{"id":1211,"date":"2023-08-19T19:05:00","date_gmt":"2023-08-19T22:05:00","guid":{"rendered":"https:\/\/trumanmag.com\/?p=1211"},"modified":"2023-08-22T14:47:38","modified_gmt":"2023-08-22T17:47:38","slug":"a-un-puente-de-distancia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/2023\/08\/19\/a-un-puente-de-distancia\/","title":{"rendered":"A un puente de distancia"},"content":{"rendered":"\n<p>Un llanto acongojado despierta a Pedro de un sue\u00f1o profundo. Todav\u00eda tiene en su retina la imagen v\u00edvida del caballo sobre el quir\u00f3fano con la carne de la pierna a la vista. La instrumentadora es su madre. Levanta su torso, sacude la cabeza. Felipe grita desde su habitaci\u00f3n. Lo llama. Pedro va a su cuarto, el nene llora al verlo. Se sienta a su lado en la cama, lo abraza, le dice que tuvo una pesadilla y se da cuenta de que Felipe est\u00e1 transpirado y muy caliente.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Quiero ir con mam\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>Pedro intenta no profundizar en las explicaciones. Le dice que es tarde, que le va a dar el remedio para la fiebre, que intente dormirse, que al d\u00eda siguiente podr\u00e1n hacer una videollamada. Felipe vuelve a llorar.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;\u2014Videollamada, no. Quiero estar con mam\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>Pedro sale del cuarto y vuelve al instante con una tapita de pl\u00e1stico llena de un l\u00edquido rojo fluorescente. Le dice a su hijo que tome el remedio. Felipe acata, le gusta ese sabor artificial a frutilla. Adem\u00e1s, sabe que entonces llegar\u00e1 el caramelo de dulce de leche que acostumbra a darle su pap\u00e1 como premio. Pedro le pide que lo guarde para el d\u00eda siguiente, as\u00ed no tiene que lavarse los dientes de nuevo. Felipe insiste.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Papi, quiero irme con mam\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>Pedro sabe que tiene que dar alguna explicaci\u00f3n m\u00e1s, pero tiene sue\u00f1o, est\u00e1 cansado. Vuelve sobre las palabras que ya le dijo una y otra vez. Hay un bichito, un virus nuevo en el planeta, no hay remedio para que las personas nos defendamos y la \u00fanica soluci\u00f3n hasta ahora es quedarnos en nuestras casas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ya s\u00e9 del bichito, pero yo quiero estar en casa con mam\u00e1. Esa tambi\u00e9n es mi casa. Otro d\u00eda vuelvo y estoy ac\u00e1 con vos.<\/p>\n\n\n\n<p>Pedro le dice que s\u00ed, que ya va a poder ir a su otra casa. Felipe patalea, mueve los brazos, se pelea con infinitos microbios y bacterias que est\u00e1n en el aire, contra los que sabe que puede defenderse. Pedro quiere gritar \u00e9l tambi\u00e9n y llorar. Por qu\u00e9 carajo tuvo que cerrarse la frontera provincial mientras Felipe estaba con \u00e9l. Por qu\u00e9 ten\u00eda entonces que lidiar entre el v\u00ednculo inquebrantable de su ex mujer con su \u00fanico hijo de cuatro a\u00f1os. Se las hab\u00eda ingeniado para jugar, cocinar, limpiar, hacer compras y seguir trabajando, sin poder ver a los amigos sin descansar ni liberarse, tomar un vino, fumar un porro, coger con Paula. Felipe sigue llorando. Pedro sin pensarlo m\u00e1s llama a la madre.<\/p>\n\n\n\n<p>Mariana atiende sobresaltada, pero con voz de dormida. Pregunta qu\u00e9 pasa, si Felipe est\u00e1 bien.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Mam\u00e1 quiero irme con vos.<\/p>\n\n\n\n<p>Mariana le explica con voz dulce que no se puede porque ella est\u00e1 en Cipolletti y \u00e9l en Neuqu\u00e9n, y el presidente dijo que por unos d\u00edas no se pod\u00eda cruzar el puente, que ya van a estar juntos. Mariana le dice que se duerma.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Tengo fiebre. Quiero que me cuides.<\/p>\n\n\n\n<p>Mariana se altera, cambia el tono de voz. Le pregunta a Pedro qu\u00e9 est\u00e1 pasando, por qu\u00e9 no le avis\u00f3 antes. Pedro le responde que despu\u00e9s hablan, que ahora est\u00e1 intentando que Felipe se calme y se duerma, que ya tom\u00f3 el remedio y va a estar mejor. Ponele pa\u00f1os fr\u00edos, dice ella. Tambi\u00e9n le dice a Felipe que cierre los ojitos e intente pensar en cosas lindas, que cuente estrellas imaginarias como hacen siempre que pueden tirarse juntos en el jard\u00edn a mirar el cielo. Felipe sigue llorando. Pedro se aleja con el tel\u00e9fono, sale de la habitaci\u00f3n. Le dice susurrando bronca a Mariana que lo ayude, que no embarre la cancha que no puede m\u00e1s, si quiere que pida un permiso en la Justicia y lo vaya a buscar, que le haga una denuncia, pareciera que \u00e9l tuviera la culpa de que exista una pandemia. Ella le dice que de la pandemia no, pero de vivir en distintas provincias, s\u00ed. \u00c9l le reprocha que ella se fue. Ella le dice que no va a hablar de eso a las tres de la ma\u00f1ana. Mariana le dice que le lleve a Felipe s\u00ed o s\u00ed, si no los dejan cruzar el puente, ella lo espera del otro lado. Recuerda que las hijas de Ernesto cruzaron a pie. Pedro grita que las hijas de Ernesto son adolescentes y que Felipe tiene cuatro, no puede creer que pretenda que su hijo cruce solo. Ella le dice que sabe perfectamente cu\u00e1ntos a\u00f1os tiene su hijo y tambi\u00e9n que necesita estar con su mam\u00e1. Mariana pide que vuelva a la cama con Felipe. Cambia el tono para hablarle. Le dice que pap\u00e1 y mam\u00e1 le van a cantar una canci\u00f3n para que se duerma y que cuando se despierte, despu\u00e9s de desayunar, van a estar juntos. Se lo promete como que se llama Mariana. Felipe deja de llorar y asiente. Mariana empieza a cantar, Pedro la acompa\u00f1a: <em>Ya la luna baja en camis\u00f3n\/ A ba\u00f1arse en un charquito con jab\u00f3n\/ Ya la luna baja en tobog\u00e1n\/ Revoleando su sombrilla de azafr\u00e1n.<\/em> Cantan a destiempo, con la voz metalizada que atraviesa los tel\u00e9fonos. Felipe cierra los ojos, cuenta estrellas imaginarias del cielo patag\u00f3nico. Pedro y Mariana comparten una sonrisa. Ma\u00f1ana te llamo, le dice Pedro. Mariana le advierte que Felipe no se va a olvidar. Tenemos que hacerlo, no le podemos fallar. Pedro corta, vuelve a la cama. No sabe c\u00f3mo hacer para recuperar el sue\u00f1o en el que \u00e9l tambi\u00e9n tiene a su mam\u00e1. Ojal\u00e1 estuviera a un puente de distancia de volver a verla, dice en voz alta. Cierra los ojos y duerme.<\/p>\n\n\n\n<p>Felipe se levanta y ve a su padre tomando caf\u00e9 en la cocina. Pedro lo saluda, le pregunta c\u00f3mo durmi\u00f3, le dice que le va a preparar la leche.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Hoy vamos para Cipolletti, \u00bfno, papi?<\/p>\n\n\n\n<p>Pedro y Felipe suben al auto. Llaman por altavoz a Mariana, Pedro le dice que llevan todos los papeles para poder convencer a la caminera. Seguro que al verlo tan chiquito te van a dejar acompa\u00f1arlo, le responde del otro lado del tel\u00e9fono Mariana. Estoy saliendo, los espero al otro lado.<\/p>\n\n\n\n<p>Llegan al puesto de polic\u00eda caminera de Neuqu\u00e9n. Hay un ret\u00e9n. Una fila larga de autos esperando para pasar. Cuando le toca el turno a Pedro, le explica al polic\u00eda que el nene qued\u00f3 con \u00e9l, pero su madre vive en Cipolletti. El polic\u00eda le dice que, se sabe, por disposici\u00f3n del ejecutivo, eso es imposible. Le contesta con la grabaci\u00f3n autom\u00e1tica que repite una vez tras otra, tal como lo estipula el Decreto de Necesidad y Urgencia 297\/2020 del d\u00eda 20 de marzo, salvo en casos de personal esencial, no est\u00e1 permitido cruzar los l\u00edmites geogr\u00e1ficos de las provincias. El tono seco parece que se impregna en los modos de hablar de la gente que naci\u00f3 y vivi\u00f3 siempre en esas tierras. Pedro insiste en que su hijo necesita ir con su mam\u00e1, Felipe llora sentado en su sillita en el asiento de atr\u00e1s. El polic\u00eda intenta no mirar al ni\u00f1o, pero lo oye. Responde que ya inform\u00f3 lo que era necesario, que por favor circule. Pedro sale de la fila, pega la vuelta y estaciona. Llama a Mariana, le dice que no lo dejan pasar. Ella dice que est\u00e1 llegando, que va a intentar pasar ella. Con las madres no se jode, sostiene. Le dice que ya lo vuelve a llamar, que se queden ah\u00ed. Felipe grita. Pedro se corre el tapabocas para pedirle que tenga paciencia. Le pone unos dibujitos en la tablet mientras esperan. Mariana llama a los diez minutos. Se va a acercar el jefe de la caminera de Neuqu\u00e9n, que est\u00e1 hablando con el de R\u00edo Negro, lo van a dejar pasar a Felipe. Pasame con \u00e9l. Estamos en altavoz, explica Pedro. Mariana le dice hijo, vas a tener que ponerte la mochilita y caminar todo derecho, siempre recto, no pasa nada. Abajo est\u00e1 el r\u00edo Neuqu\u00e9n, en el que nos ba\u00f1amos. Es bueno y nos gusta. Nos refresca en verano. Pero vos camin\u00e1 derechito, cont\u00e1 las ventanitas de los costados o cant\u00e1 \u201cPerro salchicha\u201d que del otro lado voy a estar yo, mam\u00e1, te voy a estar esperando, \u00bfsab\u00e9s, hijito?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed, mami.<\/p>\n\n\n\n<p>Pedro baja del auto a Felipe, le pone la mochilita al hombro. Se corre el tapabocas de nuevo. Le da un abrazo y un beso. Le dice que lo quiere mucho.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Yo tambi\u00e9n.<\/p>\n\n\n\n<p>Pedro intenta convencer de nuevo al polic\u00eda para que lo deje cruzar. No, le responde. Proceda, dice. \u00bfPuedo ir? No. Al menor. Pedro se agacha para hablar con Felipe, voy a estar atr\u00e1s tuyo hasta que llegues con mam\u00e1, cualquier cosa, volv\u00e9s. Llama a Mariana, Pedro empieza a relatar el paso a paso de Felipe. Mariana le dice que se calle, que la pone nerviosa, que le avisa cuando lo vea. Felipe camina. Se quedan conectados, se oye el viento en la llamada.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Perro sal-chi-cha-gor-do-ba-chi-cha. No te tengo miedo, bichito. No te tengo miedo. Voy con mam\u00e1. Pap\u00e1 me cuida.<\/p>\n\n\n\n<p>Pedro ve a Felipe darse vuelta, lo saluda. Intenta disimular su llanto. Ve a su hijito \u00ednfimo ante las bardas, el r\u00edo, la precordillera que asoma mostrando la inmensidad de la naturaleza, el puente construido con maestr\u00eda por los hombres parece peque\u00f1o, pero m\u00e1s peque\u00f1o es el hombrecito ante un virus insignificante que paraliza sus vidas. Pedro llora con espasmos. El polic\u00eda, a dos metros reglamentarios de distancia, le dice que el nene est\u00e1 bien, que va a estar bien. Qu\u00e9 cruda que es la realidad, dice el polic\u00eda. Son quinientos metros, cinco cuadras, como del casco de estancia al establo, como desde mi cuarto al trabajo de mam\u00e1. Los caminaba a su edad yo tambi\u00e9n, dice Pedro en voz alta. \u00bfC\u00f3mo?, le pregunta el polic\u00eda. El viento patag\u00f3nico nos hace sentir que somos sordos, pero es porque aturde, piensa Pedro. No o\u00ed lo que me dijo, dice el polic\u00eda. Nada, no dije nada, responde Pedro.<\/p>\n\n\n\n<p>Mariana ve a su chiquito que empieza a aproximarse, le dice a Pedro ah\u00ed lo veo. Lo voy a filmar, Pedro le dice que no le grite. Mariana lo filma. Deja de escuchar a su ex. Vamos mi chiquito, vamos. <em>Velloncito de mi carne\/que en mi entra\u00f1a yo tej\u00ed\/velloncito friolento\/du\u00e9rmete apegado a m\u00ed.<\/em> Mariana te estoy escuchando, dice Pedro. Felipe que viene cantando \u201cEl pich\u00f3n p\u00eda con energ\u00eda\/Dice \u201cMam\u00e1 te ha fa-lla-do el radar\u201d, tambi\u00e9n grita:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Mam\u00e1aaaaaaaaaaa.<\/p>\n\n\n\n<p>Arrastra la mochila contra el asfalto mientras corre. Y de golpe se queda quieto, se asusta al escuchar las voces de dos nenas que se acercan con pa\u00f1uelos atados a la altura de sus narices. Hablan distinto, pero lo saludan y \u00e9l entiende. Una de ellas extiende su mano morenita y Felipe la agarra fuerte y tambi\u00e9n la otra mano que es igual de morena pero m\u00e1s chiquita. Las nenas caminan con Felipe hasta Mariana. Mariana abraza a su hijo, las nenas sonr\u00eden y pasan de largo. Nadie las espera. Mariana no repara en ellas. Felipe se aparta de Mariana y le dice:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Llevemos a las nenas con su mam\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>Mariana se sorprende por el pedido de Felipe. Le corta el tel\u00e9fono a Pedro y les chista. Desde donde est\u00e1 les pregunta a d\u00f3nde van. Las nenas no le responden y empiezan a caminar m\u00e1s r\u00e1pido. Se alejan. Felipe les chista tambi\u00e9n imitando a su mam\u00e1. Le nena m\u00e1s chiquita frena, lo mira y la m\u00e1s grande la agarra y tira. Las dos siguen su ruta. El polic\u00eda de la caminera de R\u00edo Negro le hace un gesto a Mariana para que circulen y sacude con su mano pesada la cabeza del nene. Ella alza a su hijo y lo sube al auto.<\/p>\n\n\n\n<p>Unos metros adelante, Felipe ve por la ventanilla a las nenas que caminan a la vera de la ruta. Las saluda, ellas le sonr\u00eden y le responden el gesto con timidez. Mariana acelera. Felipe respira profundo y habla:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Le tienen miedo al bichito, eso debe pasar o capaz, como pap\u00e1, no tienen mam\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color\" style=\"color:#7a0101\"><strong>In\u00e9s Kreplak <\/strong>es licenciada en Letras y mag\u00edster en Derechos Humanos y Democratizaci\u00f3n para Am\u00e9rica Latina y El Caribe. Public\u00f3 la novela Confluencia (Alto Pogo, 2017), el libro de cuentos Mirar al sol (EME, 2021) y los libros de poemas La ilusi\u00f3n de la larga noche (Santos Locos, 2019, Sincron\u00eda editorial, 2021, Isto Edi\u00e7\u00f5es, 2023) y Otras pieles (Santos Locos, 2022).&nbsp;Particip\u00f3 de las antolog\u00edas Liberoamericanas (Liberoam\u00e9rica, 2018) y Les poetas. Premio Poes\u00eda Bienal de Arte Joven de Buenos Aires (Gog &amp; Magog, 2019) y Planta a planta comienza la tierra. El sijo coreano. (Hwarang,2023). Obtuvo la beca 2020 en edici\u00f3n del British Council para participar del programa Elipsis en Colombia. \u201cA un puente de distancia\u201d gan\u00f3 el segundo puesto en el certamen literario Osvaldo Bayer 2020.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un llanto acongojado despierta a Pedro de un sue\u00f1o profundo. Todav\u00eda tiene en su retina la imagen v\u00edvida del caballo sobre el quir\u00f3fano con la carne de la pierna a la vista. La instrumentadora es su madre. Levanta su torso,&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":53,"featured_media":1216,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[20],"tags":[],"class_list":["post-1211","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-ficcion"],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/trumanmag.com\/wp-content\/uploads\/2023\/08\/c02b814890f4c55028bb5471e4ddefc0-art-collages-collage-art.jpg","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1211","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/53"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1211"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1211\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1218,"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1211\/revisions\/1218"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1216"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1211"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1211"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1211"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}