{"id":1185,"date":"2023-02-01T10:11:31","date_gmt":"2023-02-01T13:11:31","guid":{"rendered":"https:\/\/trumanmag.com\/?p=1185"},"modified":"2023-08-22T14:48:56","modified_gmt":"2023-08-22T17:48:56","slug":"buma","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/2023\/02\/01\/buma\/","title":{"rendered":"Buma"},"content":{"rendered":"\n<p>Mientras ordenaba mi biblioteca, entre los estantes con libros y papeles viejos, encontr\u00e9 un poema de Buma. Algunas palabras estaban borroneadas, no se le\u00edan bien. Era una chica gordita, con acn\u00e9. Cara redonda. Ojos claros. A veces vest\u00eda pantalones y otras medias amarillas, polera de cuello alto y tacos.&nbsp; Sol\u00eda matarse de hambre hasta que descubri\u00f3 las pastillas: nosotros le dec\u00edamos \u201cla farmacia\u201d. Su familia viv\u00eda en Avellaneda. El padre vend\u00eda joyas de puerta en puerta, la madre era ama de casa. A Buma no le interesaba hablar de sus antepasados ni de c\u00f3mo llegaron al Hotel de Inmigrantes. Su apodo, en <em>idish<\/em>, era florcita. Ella lo detestaba. S\u00f3lo le gustaba venir al centro y pasar horas en&nbsp; mi departamento de Posadas. Estudiaba en la Alianza Francesa y hab\u00eda un cierto desparpajo en su lenguaje. Con el tiempo me di cuenta de que detr\u00e1s de esa pose ten\u00eda un olfato literario. No paraba de hablar de los surrealistas, del abismo que hab\u00eda entre Par\u00eds y Buenos Aires. Se le hab\u00eda ocurrido la idea de alquilar un cuarto en Saint Sulpice, comer <em>croissants<\/em> y cambiarse de nombre.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;\u00cdbamos a las trasnoches del Lorraine y amanec\u00edamos con una pizza en Guerr\u00edn. Ella gritaba: <em>garcon<\/em> para pedir una napolitana con fain\u00e1.&nbsp; Deambul\u00e1bamos por las librer\u00edas de Viamonte.&nbsp; Por ese entonces a un ciruja dormido en la plaza San Mart\u00edn le dibujaron un c\u00edrculo de tiza alrededor. Eso es arte, dijo Buma y me arrastr\u00f3 al Di Tella. Vimos a cuarenta hombres y mujeres hacer un plant\u00f3n durante horas sobre un escenario.&nbsp; Entramos a la mu\u00f1eca Menesunda a trav\u00e9s de un t\u00fanel. Una pareja en la cama. Una calesita. Un tel\u00e9fono con olor a dentista. Bailamos descalzas sobre un piso con talco. Tiramos volantes en la entrega de&nbsp; premios en el Museo de Bellas Artes, planeamos secuestrar al director y publicar una proclama. Buma beb\u00eda mis palabras como si fuera agua. Ahora me es dif\u00edcil recordar como era antes. Nunca imagin\u00e9 que har\u00eda algo as\u00ed, aunque me lo hab\u00edan anticipado: lo da vueltas al analista, lo vuelve loco. Te sentabas a conversar o a tomar un caf\u00e9 y se las ingeniaba para adivinar lo que callabas detr\u00e1s de lo que dec\u00edas. Yo no s\u00e9 si lo aprendi\u00f3 o si era algo que le ven\u00eda s\u00f3lo. Para ella, todo era noche. Sus poemas parec\u00edan una casita de las que arman los chicos en la rama de un \u00e1rbol y de pronto a ese refugio se le vuela el techo. Estar cerca era como meter los dedos en el enchufe.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aunque sus versos empezaron a circular y tuvo algunas rese\u00f1as elogiosas nunca estaba conforme. Si ten\u00eda el sujeto le faltaba el verbo. Le quedaba el predicado, harapos que no sab\u00eda a qui\u00e9n regalar. No pod\u00eda con una frase porque ten\u00eda el o\u00eddo castrado. Algo la alejaba de las palabras. Pero conmigo era otra cosa. Habl\u00e1bamos durante horas y cuando se mud\u00f3 sola nos encontr\u00e1bamos en su departamento. Libros desparramados en el piso. Hojas pegoteadas con mermelada. Platos sucios encima de la cama. Un saquito de t\u00e9 en una taza oscura, casi negra. Ol\u00eda a cenicero, a trapo mojado. Yo no pod\u00eda soportar el caos. Compr\u00e9 s\u00e1banas y cortinas nuevas. Cambi\u00e9 las almohadas, las toallas, el tapizado de un sill\u00f3n polaco. Fregu\u00e9 el inodoro hasta dejarlo blanco. A Buma se lo pod\u00eda venir el techo abajo que no se le mov\u00eda un pelo. A veces aparec\u00eda la madre para cocinarle fideos, pagarle las cuentas o acompa\u00f1arla al banco.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La relaci\u00f3n se fue desgastando. Cuando le pregunt\u00e9 por qu\u00e9 escrib\u00eda se sinti\u00f3 molesta. Su error (se lo se\u00f1al\u00e9 m\u00e1s de una vez) era querer aferrarse a las formas. Y eso por desprecio, por venganza, porque las formas no la dejaban aullar y andar en cuatro patas. Le ped\u00ed que volviera a su estilo salvaje, feroz, deforme. Siempre tendr\u00eda tiempo para la gram\u00e1tica. Empez\u00f3 a martirizarme con llamadas. Yo lo \u00fanico que pensaba era en sac\u00e1rmela de encima. Supongo que muchas veces fui mala con ella. Supongo que yo quer\u00eda ignorarla como otros lo hac\u00edan conmigo. Por la cara de Buma sab\u00eda cuando estaba herida. Le pod\u00eda decir: mira, me parece que descarrilaste. Este poema no va junto con este. Una de las cosas que discut\u00edamos era el orden de los poemas, porque uno arroja sombra sobre el que viene o el que va detr\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Todo se desbarranc\u00f3 cuando le anunci\u00e9 mi viaje a Berl\u00edn. Llamadas a la embajada, poner las cuentas al d\u00eda, comprar ropa, buscar a alguien que se ocupara de Posadas. Por ese entonces, Buma vino a casa.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sylvette, me dijo.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No le contest\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Vos me quer\u00e9s, \u00bfcierto?<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No pod\u00eda reaccionar y era como si el verdadero sue\u00f1o fuera este y no Berl\u00edn.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Siempre me quisiste, insisti\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por supuesto.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La dej\u00e9 sola en la biblioteca. Me sigui\u00f3 hasta el dormitorio. Le cerr\u00e9 la puerta en la cara.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lo sab\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Me sent\u00e9 en la cama. Estaba entusiasmada con el viaje pero al mismo tiempo hab\u00eda algo en la voz de Buma que me preocupaba. Era como si hasta este momento nunca hubiera pensado en ella. La escuch\u00e9 llorar detr\u00e1s de la puerta.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00bfTen\u00e9s&nbsp;un poema nuevo?, le pregunt\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; S\u00ed, contest\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se trag\u00f3 los mocos.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De repente me pareci\u00f3 que la amaba m\u00e1s que a cualquier persona en el mundo. Quer\u00eda que me perdonara por c\u00f3mo la hab\u00eda tratado.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pese a estar entretenida con los preparativos no me olvid\u00e9 de Buma. Intent\u00e9 escribirle pero ni bien terminaba un mensaje romp\u00eda el papel. Me sal\u00edan lugares comunes, una necesidad de justificar mi abandono. La ve\u00eda tan desamparada\u2026 Al final la llam\u00e9. Me contest\u00f3 bostezando, se hab\u00eda levantado a las cuatro de la tarde. Odiaba los relojes. Me robaron el d\u00eda, dec\u00eda. Creo que percibi\u00f3 algo en mi voz, un tono de despedida. Cort\u00e9 en medio de una frase.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las cosas siguieron as\u00ed durante un tiempo. De golpe quer\u00eda hablar de los libros que iba a comprar, de la gente que iba a conocer y ah\u00ed estaba Buma, escuchando mi parloteo. Me di cuenta de que estaba celosa de mi viaje. Despu\u00e9s me enferm\u00e9, una fiebre alta, un virus. Los m\u00e9dicos no acertaban el diagn\u00f3stico. Tuve que postergar todo. Buma empez\u00f3 otra vez a molestarme. Andaba siempre dando vueltas, me llamaba a cada rato como si tuviera algo que decirme o quisiera que yo le contara algo. Su conversaci\u00f3n tiraba para el lado del sexo. \u201cMe voy con la primera que se me cruce\u201d, amenaz\u00f3. Me enter\u00e9 que iba a leer al cementerio de Avellaneda, se ti\u00f1\u00f3 el pelo, no le gust\u00f3 el color y se rap\u00f3 como una jud\u00eda ortodoxa. Se puso pesta\u00f1as postizas, larg\u00f3 el an\u00e1lisis.&nbsp; Hizo el primer intento de suicidio. Los padres la internaron en el Pirovano, con salidas los fines de semana. Un s\u00e1bado nos encontramos en la casa de unos amigos. Hab\u00eda sandwichitos, vino blanco y un traductor ruso. La vi recuperada, hablaba hasta por los codos,<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No puedo asegurar si todo fue en un d\u00eda o de una semana para otra, estaba tan molesta con la suspensi\u00f3n del viaje que el tiempo transcurri\u00f3 sin que me diera cuenta. Buma estaba insoportable. Empez\u00f3 a tartamudear. No le atend\u00ed el tel\u00e9fono. Ella dej\u00f3 de llamarme. Un d\u00eda me emboc\u00f3 con la excusa de reclamarme un libro. Al o\u00edrla se me endureci\u00f3 la panza.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00bfQue\u2026 quer\u00e9s venir a casa? -pregunt\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00bfPuedo ir yo?<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No me llam\u00e9s m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El grito retumb\u00f3 en la cocina.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;Pocas veces me descontrol\u00e9 as\u00ed. Empec\u00e9 a hablar sin saber bien lo que dec\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00bfPor qu\u00e9 me segu\u00eds todo el tiempo como un perro? \u00bfNo te das cuenta de que no quiero verte?<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuando cort\u00e9, la biblioteca estaba fr\u00eda y oscura. Saqu\u00e9 un cigarrillo del atado. Lo prend\u00ed. Me acerqu\u00e9 a la ventana de Posadas. Abajo, un pie suplantaba al otro. Un acelerador a fondo. Gomas que rechinaban.&nbsp; Bocinas. Luces. El enojo fue pasando. Estaba cansada. No paraba de pensar en c\u00f3mo pedirle disculpas. La cabeza me dol\u00eda tanto que termin\u00e9 de fumar, me hice un t\u00e9 y me fui a la cama.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;Cuando volv\u00ed del viaje me enter\u00e9 que Buma hab\u00eda ganado un concurso en La Matanza, justo ella que odiaba el conurbano. El premio era la publicaci\u00f3n de un libro. Algunos ejemplares fueron a bibliotecas populares.&nbsp; Quer\u00eda verla pero no pod\u00eda. Necesitaba estar sola. No s\u00e9 por qu\u00e9 ni para qu\u00e9 pero esperaba su llamada. En realidad lo que deseaba era ordenar mi cabeza. Extra\u00f1aba los momentos que compartimos juntas, c\u00f3mo nos divert\u00edamos en los happenings o tir\u00e1bamos volantes en Bellas Artes. Nunca cre\u00ed que llegar\u00edamos a esto. Pero los meses pasaron. Me parec\u00eda imposible encontrar algo que nos acercara. A\u00f1os despu\u00e9s vi su necrol\u00f3gica en La Naci\u00f3n. Buma, ahora, era Alejandra. Su mirada me hizo pensar que, si pudiera, es a m\u00ed a quien deber\u00eda haber matado.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color\" style=\"color:#bc0202\"><strong>Mar\u00eda In\u00e9s Krimer<\/strong>&nbsp; naci\u00f3 en Paran\u00e1, Entre R\u00edos. Public\u00f3 <em>&nbsp;La hija de Singer<\/em> ( 2002, novela, Primer Premio Fondo Nacional de las Artes), <em>El cuerpo de las chicas<\/em> ( 2006),<em> Lo que nosotras sab\u00edamos <\/em>&nbsp;( 2009, novela, Premio Emec\u00e9), <em>Sangre kosher <\/em>(2010, novela, Aquilina, traducida al alem\u00e1n por <em>Diaphanes <\/em>y al italiano por <em>Atmosphere Libri<\/em>), <em>Siliconas express <\/em>&nbsp;(2013, novela, Aquilina), <em>La inauguraci\u00f3n <\/em>&nbsp;(2011, novela, El Ateneo, Premio Letra Sur, editada en Espa\u00f1a por Real Noir), <em>Sangre fashion <\/em>(2015, novela, Aquilina), <em>Noxa <\/em>( 2016, novela, Rev\u00f3lver, finalista del Premio Hammett 2017<em>), Cupo<\/em> (2019, novela, Rev\u00f3lver, finalista del premio Hammett 2020). Particip\u00f3 en <em>El g\u00e9nero negro en cinco autores latinoamericanos<\/em> (2018, Babel) y en <em>Buenos Aires Noir<\/em> (2019, Penguin).Sus relatos integran diversas antolog\u00edas. <em>&nbsp;Papeles de Ana<\/em> ( 2021, Obloshka) es su \u00faltima novela.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mientras ordenaba mi biblioteca, entre los estantes con libros y papeles viejos, encontr\u00e9 un poema de Buma. Algunas palabras estaban borroneadas, no se le\u00edan bien. Era una chica gordita, con acn\u00e9. Cara redonda. Ojos claros. 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