{"id":1190,"date":"2023-03-01T22:18:22","date_gmt":"2023-03-02T01:18:22","guid":{"rendered":"https:\/\/trumanmag.com\/?p=1190"},"modified":"2023-08-22T14:48:18","modified_gmt":"2023-08-22T17:48:18","slug":"una-madre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/2023\/03\/01\/una-madre\/","title":{"rendered":"Una madre"},"content":{"rendered":"\n<p>El ruido de la tele la calma, hay algo en el neutro de Peppa Pig que le hace pensar que todo est\u00e1 bien. Si en la casa reina ese sonido quiere decir que puede quedarse un rato m\u00e1s sobre el inodoro, desnudarse y mirarse al espejo, sacarse los pelos como si fueran maleza de la huerta, ducharse y sentir la presi\u00f3n caliente sobre los hombros y la espalda.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde que naci\u00f3 Elena -Elenita como le gusta llamarla a su marido para no confundir a hija con esposa- que est\u00e1 sola con sus hijos; comparte la casa y tambi\u00e9n el caf\u00e9, la m\u00fasica de la tele mientras prepara las comidas, sus gritos y los de sus hijos.<\/p>\n\n\n\n<p>El nacimiento de una hija la alej\u00f3 de ese sue\u00f1o que su marido le fue inculcando los \u00faltimos diez a\u00f1os que vivieron en la ciudad, en ese dos ambientes que para ella seguir\u00eda siendo hermoso, con sus plantas, las clases y las funciones en el teatrito del centro, sus amigos y la familia cerca.<\/p>\n\n\n\n<p>El embarazo de Elenita lleg\u00f3 como un sopapo: fue en el momento justo en que hab\u00eda tomado la decisi\u00f3n de dejar todo y volverse. Pensaba y repensaba en c\u00f3mo decirle a su marido que no quer\u00eda seguir con el proyecto de vivir en la Patagonia, y como si fuera a prop\u00f3sito, la \u00fanica vez en todo ese a\u00f1o en que \u00e9l la busc\u00f3 entre las s\u00e1banas, un mes y medio despu\u00e9s el test dio positivo. Ese d\u00eda Luciano estaba en la escuela y su marido hab\u00eda vuelto a almorzar. Era su aniversario.<\/p>\n\n\n\n<p>Para \u00e9l, la noticia fue motivo de festejo y le bes\u00f3 la panza chata. Con los d\u00edas empez\u00f3 a llegar tarde del trabajo, los fines de semana se convirtieron en d\u00edas<\/p>\n\n\n\n<p>laborales. Ahora tengo que trabajar m\u00e1s, le dijo, por el beb\u00e9. Al poco tiempo, \u00e9l apareci\u00f3 con una camioneta nueva. Pasaron unos meses m\u00e1s y agreg\u00f3 un auto a su patrimonio. Ante los reproches de ella, dijo que los iba a alquilar al turismo. Si antes la presencia de su marido era escasa, despu\u00e9s pas\u00f3 a ser una foto en la billetera, un cepillo de dientes que se usaba poco y nada, una afeitadora con pelitos en las cuchillas, una huella en el lado derecho de la cama.<\/p>\n\n\n\n<p>En los ratos libres, cuando Luciano andaba en la escuela y Elenita dorm\u00eda, empez\u00f3 a llorar a escondidas. Se hicieron habituales los mates sola y los mensajes sin respuesta, la ca\u00edda del pelo, barrer las hojas secas que se cuelan por debajo de la puerta, lavar la ropa, la cocina con la m\u00fasica del noticiero y la nostalgia de la ciudad, el deseo de mirar por la ventana con paisaje de concreto. No hay d\u00eda en que no le d\u00e9 manija a sus mon\u00f3logos mudos, a la forma de encontrar una vuelta atr\u00e1s, un regreso a su dos ambientes. A veces piensa, Elena, en si alguien la extra\u00f1ar\u00eda, en si alguien ser\u00eda capaz de darse cuenta si ella no estuviera.<\/p>\n\n\n\n<p>Se levanta del inodoro y se mira en el espejo. Escucha pasos en el patio. La ventana que da al espacio com\u00fan del predio est\u00e1 abierta. Se desviste y piensa de qui\u00e9n podr\u00e1n ser esos pasos. Si es el vecino de al lado le gustar\u00eda que la viera con la salida de ba\u00f1o que se compr\u00f3 en la galer\u00eda de Buenos Aires. Violeta, de encaje. Debe andar metida en la misma caja que lleg\u00f3 con la mudanza. Comprado para nada. Si es \u00e9l deber\u00eda taparse las tetas ca\u00eddas, achicharradas. Si la mira, si la esp\u00eda por el hueco de la ventana, va a verle los lunares en la espalda, las pecas que le pintan el cuello y los hombros. Podr\u00eda garrar el toall\u00f3n, envolverse, y asomar la cola, s\u00f3lo un poco. Si no estuviera tan descuidada la casa, lo invitar\u00eda a tomar unos mates, le preparar\u00eda un bizcochuelo o una torta con las manzanas que caen de los \u00e1rboles del barrio. Si tuviese m\u00e1s tiempo, le pedir\u00eda que la acompa\u00f1e al lago para ver el atardecer.<\/p>\n\n\n\n<p>Piensa en lo afortunada que es la vecina por tener pareja, y no como ella: un marido que come, caga y duerme, un soldadito de plomo que aparece cuando llega la novela de las nueve.<\/p>\n\n\n\n<p>Mira el reloj: falta una hora para que llegue \u00e9l, su marido, el gasista matriculado, el cuarent\u00f3n fachero venido a menos, el de la melena rubia y brillosa con la gorra puesta pero con una pelada atroz como casquete de Papa. Su marido, el que le prometi\u00f3 el para\u00edso de monta\u00f1as, lagos y paisaje y la meti\u00f3 en esa casucha en un barrio alejado del centro, la engrillet\u00f3 a sus hijos y a ser ama de casa sin sueldo. Su marido, el que la vaci\u00f3 de tiempo y le sum\u00f3 una nueva vida a su rutina.<\/p>\n\n\n\n<p>Mira el reloj, el que hered\u00f3 y recuerda la \u00faltima muerte, la de su madre. Unos d\u00edas antes de navidad, cuando todo parec\u00eda estar acomod\u00e1ndose para que tuviera compa\u00f1\u00eda. El pasaje se lo hab\u00eda reservado un a\u00f1o antes, s\u00f3lo faltaba ese vuelo para que vivieran juntas. El deseo de su madre de pasar la vejez con sus nietos se har\u00eda realidad en unas dos horas de avi\u00f3n, en un abrir y cerrar de ojos, tres a\u00f1os despu\u00e9s de haber enviudado. La muerte de su madre le lleg\u00f3 como una ola que aplasta, una cachetada que atonta y hace trastabillar hasta el derrumbe.<\/p>\n\n\n\n<p>La conversaci\u00f3n que tuvo con la hermana de su madre fue mero papeler\u00edo, pura cuesti\u00f3n administrativa, burocracia de caj\u00f3n. Lo que no le dijo era su \u00fanica verdad: ella tambi\u00e9n deseaba estar muerta.<\/p>\n\n\n\n<p>A su mejor amiga, la que le hab\u00eda quedado de hacer tantas obras de teatro, le cont\u00f3 de sus planes y deseos. Recordaron el protag\u00f3nico que le hab\u00edan ofrecido hacer cuando ya ten\u00eda el viaje planeado. Era quedarse sola o viajar con las promesas. Su marido le hab\u00eda dicho que en el pueblo seguro encontrar\u00eda trabajo, hasta le pagar\u00edan m\u00e1s porque \u00e9l ten\u00eda contactos. Un tipo que conoc\u00eda le hab\u00eda prometido llevarla a todo casting que hubiera.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 Cuando tenga mi propia casa -le dijo a su amiga la \u00faltima vez que hablaron para desearse un feliz a\u00f1o -voy a tener perros, un jard\u00edn grande para que los chicos puedan jugar y correr, voy a poder tener muchas plantas y una huerta de verdad y no como esta. Los cajones de verdura son una porqueria. Quien te dice, amiga, que pueda tener una pileta&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Abre la canilla caliente y observa el vapor que se eleva desde las baldosas hasta el techo. Escucha un ruido del otro lado y abre la puerta. En el comedor Elenita golpea la pantalla del televisor con uno de los fibrones que usa Luciano en la escuela.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 \u00a1\u00bfQu\u00e9 mierda est\u00e1s haciendo?! -la interrumpe, su hija se sorprende y cae sobre su pa\u00f1al acolchonado- \u00a1\u00bfVos sos est\u00fapida, nena?! -la voz le carraspea, le pica en la garganta, en el est\u00f3mago.<\/p>\n\n\n\n<p>Luciano sale corriendo de la habitaci\u00f3n y levanta a su hermana en brazos. Le da unos golpecitos en la espalda y Elenita le dibuja la remera con el fibr\u00f3n. Su hijo la mira con los ojos como dos bolas negras de pool. Esa misma mirada se la ve cuando lo saludan los vecinos. Recuerda que la primera vez que lo vieron en la entrada de la casa, le preguntaron por su nombre. Luciano estaba festejando uno de sus goles en el patio com\u00fan y al verlos llegar, se qued\u00f3 quieto, duro como escoba y agach\u00f3 la cabeza. La vecina le hizo la pregunta una vez m\u00e1s y \u00e9l respondi\u00f3 con su nombre en el volumen m\u00e1s bajo que pueda emitir una voz.<\/p>\n\n\n\n<p>Elena cierra la puerta y se tapa la boca. El portazo la vuelve a dejar sola en el ba\u00f1o como si fuera una trinchera. Se agarra la cara con ambas manos y se clava las u\u00f1as en la frente, en las mejillas, en el cuello. Aprieta la mand\u00edbula y se le escapa un grito ahogado.<\/p>\n\n\n\n<p>El espejo le devuelve su imagen deforme, borrada. Se ve flaca, huesuda, como si mudarse le hubiera agregado el doble de edad a su cuerpo. A veces siente que cada vez se parece m\u00e1s a su madre de vieja. La cara p\u00e1lida, una Marcel Marceau sin sonrisa. Levanta los brazos y ve entre la bruma del vapor las salientes en los codos, en los hombros, las mu\u00f1ecas que de tan chicas podr\u00edan quebrarse con un soplido, los dedos fin\u00edsimos. Adivina las ojeras y se dibuja con las yemas esas oquedades de panda en jaula de zool\u00f3gico. Del techo cuelgan gotitas de agua y por la ventana se escapa el vapor. Escucha el relato de un partido de f\u00fatbol. Se envuelve en la toalla y se agarra de la manija de la puerta. Quisiera insultarlo, decirle a su hijo que no lo aguanta m\u00e1s, que el f\u00fatbol es una mierda y que los dejar\u00eda solos si pudiera.<\/p>\n\n\n\n<p>Abre la puerta y les pide que por favor vayan a jugar al patio. Elenita gira el cuello como una lechuza y a Luciano se le escurre el control remoto de las manos. Las pilas saltan y su hija se r\u00ede. Grita. Luciano se agacha para agarrarlas. Elena tiene los ojos irritados, las venas se le marcan en la frente. Su hijo pide perd\u00f3n y arruga la camiseta del Manchester United. Revuelve los dedos en la tela y agacha la cabeza. Elenita se lleva una pila a la boca, la chupa y mira a su mam\u00e1. No puedo m\u00e1s, se escucha decir. Las palabras se le resbalan de la boca. Elenita grita.<\/p>\n\n\n\n<p>Da un nuevo portazo y el grito disminuye. Se queda con la manija en la mano, la misma que ya se sali\u00f3 un centenar de veces.<\/p>\n\n\n\n<p>Una mosca entra por la ventana y con el zumbido Elena gira la cabeza de un lado al otro. Respira hondo y exhala. Inventa un manotazo y corta el aire denso del ba\u00f1o. La ve posarse sobre el vidrio empa\u00f1ado. La mosca hace una peque\u00f1a diagonal y vuelve a remontar vuelo. Elena agarra la ojota y sube un pie al inodoro. Hasta el techo no llego, se queja y queda con la boca abierta como si a la mosca le estuviera allanando el camino hacia un pasadizo oscuro.<\/p>\n\n\n\n<p>En el patio com\u00fan Luciano le da indicaciones a su hermana. Ella golpea la puerta de un vecino.<\/p>\n\n\n\n<p> \u2014 \u00a1No! Eso no se hace -le escucha decir a su hijo.<\/p>\n\n\n\n<p>Elena chista y al ver que su hija no se calla, se asoma a la ventana.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Callate! -dice, estira el cuello y se agarra del marco de la ventana.<\/p>\n\n\n\n<p>Antes, apenas se instalaron, hubiera pensado en los vecinos, hoy ya no le importan. Luciano es m\u00e1s medido, solo grita cuando juega al f\u00fatbol o cuando festeja alg\u00fan gol de la tele. Los fines de semana, cuando su amigo de la vuelta se presenta con la pelota bajo el brazo y los botines reci\u00e9n ajustados, Luciano sale corriendo y por unas dos o tres horas s\u00f3lo escucha el ruido de la pelota contra paredes, escaleras y los autos estacionados.<\/p>\n\n\n\n<p>Elena aprovecha esos momentos para ponerle la tele a su hija y se tira en la cama a escuchar la radio o a pasar el rato. Cuando los dibujitos terminan, Elenita suele bajarse de la silla, asomarse a la ventana y responder a cada festejo de su hermano con un grito agudo y sostenido. A veces ella, la madre, no entiende c\u00f3mo le soportan las cuerdas vocales.<\/p>\n\n\n\n<p>Busca la mosca con la mirada y se la imagina a su hija ah\u00ed afuera con el gorro rosa de lana que le teji\u00f3 su madre muerta, jugando, clavando la palita de playa y las u\u00f1as en la tierra sin pasto y tir\u00e1ndola a la calle. Luciano le da la mano y la acompa\u00f1a con el movimiento del brazo para que tire la tierra en el balde. Ella sabe que su hijo limpiar\u00e1 los desastres que deja Elenita. Los agujeros que hace parecen de topos. Si su esposo estuviera, alentar\u00eda a su hija para que dejara todo hecho un enchastre. \u00c9l no piensa en que la lluvia es moneda corriente y que despu\u00e9s los vecinos la mirar\u00e1n mal cuando tienen que esquivar los mont\u00edculos de barro. \u00c9l no piensa porque su familia, Elenita, Luciano y ella, son s\u00f3lo un momento del d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>La mosca da unas vueltas en c\u00edrculo y vuelve al espejo. Parecer\u00eda estar chupando el vapor adherido al vidrio. Ella la mira fijo, casi que la contempla, la mide. El chorro que cae de la ducha comienza a salpicar las paredes humedecidas y contra la capa de agua que poco a poco fue inundando la superficie del piso. Un manojo de pelos se separa y se pega a la rejilla. La mosca vuela cerca de su imagen repetida, puntito negro y mugriento, y se queda quieta. Ella sigue el movimiento del insecto. Estira el codo hacia atr\u00e1s como si fuera una flecha que tensa el arco y de un latigazo el pu\u00f1o se incrusta en el espejo. Su cara se quiebra en varios pedacitos. Algunas astillas caen sobre la pileta de ba\u00f1o. Se mira el pu\u00f1o, la sangre entre los dedos. No ve rastros del insecto.<\/p>\n\n\n\n<p>Primero mete la mano debajo del agua que sale de la canilla, mira la sangre que emana de los cortes y se desliza por la porcelana del vanitory. Escucha a los chicos saliendo al patio. El piso se cubrir\u00e1 de una nueva alfombra de tierra mojada. La pelota pica contra las baldosas y ella no duda en pegar el grito. Apaga la ducha. La voz no le sale. Piensa que debe ser por esa carraspera que sinti\u00f3 antes. Su hija grita y no calla. Sabe que en cualquier momento se largar\u00e1 a llorar. Luciano le dar\u00e1 la mano, le sacar\u00e1 el gorro y cambiar\u00e1 el canal de f\u00fatbol por el de dibujitos. \u00c9l sabe cuidarla. Elena piensa qu\u00e9 har\u00eda su madre, qu\u00e9 le dir\u00eda a ella que est\u00e1 sola y debe lidiar con dos hijos. Tal vez la levantar\u00eda en brazos a su nieta, la llenar\u00eda de besos, le har\u00eda cosquillas y reir\u00edan juntas. La llevar\u00eda en el cochecito a la plaza y le hablar\u00eda de los \u00e1rboles y las plantas, inventar\u00eda historias con las monta\u00f1as y los p\u00e1jaros, con el monstruo del lago. Intentar\u00eda jugar al f\u00fatbol con Luciano, unos pases, despacito.<\/p>\n\n\n\n<p>Elena vuelve a abrir la canilla de la ducha, abre la cortina y se mete. Siente la presi\u00f3n sobre los hombros, la espalda, la cola. Se quedar\u00eda a vivir ah\u00ed adentro. Sin tele, sin hijos. Si pusiera el agua para el mate cree que la temperatura ser\u00eda parecida. Tiene la piel enrojecida, los nudillos le arden. Se mira la mano, hay un corte que parece m\u00e1s profundo que el resto. La sangre brota, gotea, corre y hace un remolino alrededor de sus pies.<\/p>\n\n\n\n<p>Calcula la hora. No debe faltar mucho para que llegue su marido. \u00c9l abrir\u00e1 la puerta de entrada cuando queden pocos minutos para la novela. Levantar\u00e1 a Elenita y le har\u00e1 el avioncito una y otra vez hasta que ella se descostille de risa. Seguro traer\u00e1 golosinas y con Luciano jugar\u00e1n al arco a arco en el pasillo hasta que su hijo se quede sin voz de tanto gritar los goles que su pap\u00e1 se deja hacer. Antes de irse a dormir ella le pasar\u00e1 un pa\u00f1o h\u00famedo a las marcas en las paredes.<\/p>\n\n\n\n<p>El agua le corre por los pliegues de los brazos, de la panza, por los om\u00f3platos. Siente la cara caliente. Cree escuchar el zumbido de la mosca. Tal vez es una nueva que se meti\u00f3 por la ventana. Saca la cabeza del chorro de agua. Mira el vidrio sobre las baldosas, la sangre que se adhiri\u00f3 a las astillas por el golpe. Piensa en qu\u00e9 pasar\u00eda si al salir caminara por ese piso. Se le tensar\u00edan las plantas de los pies. Los fragmentos del espejo, diminutos, le abrir\u00edan grietas, heridas punzantes. Se aprieta la mano y se la lleva a la boca. Chupa y se lame el dorso, los dedos.<\/p>\n\n\n\n<p>Las voces en neutro del programa favorito de su hija est\u00e1n m\u00e1s fuertes que de costumbre. Decide quedarse debajo de la ducha y se siente \u00fanica, como en las funciones del teatro de la ciudad: el farol ah\u00ed, s\u00f3lo para ella.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color\" style=\"color:#770606\"><strong>Ariel D Adler<\/strong> naci\u00f3 en 1991. Se recibi\u00f3 de Dise\u00f1ador de Imagen y Sonido en la Universidad de Buenos Aires. Fue docente en la materia Sociolog\u00eda y en diversas escuelas de nivel medio. Public\u00f3 en Revista Anfibia, Revista Son\u00e1mbula, Diario R\u00edo Negro, En Estos D\u00edas, entre otros. Forma parte de tres antolog\u00edas con cuentos y poes\u00edas. Obtuvo el primer premio en el Concurso Literario de la Universidad de Rio Negro 2020, fue finalista en el Premio Leamos en 2020,y  en el Concurso de Cr\u00f3nicas Patag\u00f3nicas en 2019 y 2020. Recibi\u00f3 el primer premio en la categor\u00eda poes\u00eda en el Concurso Alejandro Vignatti en 2017 y obtuvo una menci\u00f3n en el XXXIV Certamen Internacional De Los Cuatro Vientos en 2016. Fue seleccionado por el Ministerio de Cultura de la Naci\u00f3n como artista emergente en el Programa Escena P\u00fablica en 2017-2018. Fue premiado con la novela Vaca ganada en la Bienal de Arte Joven Buenos Aires 2021-2022. En el 2022 recibi\u00f3 la primera menci\u00f3n en el Concurso del Programa de Fomento Audiovisual de la Provincia de R\u00edo Negro con su gui\u00f3n de largometraje \u201cTodos los santos\u201d. En el mismo 2022 le fue otorgada una beca del Fondo Nacional de las Artes por su libro de cuentos \u201cNubes grises como de tormenta\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El ruido de la tele la calma, hay algo en el neutro de Peppa Pig que le hace pensar que todo est\u00e1 bien. 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