{"id":768,"date":"2022-01-05T09:03:57","date_gmt":"2022-01-05T12:03:57","guid":{"rendered":"http:\/\/trumanmag.com\/?p=768"},"modified":"2022-01-05T09:03:57","modified_gmt":"2022-01-05T12:03:57","slug":"cosas-que-flotan-en-el-cielo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/2022\/01\/05\/cosas-que-flotan-en-el-cielo\/","title":{"rendered":"Cosas que flotan en el cielo"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>1<\/strong>\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p>Es un 24 de diciembre a la tarde y somos quince chicos en San Antonio de Areco. Hermanos, primos, hijos de amigos de mis pap\u00e1s. El m\u00e1s chico soy yo, con siete a\u00f1os. El mayor es mi primo Mati, que en ese momento me daba miedo. Ese a\u00f1o lo hab\u00edan expulsado del colegio por hacer explotar un inodoro, y esa tarde en la mesa familiar hab\u00eda dicho que no pensaba terminar el colegio. Cuando escuch\u00e9 esa afirmaci\u00f3n, me pareci\u00f3 lo m\u00e1s parecido al caos y al apocalipsis que hab\u00eda escuchado en mi vida. Somos un grupo ruidoso, brusco, que se mueve en masa. Ahora estamos en un bald\u00edo que est\u00e1 a dos cuadras de las caba\u00f1as que nuestra familia alquila para pasar las Fiestas. Ya se est\u00e1 haciendo de noche. Hace mucho calor y hay unas nubes que, lentamente, van ocupando el cielo. Recuerdo una palmera muy alta, con las hojas en lo alto movi\u00e9ndose y, de fondo, una nube cargada que se ilumina por un rayo. Mi primo Mati dice que seguro se va a largar a llover y que por eso fue a buscar todos los cohetes para tirarlos ahora. Es una bolsa grande de Carrefour, llena de ca\u00f1itas voladoras, chasquibunes, rompeportones. Un tesoro. Todos se agolpan alrededor de la bolsa y sacan la pirotecnia. El bald\u00edo se empieza a iluminar y a llenar de ruidos. Los gritos son cada vez m\u00e1s fuertes. Veo que en las ventanas empiezan a aparecer las caras de los vecinos. Yo me alejo del grupo, soy t\u00edmido y no me gustan los cohetes. Miro hacia un costado y veo un gato. Es un gato negro, muy peludo. No lo hab\u00eda visto nunca. Mi primo Mati me mira y ve que estoy mirando al gato. Deja la ca\u00f1ita voladora que estaba sacando de la bolsa y, con mucho cuidado, camina hacia \u00e9l. El gato no se inmuta cuando Mati lo levanta, de hecho empieza a ronronear y a frotarse contra su brazo. El resto est\u00e1 en la suya, nadie le presta atenci\u00f3n. Mi primo me mira con una sonrisa diab\u00f3lica: est\u00e1 haciendo una performance solo para m\u00ed: una mezcla de bullying y ense\u00f1anza para la vida. Agarra el gato con las dos manos, toma envi\u00f3n y lo tira para arriba con todas sus fuerzas. No alcanzo a escuchar si el gato hace alg\u00fan ruido por los cohetes. Veo que el gato asciende con las patas hacia arriba. Mi primo Mati y yo miramos fascinados como el gato sube unos siete u ocho metros. Y ah\u00ed ocurre el milagro: en lugar de comenzar a bajar, como cualquier cuerpo en ca\u00edda libre, el gato negro contin\u00faa subiendo. Como si alguien, en alg\u00fan lugar, hubiera apagado la gravedad por unos instantes. Mati y yo nos miramos, sin poder creer lo que estamos viendo. El gato negro sigue subiendo y ya no distingo las patas del resto del cuerpo, que se empieza a convertir en un punto negro, un punto negro ya est\u00e1 tan alto como los edificios de San Antonio de Areco y que se hace cada vez m\u00e1s y m\u00e1s chiquito, hasta que se pierde entre las nubes cargadas de lluvia. Miro alrededor nuestro a ver si alguien m\u00e1s lo vi\u00f3, pero todos est\u00e1n ocupados con la pirotecnia. En ese momento llegan los padres y se suspende el festival de cohetes. Mi primo Mati y yo no volvemos a hablar de eso, queda como un milagro privado, un secreto que nos une. Algunos meses despu\u00e9s me entero de que mi primo Mati volvi\u00f3 al colegio y que lo termin\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><strong>2<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La atm\u00f3sfera de la Tierra es como un gran volquete lleno de escombros de los que nadie se quiere hacer cargo. De hecho, hay una oficina encargada de contabilizar cada uno de esos escombros. Se llama Space Debris Office y cada a\u00f1o publica un informe en el que enumera los objetos artificiales difuntos en el espacio. Son basura espacial, restos de objetos que ya no se utilizan, desechos que gravitan a 800 kil\u00f3metros por encima de nuestras cabezas. Es una especie de cat\u00e1logo de ferreter\u00eda: incluye cosas como sat\u00e9lites abandonados, pedazos de cohetes, l\u00edquidos solidificados por el fr\u00edo, part\u00edculas no quemadas de motores de cohetes. En total, hay m\u00e1s de 9700 toneladas de basura espacial. En su lista, la Space Debris Office contabiliza m\u00e1s de 3000 sat\u00e9lites muertos, pedazos de metal ya in\u00fatil que orbitan la tierra como cad\u00e1veres sin enterrar. Uno de ellos, el SL-8 R\/B, tiene el honor de ser el primer desecho humano en la \u00f3rbita terrestre. Es una pieza de metal de casi un metro que formaba parte del fuselaje del Sputnik 1, el primer sat\u00e9lite hecho por los humanos y lanzado en octubre de 1957. El problema es que toda esta basura empieza a ser peligrosa. En marzo de 2021, un sat\u00e9lite militar chino tuvo que ser bajado de \u00f3rbita por un fallo no identificado. Una vez que estuvo en Tierra, la raz\u00f3n fue obvia: el sat\u00e9lite ten\u00eda 37 pedazos de metal clavados. Una investigaci\u00f3n posterior determin\u00f3 que esos pedazos de metal eran del cohete ruso Zenit-2, lanzado en 1996. En una charla TED, Jake Abbott, profesor de Ingenier\u00eda Mec\u00e1nica de la Universidad de Utah, sostiene que, dentro de diez o quince a\u00f1os, la basura espacial podr\u00eda formar anillos como los de Saturno alrededor de la Tierra.<\/p>\n\n\n\n<p>Se propusieron algunas soluciones: desde Rusia dise\u00f1aron un cementerio de basura espacial, una empresa de Inglaterra desarroll\u00f3 una especie de cami\u00f3n de basura magn\u00e9tico, Tesla tiene un equipo espec\u00edfico con especialistas en desechos espaciales. Pero por ahora no existen soluciones concretas, ongoing, porque, en definitiva, es una problem\u00e1tica abstracta, alejada de la realidad cotidiana. Sabemos que hay restos de cohetes flotando por la atm\u00f3sfera, \u00bfy qu\u00e9? Podemos vivir con eso. La basura que no vemos es basura que no existe.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><strong>3<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En la noche de Navidad de 1991, Sergei Krikalev llevaba ya siete meses orbitando alrededor de la Tierra. Krikalev era un t\u00e9cnico sovi\u00e9tico, que en mayo de ese a\u00f1o hab\u00eda recibido la orden de reparar y actualizar la estaci\u00f3n MIR. Era la tercera vez que viajaba al espacio. Para diciembre, su trabajo ya estaba hecho, y Krikalev espera la autorizaci\u00f3n para volver a su casa. Esa misma noche, el presidente de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica y Secretario General del Partido Comunista, Mijail Gorbachov, comunica al pueblo su renuncia. Al d\u00eda siguiente, la C\u00e1mara Alta del Soviet Supremo vota formalmente que a partir de la medianoche del 31 de diciembre de 1991, la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica dejar\u00eda oficialmente de existir. Mientras todo eso ocurre, Krikalev vuela a oscuras, 400 kil\u00f3metros sobre la superficie terrestre. Los encargados de comunicarse con Krikalev deciden que no deben contarle sobre lo sucedido. Una mala noticia as\u00ed, piensan, podr\u00eda afectar el \u00e1nimo de Krikalev. Adem\u00e1s, no ten\u00edan idea de cu\u00e1ndo podr\u00eda volver: todav\u00eda no se hab\u00eda formado el gobierno de Rusia, as\u00ed que calcular los tiempos era muy dif\u00edcil. Por eso, las siguientes semanas, Krikalev recibe todos los d\u00edas el mismo mensaje:<em> todo va bien<\/em>. Al principio lo toma con naturalidad, conoce de cerca los tiempos de la burocracia sovi\u00e9tica. Pero a medida que pasan los d\u00edas se empieza a preocupar. Como el astronauta experimentado que es, sabe que existe un riesgo potencial en estar demasiado tiempo en el espacio. Aunque la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica lo niegue, Krikalev lo siente en el cuerpo: tiene un dolor agudo en las articulaciones de las manos, y siente un cansancio permanente, que por momentos lo paraliza.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Para conseguir alguna respuesta, Krikalev utiliza la radio de la estaci\u00f3n espacial y se comunica con radioaficionados. Uno de ellos le cuenta sobre la ca\u00edda de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica.\u00a0Krikalev se desespera y le pide explicaciones a sus interlocutores. Incapaces de mentirle, desde Rusia le confiesan la verdad, y lo ponen al tanto de la situaci\u00f3n: el nuevo gobierno no quiere abandonar la estaci\u00f3n MIR, pero tampoco tiene dinero para conseguir alguien que lo reemplace. Krikalev tiene que decidir: puede desobedecer la orden del gobierno ruso y volver a la Tierra, o esperar a que le encuentren un reemplazo. Se toma algunas horas para pensarlo. Krikalev es hu\u00e9rfano y no tiene familia. El \u00fanico que lo espera en casa es su gato Zinov. Se comunica con Rusia y avisa que se quedar\u00e1 cuidando la estaci\u00f3n MIR. Los siguientes dos meses pasan lentamente, como si el tiempo estuviera afectado por la ingravidez. El dolor de las manos se extiende a las piernas, y para enfrentarlo, Krikalev se imagina que flota en l\u00edquido amni\u00f3tico, y que, lentamente, su cuerpo est\u00e1 dejando de ser algo s\u00f3lido. Un d\u00eda, en la cabina de mando mirando la Tierra, le parece ver el hocico y la cola negra de Zinov, flotando en el espacio fr\u00edo y silencioso, entre galaxias que brillan a millones de a\u00f1os de distancia. Krikalev se toca la cara y se da cuenta de que est\u00e1 llorando.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color\" style=\"color:#a30003\"><strong>Juan Ignacio Sapia<\/strong>\u00a0naci\u00f3 en Lomas de Zamora pero vive en Barcelona. Escribi\u00f3 muchas cosas diferentes: discursos pol\u00edticos, informes de marketing, botones de aplicaci\u00f3n, rese\u00f1as de pel\u00edculas y monopatines el\u00e9ctricos, un libro de cuentos. De vez en cuando, escribe perfiles de celebridades random en su\u00a0<a rel=\"noreferrer noopener\" href=\"https:\/\/juanignaciosapia.medium.com\/\" target=\"_blank\">Medium<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1\u00a0 Es un 24 de diciembre a la tarde y somos quince chicos en San Antonio de Areco. Hermanos, primos, hijos de amigos de mis pap\u00e1s. El m\u00e1s chico soy yo, con siete a\u00f1os. 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