{"id":754,"date":"2021-08-27T19:46:00","date_gmt":"2021-08-27T22:46:00","guid":{"rendered":"https:\/\/trumanmag.com\/?p=754"},"modified":"2021-12-27T20:20:29","modified_gmt":"2021-12-27T23:20:29","slug":"prueba","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/2021\/08\/27\/prueba\/","title":{"rendered":"Viaje al interior del folclore argentino"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Baile, alcohol y desborde: eso hay todos los a\u00f1os en La Banda, donde se festeja el cumplea\u00f1os de \u201cla abuela Carabajal\u201d, un \u00edcono regional en cuyo nombre se monta uno de los mayores \u2013y menos conocidos- festejos de m\u00fasica criolla del pa\u00eds. Cr\u00f3nica de la celebraci\u00f3n folkl\u00f3rica m\u00e1s extrema de la Argentina.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El dato del cumplea\u00f1os de Mar\u00eda Luisa Paz, la abuela de la familia Carabajal, lleg\u00f3 a mis o\u00eddos un viernes de julio, durante una reuni\u00f3n de amigos. Alguien coment\u00f3 que se trataba de una fiesta ignota en Santiago del Estero, y que la celebraci\u00f3n \u2013que rescataba la ra\u00edz m\u00e1s lit\u00fargica del folclore argentino- reun\u00eda a miles de personas dispuestas a entregarse a una fiesta ritual que duraba varios d\u00edas, donde no se dejaba de bailar ni de beber. Enseguida me puse en contacto con Pancho, un cerrajero treinta\u00f1ero y de canas prematuras, vecino del barrio de Flores, Buenos Aires, que desde hace unos a\u00f1os alquila colectivos y arma viajes \u2013en los que transporta un contingente de m\u00e1s de 200 personas- rumbo a uno de los barrios m\u00e1s pobres de la ciudad santiague\u00f1a de La Banda, lugar donde se levantan los festejos que homenajean a la abuela.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Sale 710 pesos, incluye el viaje de ida y de vuelta, y la coca, el fernet y el hielo \u2014dijo Pancho la primera vez que lo vi afuera de su cerrajer\u00eda\u2014. Por lo otro no te preocupes, lo vemos all\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>Para Pancho, \u201call\u00e1\u201d era el norte. Para llegar hubo que viajar catorce horas en un micro que sufri\u00f3 la noche entre vientos secos y un cielo colmado de estrellas. El destino fue La Banda, un sitio que entre el 16 y 19 de agosto, muta. Un c\u00famulo de calles polvorientas donde el exceso y la pasi\u00f3n por la chacarera copan un barrio postergado para convertirlo en el epicentro de una fiesta de culto que congrega a una multitud aficionada a la algarab\u00eda y el alcohol,&nbsp; y devota de una persona que \u2013lo s\u00e9 ahora- ni siquiera est\u00e1 viva: la abuela Carabajal muri\u00f3 hace m\u00e1s de veinte a\u00f1os y desde entonces est\u00e1 colocada en un pedestal casi religioso que la consolida como la Madre de la chacarera.<\/p>\n\n\n\n<p>La g\u00e9nesis de la celebraci\u00f3n tiene su origen en el a\u00f1o 1991, cuando cientos de personas de todo el pa\u00eds se juntaron en el patio de la los Carajabal para festejar el cumplea\u00f1os 92 de do\u00f1a Mar\u00eda Luisa Paz. La fiesta surgi\u00f3 espont\u00e1neamente: los convocados \u2013m\u00fasicos y amantes del folclore- llegaron a trav\u00e9s del rumor que hab\u00eda empezado a correr en las pe\u00f1as de todo el pa\u00eds. Pero en 1993 la abuela muri\u00f3. Y la fiesta sigui\u00f3 su curso. Al a\u00f1o siguiente, ya no cientos sino miles de personas se reunieron para rendirle homenaje en su cumplea\u00f1os. A partir de entonces, cada 18 de agosto, el barrio Los Lagos se convierte en el lugar de reuni\u00f3n de una legi\u00f3n de extremistas del folclore. Dicen que se organizan para que el alcohol, la comida y la m\u00fasica no falten. Que durante cuatro d\u00edas se levanta un verdadero festejo en el que todos bailan descalzos, durante horas y horas, sobre la tierra seca y desquebrajada, hasta sangrar. Y que cierta vez una familia del lugar debi\u00f3 sacar de ah\u00ed a una persona mayor que agonizaba. Nadie hubiera permitido que una inoportuna muerte arruinara la fiesta.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>La ciudad de La Banda se ubica casi en el centro de la provincia de Santiago del Estero, Argentina, a 7 kil\u00f3metros y medio de la ciudad capital. Tiene m\u00e1s de 100 mil habitantes, es considerada la m\u00e1s importante del departamento Banda&nbsp; y se erige sobre la orilla del r\u00edo Dulce, un afluente que nace en Salta y cruza el centro-norte del pa\u00eds hasta perderse en las aguas cordobesas de la laguna de Mar Chiquita. A pesar de ser una ciudad de una densidad poblacional importante, La Banda no pierde sus huellas de pueblo: casas bajas, una plaza principal, un peque\u00f1o centro y calma. Mucha calma. Nada de ese pulso diario acelerado con el que viven miles de personas en lugares como Buenos Aires. La Banda, al igual que tantas ciudades de la provincia, vive de la agroindustria, de la comercializaci\u00f3n y exportaci\u00f3n de sorgo y algod\u00f3n. A quince cuadras del centro de la ciudad, ya en la periferia, se encuentra el barrio Los Lagos. All\u00ed, entre la Cooperativa Algodonera Banda, ubicada en la intersecci\u00f3n de las calles Larrabure y 1\u00ba de mayo, y la calle Manzini nacieron y pasaron su infancia los Carabajal: la familia m\u00e1s destacada del folclore argentino. All\u00ed naci\u00f3 la chacarera santiague\u00f1a. Entre esas tres cuadras, todos los a\u00f1os, los turistas se concentran para festejar el cumplea\u00f1os de la abuela do\u00f1a Mar\u00eda Luisa Paz.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;\u2014La familia Carabajal y la familia de mi padre han sido los primeros pobladores de este lugar. Mi madre Dominga y mi padre Marcos tocaban y cantaban con ellos cuando cumpl\u00eda a\u00f1os Mar\u00eda Luisa. La viejita ven\u00eda y nos invitaba a todos. Era p\u00edcara, le gustaba hacer bromas, ten\u00eda chispa. Y ah\u00ed hac\u00edamos la fiesta, nom\u00e1s. Pero era una fiesta chica. Y familiar, bien familiar.<\/p>\n\n\n\n<p>Chufo D\u00edaz tiene 66 a\u00f1os y manos con las que podr\u00eda compactar un Scania. Poseedor de una parsimonia caracter\u00edstica de los lugare\u00f1os, vive a media cuadra de la Cooperativa Algodonera Banda y es famoso por abrir las puertas de su patio para que turistas y m\u00fasicos invitados puedan tocar, cantar y bailar chacarera. Para los bande\u00f1os la chacarera es parte de su d\u00eda a d\u00eda. Se levantan de la cama y escuchan chacarera, en las radios de los comercios y en los remises suena chacarera, en los patios de las casas suele o\u00edrse la guitarra de alguien que est\u00e1 tocando chacarera. En La Banda dos de cada cinco personas tocan, cantan o bailan la chacarera. Las tres restantes hacen todo: la cantan, la tocan y la bailan. Durante los cuatro d\u00edas que dura la fiesta en el barrio Los Lagos la m\u00fasica suena pr\u00e1cticamente las 24 horas, salvo de 7 a 10 de la ma\u00f1ana, cuando los visitantes descansan para luego despertar y seguir.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Cerca del mediod\u00eda, las tres calles ya est\u00e1n colmadas de gente que compra comida en los puestos que los lugare\u00f1os arman con algunos palos y lonas. En parrillas improvisadas en el piso o dentro de tanques cortados a la mitad, la gente cocina chivitos, pollos, tiras de asado, vac\u00edos, morcillas. Otros puestos ofrecen empanadas y tamales, panchos y choripanes, chip\u00e1 o panes rellenos. A la altura de la segunda cuadra ya pueden verse toldos m\u00e1s grandes con sillas y mesas de pl\u00e1stico, y algunos cantores ba\u00f1ados en sudor que rasgan canciones y cantan sin micr\u00f3fono. Cuando terminan de tocar se secan la frente con el dorso de la mano, toman un trago de cerveza y contin\u00faan. Abajo de las lonas el calor se vuelve denso y genera una pesadumbre que adormece. Pero lejos del letargo, los visitantes mastican, toman, bailan y zapatean. Entonces la tierra del piso se levanta como una bruma y enseguida el lugar se vuelve gris. Ac\u00e1, la tierra es fina y seca como la harina.<\/p>\n\n\n\n<p>Enfrente, en los otros puestos, tambi\u00e9n suena folclore. Por momentos las melod\u00edas se entrecruzan \u2013tambi\u00e9n los olores- y forman un bullicio del que es complicado escapar. Sobre todo si se ha tomado un poco. En estos d\u00edas pasarse con el alcohol forma parte de las reglas, del festejo, es necesario para aguantar las garras del sol, para no dejar de sonre\u00edr nunca, para que la fiesta no decaiga. En diez minutos exactos, cualquiera de los puestos de bebida llega a vender 41 vasos -con capacidad de litro- de cerveza, fernet con coca o vino. Y as\u00ed todo el d\u00eda y toda la noche, hasta la madrugada, cuando el sol santiague\u00f1o se empieza a asomar nuevamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces comienzan los festejos de un nuevo d\u00eda que tiene como atracci\u00f3n principal a una comparsa de mamados. Los hombres buscan la pared m\u00e1s cercana y mean con la cabeza echada hacia atr\u00e1s. Las mujeres aguantan o corren en busca de un pozo que detr\u00e1s de alguna lona act\u00fae de inodoro. Despu\u00e9s vuelven a comprar m\u00e1s bebida. Un litro de cerveza cuesta entre 18 y 25 pesos, depende del lugar donde se la compre. Es com\u00fan ver entre la muchedumbre a chicos peque\u00f1os que ofrecen precios bajos de alcohol, que se pueden conseguir m\u00e1s all\u00e1 de las tres cuadras de fiesta, en la ventana de alguna casita que expende cerveza Norte y otras yerbas. Esos mismos ni\u00f1os son los que, a cambio de un par de monedas o billetes, se prestan a cargar los bolsos de la gente que llega al barrio y se baja de colectivos desvencijados despu\u00e9s de varias horas de viaje. Por lo general, una vez que los visitantes llegan ignoran a los ni\u00f1os que se van amontonando&nbsp; y comienzan a buscar albergue. Para esta fecha, la gente del barrio pega en la puerta de sus ranchos carteles que ofrecen lugar para acampar o camas para aquellos que pretenden descansar con mayor comodidad (aunque a veces resulten ser s\u00f3lo colchones en el piso). Quienes buscan un terreno para levantar sus carpas pagan unos 50 pesos el d\u00eda. Y los que dormir\u00e1n en camas y bajo techo, entre 100 y 150 pesos. Precios acomodados si se tiene en cuenta que la noche en un hotel medio pelo no baja de los 300 pesos.<\/p>\n\n\n\n<p>A diferencia de otros lugares tur\u00edsticos, en el barrio Los Lagos de La Banda es notoria la desigualdad entre los lugare\u00f1os y los que llegan&nbsp; para quedarse los cuatro d\u00edas que dura la fiesta. La situaci\u00f3n de pobreza es muy marcada, y a veces genera una distancia tensa al momento de entablar una conversaci\u00f3n o simplemente cuando se produce un normal y cotidiano cruce de miradas. Los m\u00e1s chiquitos piden monedas sin ver a los ojos y los grandes, sentados bajo la sombra fresca de alg\u00fan alero, mantienen la mirada para asegurarse de que el turista sepa que este lugar le es ajeno. Ac\u00e1, el bonaerense que haya nacido hasta en el pueblo m\u00e1s remoto de la provincia siempre ser\u00e1 porte\u00f1o. Y se lo har\u00e1n notar con un <em>che, porte\u00f1o<\/em> al entablar un di\u00e1logo o simplemente con ese vistazo que dura unos segundos de m\u00e1s. Maxi Visentini alquila tres habitaciones para dar alojo y cuenta que es la primera vez que lo hace, principalmente para sacar unos pesos. La casa, de ladrillos a la vista y puerta de madera semidura y barnizada, es de las m\u00e1s vistosas en un barrio donde abunda el rancho.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Yo les recomiendo a todos que cuando baja el sol no crucen las v\u00edas y que si van a hacer m\u00e1s de tres o cuatro cuadras se tomen un rem\u00eds. Capaz que no les pasa nada, pero nunca se sabe. Si van conmigo est\u00e1 todo bien, porque ac\u00e1 me conocen. Pero solos es otra cosa.<\/p>\n\n\n\n<p>Cada dos horas, una dupla de efectivos policiales montados en una moto Yamaha de gran cilindrada recorre las tres cuadras de fiesta. Uno maneja casi a paso de hombre, procurando no pisar a nadie. El otro lleva un arma larga en sus manos y estira el cuello y observa como si buscara culpables. Despu\u00e9s de recorrer esos pocos metros de calle de tierra aceleran y se pierden en la avenida 25 de mayo, que conecta al barrio con el centro de la ciudad.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Hijo, ven\u00ed, \u00bfC\u00f3mo es la actriz esa que el negro siempre me carga?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ah, s\u00ed, no s\u00e9. La Moni sabe.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Llam\u00e1mela, llam\u00e1mela, que le diga al chico.<\/p>\n\n\n\n<p>El chico soy yo. Es la segunda noche que duermo en la casa de Roxana Rold\u00e1n, una mujer morena, baja y de enormes ojos verdes a quien le encanta contar que tiene un ligero aire a la brit\u00e1nica Michelle Fairley, actriz en Harry Potter y otras pel\u00edculas. Sus hijos r\u00eden y aclaran: parecida pero con menos plata.<\/p>\n\n\n\n<p>Los Rold\u00e1n&nbsp; forman parte de una de las tantas familias que dan alojo a los visitantes durantes los d\u00edas que dura la fiesta de la abuela. Por las ma\u00f1anas Roxana invita con mates espumosos y todas las noches nos sorprende con guisos o tamales. Confiesa que alguna vez tuvo una rotiser\u00eda y que cocina mejor que los de la tele.<\/p>\n\n\n\n<p>Roxana es una mujer muy amable.<\/p>\n\n\n\n<p>****<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 \u00a1Viva la chacarera! \u00a1Viva Dios! \u00a1Viva el Papa, aunque sea de San Lorenzo!<\/p>\n\n\n\n<p>La gente oye al borracho y se divierte. El hombre se bambolea de un lado a otro con los brazos abiertos y parece querer mirar al cielo para agradecer, pero la curda se lo impide e intenta voltearlo. Est\u00e1 en cueros y sostiene un vaso de pl\u00e1stico que hasta hace un momento estuvo lleno de cerveza tibia. La borrachera no le impide darse cuenta que gener\u00f3 jolgorio en la gente, y contin\u00faa con su show:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 \u00a1Que venga a bailar chacarera el Papa! Que traiga vino\u2026 \u2014dice y se desploma en el piso de tierra, levantando una polvareda que aleja al grupo de personas que se divert\u00eda oy\u00e9ndolo.<\/p>\n\n\n\n<p>A pocos metros de este espect\u00e1culo hay otro que concentra a una buena cantidad de personas. Lucas Silva, 9 a\u00f1os, corte taza y paletas pronunciadas, canta una chacarera que hace delirar al p\u00fablico:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Cuando se muera<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>mi suegra<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>cuando se muera<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>mi suegra<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>c\u00f3mo me voy alegrar<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>voy a tirar bomba y cuete<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>voy a tirar bomba y cuete<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>y tambi\u00e9n me voy a machar.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>A pesar de la corta edad, dice que toca desde hace cinco a\u00f1os. Y se nota. Sabe cu\u00e1ndo acentuar una palabra, maneja bien los gestos de la cara y las sonrisas ensayadas. Fernando, su padre, est\u00e1 junto a gran parte de la familia Silva en la mesa m\u00e1s pr\u00f3xima al ni\u00f1o, que toca sentado en una silla de pl\u00e1stico blanca y es acompa\u00f1ado por su primo Pablo en la bater\u00eda. El padre sonr\u00ede, canta y con las manos marca los cambios de acordes para que su hijo lo vea y no se pierda. Cuando termina el show, el ni\u00f1o se acerca a la mesa familiar y abraza a su padre y a su madre.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014De la chacarera me gustan las letras y la pasi\u00f3n de la gente cuando aplaude y canta \u2013dice Lucas, con la seguridad de quien ya ha dado muchas entrevistas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 \u00bfQu\u00e9 otro estilo de m\u00fasica escuchas?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ninguno. A mi me gusta la chacarera.<\/p>\n\n\n\n<p>La chacarera es una danza americana de cuya historia poco se sabe. Isabel Aretz, unas de las primeras etnomusic\u00f3logas que investig\u00f3 las danzas andinas y americanas, escribi\u00f3 en su libro El folclore musical argentino que \u201cs\u00f3lo en las \u201cMemorias\u201d de don Florencio Sal aparece entre las danzas que se usaban hacia 1850. En Buenos Aires la menciona ya en 1883 don Ventura R. Lynch, quien cree por error que se trataba de un danzar puramente local, de Dolores. Y en Catamarca la anota Roberto Payr\u00f3, a fines de siglo, entre otras danzas criollas como la Zamacueca, el Gato, el Escondido, el Palito, la Condici\u00f3n, el Ecuador y el Remedio\u201d. El gaucho era por entonces uno de los m\u00e1s entusiastas cultores de las danzas criollas, sobre todo del Gato, por entonces el baile preferido. \u201cEn 1877 Romain D. Aurignac habla de este baile como de una especie de jiga nacional que se practica con un irresistible frenes\u00ed, al que contribuye no poco el alcohol\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En Argentina, los m\u00e1s representativos de este g\u00e9nero musical son los Carabajal, una familia de m\u00e1s de tres generaciones de m\u00fasicos que renov\u00f3 la chacarera nacional. Creadores de letras con una poes\u00eda despojada y representativa de su tierra, los Carabajal le aportaron al rasguido cl\u00e1sico del g\u00e9nero un golpe que si bien respeta el pulso caracter\u00edstico de todas las chacareras, le agrega al ritmo una forma m\u00e1s elegante y estil\u00edstica. El periodista y cr\u00edtico musical Gabriel Plaza comenta:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014El fen\u00f3meno se da en gran parte por lo prol\u00edfico de la familia y la gran producci\u00f3n de obra que se ha concebido desde Carlos y Agust\u00edn Carabajal hasta la actualidad. Adem\u00e1s introdujeron un rasgo de velocidad en su forma de tocar, que le dio al g\u00e9nero una vuelta est\u00e9tica renovada. Despu\u00e9s est\u00e1 la m\u00edstica que se cre\u00f3 en torno a cada uno de ellos, que a diferencia de otros m\u00fasicos se convirtieron en grandes arregladores musicales. Pero lo m\u00e1s importante es que todos han sabido darle un sentido armonioso y est\u00e9tico a cada producci\u00f3n, desde Roberto a Demi, pasando por Peteco, Cuti o Musha.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014El Musha Carabajal es quien lleva adelante los destinos de Los Carabajal, el grupo base de la familia donde estuvo Carlos, Agust\u00edn, Peteco, Roberto, yo y otros m\u00e1s. Somos tantos que ya no tenemos nombres sino n\u00fameros. Musha es hijo del n\u00famero dos de la familia, Enrique Carabajal, que era jugador de Sarmiento. Era el n\u00famero 5 del equipo, el que paraba la pelota con el pecho y miraba para entreg\u00e1rsela mansita a un compa\u00f1ero. Un jugador de clase. Nunca una patada de m\u00e1s \u2014dice Cuti Carabajal<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Como Fernando Redondo \u2014interviene Roberto, su sobrino.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Nunca una patada de m\u00e1s. Nunca una patada de la cintura para abajo, siempre para arriba.<\/p>\n\n\n\n<p>La gente r\u00ede y aplaude. En el fondo, unas viejas se descostillan de la risa hasta ponerse rojas. Es el d\u00eda de cumplea\u00f1os de la abuela y el patio de la casa Carabajal, ubicada en la ochava de las calles 1ro de mayo e ingeniero Iturbe est\u00e1 colmada de gente que se amontona, como en un recital de rock, para ver a sus \u00eddolos. El patio es un espacio rectangular donde han instalado una barra y tablones donde la gente almuerza, bebe vino y cervezas o toma mates. En las paredes hay frases escritas en letras rojas de trazo ani\u00f1ado, citas de algunas de las canciones creadas por los Carabajal que remiten a la filosof\u00eda de vida santiague\u00f1a, concebida bajo las influencias de la pobreza, la vida familiar, el pueblo y la naturaleza. A un costado del patio la familia mont\u00f3 un peque\u00f1o escenario debajo de un Cha\u00f1ar que tiene m\u00e1s de cincuenta a\u00f1os. En ese lugar, todos los 18 de agosto, los Carabajal cantan y deleitan al p\u00fablico con su cancionero. Luego almuerzan y, promediando la tarde, tocan nuevamente en otro escenario, que se levanta afuera, sobre la calle, donde ofrecen un show para una mayor cantidad de personas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Nuestro padre vino del sur de La Banda, un lugar que se llamaba la Rubia Moreno. Y nuestra madre de Clodomira, aqu\u00ed a doce kil\u00f3metros. \u00c9l tocaba la guitarra y el bandol\u00edn en las viejas orquestas de los carnavales. Se ve que ah\u00ed la conoci\u00f3 y le dijo: hijos no te van a faltar \u2014dice Cuti, el menor de los hijos de do\u00f1a Mar\u00eda Luisa Paz y el m\u00e1s mimado, seg\u00fan cuentan sus familiares\u2014.&nbsp; Y la trajo, dicen, a caballo o en alg\u00fan otro medio de tracci\u00f3n a sangre. Y aqu\u00ed plantaron la casita humilde. En el barrio hab\u00eda muy pocas familias, cuatro o cinco,&nbsp; y hab\u00eda un lago artificial aqu\u00ed a dos cuadras. Era un centro recreativo que hizo un italiano, con botes, puentes y palmeras. En ese tiempo ven\u00eda la gente del centro de La Banda a pasar un domingo en familia. De ah\u00ed qued\u00f3 el nombre del barrio, Los Lagos.<\/p>\n\n\n\n<p>El primer inspirado de la familia, el que compuso la primera chacarera con sello Carabajal, fue Carlos. El n\u00famero cinco de la familia ten\u00eda en ese tiempo dieciocho a\u00f1os y contaba que le rondaban melod\u00edas en la cabeza y que no pod\u00eda sacarlas de ah\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Sobrevolaban como p\u00e1jaros en su cabeza \u2014dice Cuti. Hasta que alguien le dijo \u201cCarlos, vos no ten\u00e9s que inspirarte en la cocina o en tu dormitorio. Abr\u00ed un catre de esos, acostate y mir\u00e1 a tu alrededor\u201d. Y as\u00ed fue. Carlos se acost\u00f3 y estuvo con la guitarrita todo un d\u00eda. Cuentan que la mujer le exig\u00eda que fuera a trabajar, que la situaci\u00f3n no estaba para tocar la guitarra todo el d\u00eda, que hab\u00eda hijos que alimentar. Pero Carlos insisti\u00f3 y compuso la primera chacarera dedicada a do\u00f1a Maria Luisa Paz: \u201cA la sombra de mi mam\u00e1\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014La grab\u00f3 Sandro, Leo Dan, Los romanceros, todo el mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>En esa \u00e9poca, en que Sadaic pagaba bien, Carlos cobr\u00f3 bastante y le alcanz\u00f3 para comprar alpargatas para todos los chicos, cambi\u00f3 la lona del catre, cambi\u00f3 el colch\u00f3n y se compr\u00f3 un Renault 4L.&nbsp; Tambi\u00e9n pag\u00f3 todas las cuentas. La mujer andaba muerta de risa todo el d\u00eda y cuando lo ve\u00eda a Carlos caminar por el patio le dec\u00eda: acostate en el catre y trabaj\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>Sentado en una sillita ubicada a un metro del televisor, sin pesta\u00f1ear, con las pupilas dilatadas y una mamadera sin pico a punto de volc\u00e1rsele en las piernas, Jos\u00e9 mira los dibujitos. Mientras tanto, a su alrededor, Roxana Rold\u00e1n chancletea y fuma, los visitantes hacen cola para ingresar al \u00fanico ba\u00f1o de la casa y alg\u00fan vecino entra para saludar o invitar con cerveza fresca.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Jos\u00e9, qu\u00e9 ta haciendo, va volc\u00e1 t\u00f3 \u2013dice Blanca y le da un sopapito a su hijo en la nuca, que lo hace irse para adelante como un junco. Luego el ni\u00f1o gira el cuello lento, mira a la madre como drogado y voltea y contin\u00faa con el trance.<\/p>\n\n\n\n<p>Blanca es hija adoptiva de Roxana, lleg\u00f3 a la casa cuanto ten\u00eda catorce o quince a\u00f1os. Adem\u00e1s de atender a su ni\u00f1o, Blanca hace las compras, lava y plancha. Digamos que realiza las tareas que los dem\u00e1s integrantes de la casa no hacen. Es una joven de veintitantos, hija menor de una familia pobre conformada por seis varones, que tuvo a trav\u00e9s de la adopci\u00f3n la posibilidad de eludir un futuro, tal vez, poco favorable. A Roxana no le gusta demasiado hablar sobre Blanca, y cuando lo hace responde brevemente, le da una calada a su cigarro y contin\u00faa con otro tema.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Yo tambi\u00e9n fui periodista \u2013dice.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 \u00bfAh si?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Bueno, periodista\u2026 Era locutora en una radio. Pero fue hace mucho, cuando era joven.<\/p>\n\n\n\n<p>Un muchacho espigado, con los ojos amarillentos producto de un h\u00edgado en crisis, la escucha y la arenga para que locute la marca de una gaseosa que hay sobre la mesa. Roxana sonr\u00ede, finge pudor, da una pitada corta y tira: \u201cGasesosa Secco Lim\u00f3n, tu mejor sabor\u201d. Los presentes re\u00edmos y aplaudimos la parodia. Ella abre la boca grande y r\u00ede, y enseguida quiere festejar: le pega un grito a Blanca para que vaya a comprar cervezas y otras provisiones para la cena. Roxana lleva un escote sugerente, lo bastante marcado como para mostrar que no s\u00f3lo quiere cocinar esta noche.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Hace unos d\u00edas estuvo V\u00edctor Heredia aqu\u00ed en el piso y nos dec\u00eda que una de las caracter\u00edsticas m\u00e1s impresionantes y llamativas de estos d\u00edas por all\u00ed, por Santiago del Estero, es que no se para nunca \u2013dice el conductor televisivo Nicol\u00e1s Pauls, en un env\u00edo del programa Vivo en Argentina que se hizo en el a\u00f1o 2012 y que ahora se ve en Youtube.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed, pr\u00e1cticamente desde el martes que estamos de festejo. Y esto va a durar seguramente hasta el lunes. Despu\u00e9s la gente se vuelve a sus casas pero aqu\u00ed sigue \u2013cuenta Peteco Carabajal.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfEs acaso el cumplea\u00f1os de la abuela un encuentro de fiesta y dolor? \u00bfQu\u00e9 preconceptos, o ideas imaginarias, tienen los visitantes y lugare\u00f1os sobre esta celebraci\u00f3n colectiva que, sin concesiones privadas ni cobro de entradas, regala d\u00edas y noches de m\u00fasica en un barrio pobre que baila y bebe sin descanso? La gestora cultural y agente de prensa santiague\u00f1a Lucrecia Carrillo, explica:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014La fiesta de la abuela es ante todo, un fen\u00f3meno popular. Se puede decir que es un fen\u00f3meno de generaci\u00f3n espont\u00e1nea. Nunca hubo una decisi\u00f3n planificada de que una fiesta familiar -como lo era o sigue siendo en su esencia, el cumplea\u00f1os de la abuela de la familia- se transformara en un hito en el almanaque folkl\u00f3rico del pa\u00eds. Por supuesto que con el tiempo fue organiz\u00e1ndose como mejor se pudo, pero creo que su alma est\u00e1, justamente, en ese esp\u00edritu ca\u00f3tico y salvaje. Cualquier intento por ordenarlo, organizarlo y estructurarlo destruye su car\u00e1cter de fiesta popular. No digo que est\u00e9 mal intentar transformarla en un festival o un evento m\u00e1s formal, pero hay que ser conscientes de que la alquimia elimina la pureza. Puede sonar rom\u00e1ntico lo que digo, pero creo que la&nbsp; fiesta de la abuela es el \u00faltimo fog\u00f3n anarquista del folclore.<\/p>\n\n\n\n<p>Y por ello mismo, por esa vena popular desgarrada y expuesta, es que el barrio Los Lagos no logra disimular sus ardores. La prosperidad espera a lo lejos, pero la fiesta sigue ah\u00ed, como un destino m\u00e1gico por venir. Acaso sean los Carabajal una voz de resistencia mientras el mito se sigue escribiendo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Creo que la fiesta de la abuela \u2013contin\u00faa Lucrecia Carrillo- es una fotograf\u00eda bastante n\u00edtida de la realidad santiague\u00f1a. Bastante cruda. De sus tesoros culturales junto a sus carencias sociales. Para quien va y mira con apenas detenimiento, esto es evidente. Durante esos d\u00edas Santiago tiene mucho esp\u00edritu de carnaval. Hay una alegr\u00eda exagerada, efervescente, pero que nace de un profundo amor por la propia identidad. Son estas celebraciones donde el santiague\u00f1o se permite estar orgulloso de su ser. Pero cuando se asienta la polvareda es cuando hay que seguir fortaleciendo esa identidad.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Y\u2026 el barrio queda triste. Los d\u00edas m\u00e1s alegres del a\u00f1o son \u00e9stos \u2013cuenta Roxana Rold\u00e1n mientras busca dentro de una caja un frasco de Pervinox. Su hijo se clav\u00f3 un vidrio mientras bailaba una chacarera descalzo, afuera de la casa de los Carabajal. Ahora duerme borracho sobre un colch\u00f3n ubicado en el garage de la casa.<\/p>\n\n\n\n<p>Los ojos verdes de Roxana reflejan melancol\u00eda. Sabe que despu\u00e9s de esta noche, en unas horas, por la ma\u00f1ana, nos iremos de su casa y volveremos el pr\u00f3ximo a\u00f1o. O tambi\u00e9n puede ser que no volvamos. Cerca de las 21 cenaremos el \u00faltimo guiso y con un grupo de gente iremos a la fiesta del violinista, en el Club Ciclista Ol\u00edmpico de la ciudad. Blanca acaba de llegar de la calle y dice, en su vocabulario inconexo, que el escenario montado afuera de la casa de la abuela se desplom\u00f3 y que la Graciela Carabajal se golpe\u00f3 y llor\u00f3. Mientras lo cuenta se mata de la risa.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta tarde estuvo en la casa de la abuela \u2014 donde ahora vive Pablo Carabajal junto a su esposa e hijos\u2014, la gobernadora de Santiago del Estero, Claudia Ledesma Abdala junto al senador nacional y exgobernador Gerardo Zamora. En una entrevista para el sitio Diario Panorama, Ledesma Abdala dijo: \u201cEsto revaloriza la cultura tan rica que tenemos los santiague\u00f1os y bande\u00f1os. Agradecemos a los que nos visitan de otras provincias del pa\u00eds y los invitamos a volver porque las puertas siempre van a estar abiertas. Es un orgullo para nosotros que vengan a compartir nuestro tesoro m\u00e1s preciado que es la hospitalidad\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 \u00bfY a esa no le pas\u00f3 nada? \u2013pregunta Roxana.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No, no, a la Graciela nom\u00e1 \u2013dice Blanca.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Qu\u00e9 l\u00e1stima- retruca, y suelta el humo del cigarro al cielo.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>A pocas horas de que todo termine, Los Lagos se convierte en un sitio de cuerpos entregados al cansancio. Ya comienzan a verse los primeros abatidos, los que se han rendido ante la furia del alcohol despu\u00e9s de varios d\u00edas de juerga. Algunos renquean; otros balbucean y, asqueados, se agarran la panza. Por primera vez en muchos d\u00edas aparecen algunas botellas de agua o gaseosas saborizadas. Pero la m\u00fasica sigue. Se escuchan los bombos retumbar y voces quebradas que cantan bagualas y zambas con el goce de los primeros d\u00edas. Es la \u00faltima noche y la fiesta del violinista est\u00e1 colmada, cientos de personas se han quedado afuera y armaron su propia reuni\u00f3n entre el humo de los choripanes y las milanesas fritas. El calor dentro del Club Ciclista Ol\u00edmpico -que se ubica a pocas cuadras de la casa de la abuela- es insoportable: dificulta la respiraci\u00f3n e invita a seguir tomando cerveza fresca. Un bife tirado al aire podr\u00eda volver cocido antes de que toque el piso. La gente est\u00e1 cansada y se nota a simple vista. Mientras la m\u00fasica de distintos grupos que pasan por el escenario suena, muchos conversan. Desde hace unas horas corre un rumor: se comenta que la noche anterior muri\u00f3 una persona en una pe\u00f1a de Santiago del Estero Capital y que el show continu\u00f3 hasta el amanecer. Luego de lo sucedido supe que el espect\u00e1culo en realidad se cancel\u00f3, que el fallecido era periodista de P\u00e1gina\/12 y que estaba de paseo con un grupo de personas que estudiaban danza folkl\u00f3rica en Buenos Aires.<\/p>\n\n\n\n<p>El extenuante calor y los \u00e1nimos fatigados hacen que a las cuatro de la madrugada la gente comience lentamente a abandonar el Club. Muchos deciden irse para descansar un par de horas y poder emprender el camino de vuelta, por la ma\u00f1ana, de la mejor manera.<\/p>\n\n\n\n<p>A trav\u00e9s de las ventanas de la casa de Roxana Rold\u00e1n se ven luces prendidas.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Luego de dos o tres golpes, aparece tras la puerta con su sonrisa ensayada. Tiene un jean azul oscuro ce\u00f1ido y una blusa fucsia que le transparenta el corpi\u00f1o. Extra\u00f1amente, no est\u00e1 fumando. Mientras algunos enfilan hac\u00eda sus habitaciones y otros van al ba\u00f1o, me siento en uno de los dos sillones de hierro que hay en la galer\u00eda de la casa. Enfrente, el televisor con una pel\u00edcula clase B sobre mujeres culonas y narcos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 \u00bfEstuvo bien la fiesta? \u2013pregunta Roxana<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed, bastante bien, pero hacia mucho calor y la gente se fue r\u00e1pido \u2013le digo<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ahhhh.<\/p>\n\n\n\n<p>Silencio.<\/p>\n\n\n\n<p>Roxana levanta el cuello y echa unas miradas para el lado del ba\u00f1o y las habitaciones.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Yo, cuando era joven, era un hembr\u00f3n \u2013dice cambiando el tono de voz. A mi nariz llega el olor \u00e1cido de un aliento viciado de tabaco\u2014.Ten\u00eda el cuerpo en forma de tanto hacerlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi risa la descoloca. Entiendo, entonces, que no bromea y que sus intenciones son claramente de arrumaco. Aprieto fuerte el apoyabrazos del sill\u00f3n y clavo la vista en la pel\u00edcula clase B.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Porque yo \u2013contin\u00faa Roxana, pero ahora con un dejo de violencia en su voz- no soy ninguna vaca echada.<\/p>\n\n\n\n<p>Y se calla como quien espera una respuesta, una se\u00f1al. Sonr\u00edo y miro la hora. Digo algo, qui\u00e9n sabe qu\u00e9. Es el momento m\u00e1s tenso luego de cuatro d\u00edas de festejos salvajes. Entonces Roxana va hasta la mesa, agarra el paquete de cigarros y se va al fondo de la casa, adonde est\u00e1 su habitaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>All\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>Pancho corre bajo el cielo estrellado y le tira los hielos del fernet a un motor en llamas. Son las 5:40 de la madrugada, justo cuando el cielo comienza a clarear y la bruma matinal se vuelve espesa. Estoy a punto de ver el amanecer a la vera de la Ruta Nacional 9 -a la altura de la ciudad de San Pedro- empapado y chapoteando barro, cubierto con una manta, con cincuenta personas tosiendo a mi alrededor. Nunca imagin\u00e9 que el colectivo de Pancho, en su vuelta a Capital, iba tirarse a la banquina a mitad de la noche, ni que se iba a incendiar en cuesti\u00f3n de segundos. Gritos, humo, barro, Pancho buscando un matafuegos que nunca existi\u00f3 y rescatando bolsos, guitarras y bombos. Despu\u00e9s, los bomberos y una espera que se hace eterna mientras aguardamos la llegada de un nuevo colectivo que nos deposite en el barrio de Flores. Tengo el h\u00edgado intoxicado por litros de alcohol, dorm\u00ed no m\u00e1s de un pu\u00f1ado de horas durante los \u00faltimos cuatro d\u00edas, bail\u00e9 chacarera descalzo, me romp\u00ed los pies, me quej\u00e9 y me miraron mal, conoc\u00ed a los Carabajal. Conoc\u00ed a Roxana.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Ahora el reloj da las 6:30. La gente putea a Pancho y tose y se queja debajo de frazadas mojadas. Un flaco de barba tupida agarra el \u00fanico bombo que se salv\u00f3 y, ante la mirada furtiva de todos, a pesar del fuego, la bruma, el barro y la desolaci\u00f3n, empu\u00f1a fuerte los palillos y empieza a tocar la \u00faltima chacarera.<\/p>\n\n\n\n<p>Y todos cantamos con \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color\" style=\"color:#a30003\"><strong>Andr\u00e9s Pinotti<\/strong>&nbsp;es licenciado en Comunicaci\u00f3n Social, periodista y docente: @andrespinotti en Instagram.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Baile, alcohol y desborde: eso hay todos los a\u00f1os en La Banda, donde se festeja el cumplea\u00f1os de \u201cla abuela Carabajal\u201d, un \u00edcono regional en cuyo nombre se monta uno de los mayores \u2013y menos conocidos- festejos de m\u00fasica criolla&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":758,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[3],"tags":[],"class_list":["post-754","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cultura"],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/trumanmag.com\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/cumple-abuela-carabajal-1.jpg","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/754","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=754"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/754\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":760,"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/754\/revisions\/760"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/758"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=754"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=754"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=754"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}