t\u00edo que te obliga. No t\u00edo. No sangre. No tierra. Al campo. Apenas vuelto. Devuelto. Leopoldo gaucho jud\u00edo: el t\u00edo lo echa por, y la gauchada por, y sobre todo pe\u00f3n por. Echa tierra en la cara tierra en las piernas tierra no t\u00edo no en las manos, tierra del pozo para que aprendas, metelo adentro guacho, tapalo ahora, tapalo te digo hijunagranputa. Por. Echale tierra sangre traviesa despu\u00e9s a cada semana lo obligara a se escap\u00f3 desenterrarlo campo tren para ver que hab\u00eda en su lugar, despu\u00e9s de que, a la s\u00e9ptima semana, el t\u00edo le dijo jo jo jo jo con olor a grappa, le dijo que, le dijo todos, risa, eso que hab\u00eda, risa, como ah\u00ed, c\u00f3mo, en el pozo, eso, con, terminamos, risa, dijo, todos, as\u00ed pozo, hombres, corderos, mujeres, pumas, zorros. Para siempre jam\u00e1s. Por.<\/p>\n\n\n\n<p>En el puente de mando se hab\u00edan quedado un momento mirando, muy de soslayo, claro, a su capit\u00e1n. Nunca as\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Kotcheff volvi\u00f3 a la carga tras el cruce entre dos ballenas que trataban, muertas bien muertas, de vengarse con el <em>Capit\u00e1n Constante <\/em>que nada ten\u00eda que ver, \u00bfo s\u00ed?:<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfPodremos saber sobre qu\u00e9 mierda escrib\u00edan \u00e9sos?<\/p>\n\n\n\n<p>Moro, sin prisa, acomod\u00f3 su cuerpo de una robustez contenida por horas de gimnasio cuando estaba en tierra, se acomod\u00f3 disponi\u00e9ndose a contestar. Una vez encontrada la posici\u00f3n, la ancha espalda contra un mamparo, las piernas abiertas a la altura de los hombros, la testuz un tanto agachada, como para embestir, respir\u00f3 profunda, pausadamente. Mir\u00f3 hacia el mar, lo recorri\u00f3 con los ojos, se detuvo en alg\u00fan detalle invisible para los dem\u00e1s, dej\u00f3 la mirada entre las olas. Y como ciego. Y como si no contestara, contest\u00f3. Quiz\u00e1s como quien habla sue\u00f1o adentro. En voz baja, sin \u00e9nfasis:<\/p>\n\n\n\n<p>-Siempre de lo mismo escrib\u00edan.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color\" style=\"color:#7b0202\"><strong>Juan Bautista Duizeide<\/strong>&nbsp;naci\u00f3 en Mar del Plata en 1964, vive en una isla de Tigre. Como piloto de la marina mercante, naveg\u00f3 en buques de ultramar por el Atl\u00e1ntico, el Pac\u00edfico, el Mar del Norte y el B\u00e1ltico. Posteriormente se dedic\u00f3 al periodismo cultural. Public\u00f3 notas sobre literatura y m\u00fasica en las revistas&nbsp;<em>Siwa, Carapachay, El r\u00edo sin orillas, Sudestada, La Pulseada<\/em>&nbsp;y&nbsp;<em>Humo.<\/em>&nbsp;Colabor\u00f3 asimismo con notas, cr\u00f3nicas y cuentos en los diarios&nbsp;<em>P\u00e1gina\/12, Clar\u00edn<\/em>&nbsp;y&nbsp;<em>La Naci\u00f3n.<\/em>&nbsp;Fue editor de&nbsp;<em>Puentes,<\/em>&nbsp;revista especializada en historia reciente y derechos humanos. Obras publicadas:&nbsp;<em>Kanaka, Lejos del mar, La canci\u00f3n del naufragio<\/em>&nbsp;(novelas);&nbsp;<em>Contra la corriente<\/em>&nbsp;(cuentos);&nbsp;<em>Alrededor de Haroldo Conti, Desierto y Naci\u00f3n I<\/em>&nbsp;(ensayos), entre otras. Realiz\u00f3 la antolog\u00eda&nbsp;<em>Cuentos de navegantes,<\/em>&nbsp;para la cual tradujo cuentos de Robert Louis Stevenson, Guy de Maupassant, Stephen Crane y Anatole France.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>-\u2026raros, tan raros\u2026 -coment\u00f3 el piloto Moro. 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