{"id":493,"date":"2021-06-05T08:00:00","date_gmt":"2021-06-05T11:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/trumanmag.com\/?p=493"},"modified":"2021-06-05T11:14:30","modified_gmt":"2021-06-05T14:14:30","slug":"apps-de-productividad-las-nueva-protesis-de-la-era-posindustrial","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/2021\/06\/05\/apps-de-productividad-las-nueva-protesis-de-la-era-posindustrial\/","title":{"rendered":"Apps de productividad: las nuevas pr\u00f3tesis de la era posindustrial"},"content":{"rendered":"\n<p>As\u00ed como el smartphone es un ap\u00e9ndice comunicativo que consigui\u00f3 llevar m\u00e1s lejos que nunca nuestras (potenciales) posibilidades de interacci\u00f3n, una app es una funci\u00f3n-ap\u00e9ndice que tiene el fin de resolver necesidades. Algunas de esas aplicaciones se ocupan de resolver los mismos inconvenientes que genera la enorme amalgasa de informaci\u00f3n y contenido llamativo que nos llega y que salimos a buscar en la Internet de las cosas. Una problem\u00e1tica que no es nueva, pero que se ha pronunciado bastante en los \u00faltimos a\u00f1os, cuando la autoexplotaci\u00f3n comenz\u00f3 a ser un hecho y los niveles de ansiedad respecto a la imposibilidad de resistir un fracaso se elevaron m\u00e1s que en ning\u00fan otro momento de la historia.<br><br>Las apps hacen de intermediarios entre lo que necesitamos y nosotros, maniatando en medio al mensajero. Aplicaciones que claman servirnos para identificar plantas a trav\u00e9s de la recopilaci\u00f3n de informaci\u00f3n colectiva que los usuarios van agregando a la plataforma cuando identifican ejemplares de sus propios balcones nos ahorran el compromiso tedioso de buscar a un especialista para saber qu\u00e9 le pasa a nuestro Mburucuy\u00e1. Deliverys de comida que nos presentan un gigantesco cat\u00e1logo de posibilidades para la cena sobre los hombros de trabajadores cuya responsabilidad por su propia seguridad es la \u00fanica garant\u00eda laboral que tienen.<\/p>\n\n\n\n<p>El Tesoro de la Juventud, enciclopedia con la que se cri\u00f3 toda una generaci\u00f3n de habla hispana en los a\u00f1os 20&#8242; del siglo pasado&#8217;, conten\u00eda una breve historia motivacional: un joven chino quiere destacarse en sus estudios, pero su familia es pobre y debe trabajar durante el d\u00eda y estudiar de madrugada sin tener la posibilidad de dormir las horas suficientes. Mientras lee, el estudiante se deja crecer la coleta y ata su mech\u00f3n de pelo a una viga del techo para que cada vez que d\u00e9 una cabezada por el sue\u00f1o el tir\u00f3n lo despierte. El cuento concluye diciendo que &#8220;finalmente lleg\u00f3 a ser un gran mandar\u00edn&#8221;.<\/p>\n\n\n\n<p>Si bien la presi\u00f3n de los ex\u00e1menes finales y la moral necesidad de verse libre de grasa corporal no son una novedad absoluta (la par\u00e1bola del chino lo demuestra, aunque en su \u00e9poca era considerada un exotismo propio de &#8220;esa civilizaci\u00f3n rara donde se matan trabajando&#8221;), es cierto que nuestros tiempos han interiorizado la responsabilidad por el futuro a niveles patol\u00f3gicos, revel\u00e1ndonos como supuestos y \u00fanicos culpables de nuestro fracaso. En este contexto surgen las apps de productividad. Desde el m\u00e1s que \u00fatil m\u00e9todo Pomodoro (un cron\u00f3metro que nos marca 25 minutos en los que deberemos trabajar seguido por cinco minutos de descanso para repetir el ciclo) hasta verdaderos planes de coaching automatizados que nos ense\u00f1an a desayunar todas las ma\u00f1anas y ser agradecidos por las noches, las apps de productividad nos ofrecen subsanar las falencias que tenemos para encajar en el zeitgeist de la era.<br><br>Algunas (y tal vez la mayor\u00eda) de las apps de productividad intermedian entre un universo de frases motivacionales al estilo de la mentalidad de tibur\u00f3n, que tambi\u00e9n moldea una filosof\u00eda oriental idealizada hasta arribar a lo naive. Salpicada por modelos de \u00e9xito que provienen del mundo de las financias y las inversiones de corto plazo. Gur\u00faes del fitness y el trekking, m\u00e1s famosos por sus libros que por su actividad deportiva. Este discurso entre merit\u00f3crata y new age est\u00e1 presente en aplicaciones para dejar de beber alcohol, dejar de ver pornograf\u00eda, hacer ejercicio y la reina de todas las dietas: el ayuno intermitente, que muchas veces enmascara trastornos alimenticios.<br><br>Estos mensajes en muchas ocasiones se llevan a patadas con la realidad. &nbsp;&#8220;Yo solo me siento en mi oficina y leo todo el d\u00eda&#8221;, nos repite la aplicaci\u00f3n Fabulous que dice Warren Buffet, uno de los inversores profesionales con m\u00e1s capital en el mundo. Un oficinista podr\u00eda estar 100% de acuerdo con la necesidad de llevar esta directiva adelante, pero seguramente sus jefes &nbsp;y compa\u00f1eros de trabajo no vean con buenos ojos que a las once de la ma\u00f1ana se recueste en el escritorio con la nariz metida en la biograf\u00eda de Steve Jobs.<br><br>Pero las apps de productividad tambi\u00e9n nos ense\u00f1an a disfrutar del ocio. No es menor este punto cuando nos referimos a aplicaciones a las que se llega con la intenci\u00f3n de resolver una supuesta falencia en nosotros mismos. En una \u00e9poca en la que el imperativo de productividad perme\u00f3 a las \u00e1reas de nuestras vidas que hab\u00edamos conquistado para nosotros desde que dividimos el d\u00eda en tramos de ocho horas y la semana en tramos de cinco y dos d\u00edas, estas aplicaciones nos recuerdan que la distensi\u00f3n y los afectos son parte del &#8220;ser productivos&#8221;, como si no se tratase de uno de los rasgos m\u00e1s humanos por excelencia.<br><br>M\u00e1s que un ap\u00e9ndice, las apps de productividad son una suerte de pr\u00f3tesis. Una s\u00edntesis de la paradoja humana posindustrial, que genera tanto servicio como precarizaci\u00f3n y que busca soluciones a los problem\u00e1ticos restos indivisibles que va dejando por el camino. La adicci\u00f3n al tel\u00e9fono, la presi\u00f3n por no caer en la pobreza, el imperativo de conseguir cierto status a partir de proyectos personales y la velocidad de la vida diaria se resuelve con m\u00e1s uso del tel\u00e9fono, m\u00e1s preocupaci\u00f3n por nuestros h\u00e1bitos, m\u00e1s proyectos personales. Como un monje tibetano mal entendido que meditase para que los visitantes del templo le tiren monedas, las apps de productividad nos ofrecen una iluminaci\u00f3n a medias, probar el camino de los exitosos para decir que por lo menos intentamos ser un modelo de \u00e9xito.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color\" style=\"color:#a30003\"><strong>El\u00edas Fern\u00e1ndez Casella<\/strong>&nbsp;es escritor, periodista, Comunicaci\u00f3n Social (UBA).&nbsp;Seleccionado en la Bienal de Arte Joven 2019. Instagram: @fechoriasinofensivas. YouTube: Fechor\u00edas Inofensivas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color\" style=\"color:#a30003\">La ilustraci\u00f3n es de <strong>Diego Astarita<\/strong> (@astadiego).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>As\u00ed como el smartphone es un ap\u00e9ndice comunicativo que consigui\u00f3 llevar m\u00e1s lejos que nunca nuestras (potenciales) posibilidades de interacci\u00f3n, una app es una funci\u00f3n-ap\u00e9ndice que tiene el fin de resolver necesidades. 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