{"id":1175,"date":"2023-01-30T11:15:21","date_gmt":"2023-01-30T14:15:21","guid":{"rendered":"https:\/\/trumanmag.com\/?p=1175"},"modified":"2023-01-30T11:22:02","modified_gmt":"2023-01-30T14:22:02","slug":"el-pus-del-diablo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/2023\/01\/30\/el-pus-del-diablo\/","title":{"rendered":"El pus del diablo"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>1<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Fue como si la puerta lo hubiera escupido para adentro.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Se sec\u00f3 \u2014dijo, y se qued\u00f3 al pie de mi cama, mir\u00e1ndome.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00e1bado, nueve de la ma\u00f1ana. Yo, entre sue\u00f1os, con ganas de cualquier cosa menos de contagiarme la excitaci\u00f3n que Tito parec\u00eda traer de la calle.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014\u00bfNo me escuchaste, la puta madre? \u2014de un manotazo me arranc\u00f3 las s\u00e1banas.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014\u00a1Qu\u00e9 hac\u00e9s pelotudo!<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014\u00a1Se sec\u00f3, te digo!<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Me sent\u00e9 con los pies fuera de la cama. La cabeza me daba vueltas y la voz de Tito me llegaba con un eco deformado, como si me estuviera hablando desde dentro de un balde de hojalata.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014\u00bfEst\u00e1s seguro?<\/p>\n\n\n\n<p>          \u2014Vengo de all\u00e1, hay mucha gente. Mi abuela sali\u00f3 rajando a la iglesia para confesarse. Dice que es un aviso de Dios, lo contrario a un milagro. Que algo malo va a pasar.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014A lo mejor es una ilusi\u00f3n \u00f3ptica \u2014le dije para tranquilizarlo, mientras tanteaba el piso con los pies en busca de las zapatillas\u2014. A veces, de tan quieta, el agua no parece agua. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1n, carajo?<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tito me se\u00f1al\u00f3 debajo de la mesita de luz. Para no agacharme, estir\u00e9 lo m\u00e1s que pude la pierna izquierda, us\u00e9 los dedos como garfios y arrastr\u00e9 las zapatillas hacia m\u00ed. Me las calc\u00e9 con fastidio. No quer\u00eda levantarme.<\/p>\n\n\n\n<p>          \u2014El Ram\u00f3n se meti\u00f3 \u2014continu\u00f3 Tito\u2014. Yo lo vi. Primero daba pasos cortos. Creo que ten\u00eda miedo de que el fondo estuviera demasiado blando. Pon\u00eda el segundo pie donde antes hab\u00eda puesto el primero, como las mulas. Despu\u00e9s se fue animando. A la mitad se agach\u00f3 y desenterr\u00f3 algo. Lo mir\u00f3, lo limpi\u00f3 un poco y me llam\u00f3 a los gritos. Ah\u00ed me cagu\u00e9 todo y vine. Dale, Javi, cambiate y vamos.<\/p>\n\n\n\n<p>        \u2014Dejate de romper las bolas&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>        \u2014Mir\u00e1 si lo encuentran.<\/p>\n\n\n\n<p>        \u2014\u00bfA qui\u00e9n?<\/p>\n\n\n\n<p>        \u2014\u00bfA qui\u00e9n va a ser?<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><strong>2<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Antes de salir, agarr\u00e9 un pedazo de pan de la cocina. Estaba tibio. Le convid\u00e9 a Tito pero no quiso. Afuera, el sol pegaba sin piedad. Me lastimaba los ojos. Quise volver a buscar una gorra.<\/p>\n\n\n\n<p>     \u2014\u00bfTen\u00e9s mierda en la cabeza vos? \u2014se calent\u00f3 Tito.<\/p>\n\n\n\n<p>     \u2014Par\u00e1, par\u00e1, tranquilo. Ya no debe de quedar nada.<\/p>\n\n\n\n<p>     \u2014\u00bfQu\u00e9 sab\u00e9s?<\/p>\n\n\n\n<p>     \u2014Eso era todo brea, \u00e1cido. Y pasaron como cinco a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>     \u2014Hay que ir igual, uno nunca sabe. Apurate.<\/p>\n\n\n\n<p>Eran tres cuadras largas hasta el Riachuelo. Tres cuadras que hac\u00eda tiempo no caminaba. Mi vida se hab\u00eda dado vuelta, hab\u00eda cambiado de punto cardinal. Ten\u00eda diecisiete a\u00f1os y rumbeaba para otros lados que supon\u00eda mejores. Trat\u00e9 de hacerme a la idea: el Riachuelo seco. Imposible. En una \u00e9poca, dec\u00edan, hab\u00eda sido un r\u00edo normal. La gente se ba\u00f1aba en sus orillas y pescaba peces oscuros como costras de barro, pero que a la sart\u00e9n sal\u00edan ricos. Las aguas corr\u00edan a desgano, porque al fin de cuentas era un r\u00edo chato de tierras bajas, pero corr\u00edan y no ol\u00edan a otra cosa que no fuera agua. Eso s\u00ed: nadie vivo en Pompeya hab\u00eda sido testigo de aquellos a\u00f1os y para m\u00ed esas historias eran puro cuento. El Riachuelo, cre\u00eda yo, hab\u00eda sido siempre una sopa espesa de aceites y alquitranes. Una llaga m\u00e1s que un r\u00edo, que serpenteaba a espaldas de los frigor\u00edficos y las curtiembres donde trabajaban nuestros padres.<\/p>\n\n\n\n<p>     \u2014Se habr\u00e1 secado, pero apesta igual \u2014le dije a Tito.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese olor a pudredumbre hab\u00eda sido el perfume de nuestros mejores d\u00edas. De chicos, todas las tardes a la salida del colegio, baj\u00e1bamos a sus orillas. Se hablaba de que entre los pastizales viv\u00edan ratas tan grandes que devoraban de tres dentelladas a los cusquitos que se escapaban de las casas y a los cuerpos que cada tanto aparec\u00edan por ah\u00ed con la garganta tajeada o con un balazo en la frente. Pero no nos importaba. Tito, el Cardo y yo. A falta de Mompracem, los Tigres del Riachuelo. Armados con gomeras y lanzas hechas con cuchillos de cocina oxidados y ca\u00f1as de medio metro, recorr\u00edamos sin miedo cada mil\u00edmetro de esa cloaca a cielo abierto que, seg\u00fan la abuela de Tito, destilaba el pus del Diablo.<\/p>\n\n\n\n<p>El m\u00e1s valiente era el Cardo. Le dec\u00edamos as\u00ed porque la madre le cortaba el pelo tan corto que le quedaba erizado y pinchudo. Era capaz de enfrentar cualquier peligro sin medir las consecuencias y nada lo irritaba m\u00e1s que alguien pusiera en duda sus agallas. \u201cA que no te anim\u00e1s\u201d, le dec\u00edamos para chucearlo si el d\u00eda ven\u00eda medio zonzo. Y \u00e9l, para taparnos la boca, se animaba a lo que fuera.<\/p>\n\n\n\n<p>Una vez encontramos un rev\u00f3lver. No estaba oxidado. Seguramente lo hab\u00edan tirado ah\u00ed poco tiempo antes.<\/p>\n\n\n\n<p>     \u2014A que no te anim\u00e1s a romperle la ventana de un balazo a la gorda Zulma \u2014le dijo Tito.<\/p>\n\n\n\n<p>Odi\u00e1bamos a la gorda Zulma porque el verano anterior nos hab\u00eda pinchado una pelota de cuero que hab\u00edamos pateado sin querer al patio de su casa. Tito agarr\u00f3 el revolver por el ca\u00f1o y se lo ofreci\u00f3 al Cardo. El Cardo lo manote\u00f3 casi con rabia y se lo calz\u00f3 en la cintura como los pistoleros del Far West. Era una tarde pesada, h\u00fameda. El cielo se hab\u00eda encapotado y las calles estaban vac\u00edas. Fuimos hasta la casa de la gorda Zulma corriendo en puntas de pie, como si hubi\u00e9ramos temido que nuestras pisadas pudieran delatarnos. El Cardo se parapet\u00f3 detr\u00e1s de la caja de un cami\u00f3n estacionado. Nosotros, en la esquina, listos para huir. Me pareci\u00f3 que el Cardo dispar\u00f3 una sola vez, pero se escucharon dos estruendos apretados y el ruido de los vidrios rotos. Enseguida, gritos. Escapamos hacia el Riachuelo y nos refugiamos en la protecci\u00f3n de los pastizales. Despu\u00e9s, seguimos por la orilla hasta el Puente Alsina. Tiramos el rev\u00f3lver ah\u00ed y regresamos a la media hora como si nada. El barrio entero estaba en la calle. Un patrullero y una ambulancia, en lo de la gorda Zulma. La puerta abierta. Tito empez\u00f3 a lloriquear. \u201c\u00bfY si la matamos, eh, y si la matamos?\u201d Pero enseguida apareci\u00f3 nuestra enemiga con la cara deformada de llorar y las piernas flojas, sostenida por dos enfermeros que la llevaban hacia la ambulancia, asustada hasta el desmayo pero viva. \u201cEsa hija de puta no nos pincha una pelota nunca m\u00e1s\u201d, murmur\u00f3 el Cardo con los dientes apretados. Y me pareci\u00f3 que los ojos le brillaban con un relumbr\u00f3n extra\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><strong>3<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Tito ten\u00eda raz\u00f3n. El Riachuelo estaba seco, como si toda la porquer\u00eda arrojada durante a\u00f1os se hubiera terminado de beber lo poco de agua que le quedaba. El Ram\u00f3n segu\u00eda del otro lado y saludaba a los de ac\u00e1 con la alegr\u00eda hist\u00e9rica del n\u00e1ufrago que acaba de ver la lancha de rescate. En el lecho barroso sobresal\u00eda el chasis podrido de un auto, entre otros objetos que hab\u00edan perdido la forma y el color y que ahora parec\u00edan los fantasmas siniestros de un planeta arrasado. La c\u00e1mara de un canal de televisi\u00f3n registraba todo. El periodista, pringoso de sudor en su traje gris, hablaba con voz engolada de un fen\u00f3meno \u00fanico en el mundo cuyas causas se desconoc\u00edan.<\/p>\n\n\n\n<p>     \u2014Yo no me acuerdo muy bien d\u00f3nde fue \u2014dije con la esperanza de que Tito desistiera.<\/p>\n\n\n\n<p>     \u2014Yo s\u00ed. All\u00e1, d\u00f3nde se est\u00e1 juntando esa gente.<\/p>\n\n\n\n<p>     \u2014A lo mejor ya lo encontraron.<\/p>\n\n\n\n<p>Tito se fren\u00f3 un segundo y luego se larg\u00f3 a correr como un loco hacia el grupo de personas. Lo segu\u00ed. Nos filtramos a los empujones y llegamos al medio de la ronda. Una vieja limpiaba con trapos h\u00famedos a un perro sucio que parec\u00eda un ping\u00fcino empetrolado. \u201cEso te pasa por no hacerle caso a mam\u00e1\u201d, rezongaba la vieja. El perro temblaba y lloraba como un chico asustado. Me agach\u00e9 a acariciarlo. Sent\u00ed en un hombro la mano de Tito.<\/p>\n\n\n\n<p>     \u2014Vamos \u2013me dijo.<\/p>\n\n\n\n<p>Me par\u00e9 lentamente, como si me costara. Y me dej\u00e9 llevar, barranca abajo.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><strong>4<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Nosotros, a los doce a\u00f1os, en ese mismo lugar.<\/p>\n\n\n\n<p>A Tito se le hab\u00eda ocurrido prender fuego un mont\u00f3n de pasto seco usando la luz del sol y una lupa. Quer\u00eda probar lo que hab\u00eda visto en una pel\u00edcula. Llevaba una hora arrodillado, cambiando la lupa de lugar a cada rato para captar mejor los rayos, y nada. El Cardo dormitaba panza arriba. Yo tiraba piedritas a las aguas muertas. Habr\u00e1 sido el aburrimiento, entonces.<\/p>\n\n\n\n<p>     \u2014\u00bfA que no te anim\u00e1s a nadar hasta la otra orilla? \u2014le dije al Cardo.<\/p>\n\n\n\n<p>El Cardo se irgui\u00f3 sobre un codo y con la otra mano hizo visera para mirarme. No contest\u00f3 nada.<\/p>\n\n\n\n<p>     \u2014Es cerca \u2014agregu\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>El Cardo se daba dique de buen nadador. Dec\u00eda que en la pileta del Ateneo hac\u00eda cinco largos sin acalambrarse. Que de grande iba a trabajar de salvavidas, que su sue\u00f1o era cruzar el Canal de la Mancha a nado como un rosarino que hab\u00eda salido en la tele. Toda la tarde hab\u00eda estado hablando de eso antes de quedarse medio dormido.<\/p>\n\n\n\n<p>     \u2014Dicen que por ac\u00e1 no es hondo \u2014lo azuz\u00f3 Tito, que de golpe se olvid\u00f3 de su experimento.<\/p>\n\n\n\n<p>El Cardo se par\u00f3 y baj\u00f3 a la orilla, como si hubiera querido evaluar si era posible, si no est\u00e1bamos locos.<\/p>\n\n\n\n<p>     \u2014El problema son los ojos. Te entra algo de agua y te qued\u00e1s ciego \u2014dijo Tito, y por un momento tuve miedo de que lo hiciera arrepentir. Agarr\u00f3 la bolsa de pl\u00e1stico transparente en la que hab\u00eda tra\u00eddo la lupa y se la mostr\u00f3\u2014. Pero te hac\u00e9s unas antiparras con esto y listo.<\/p>\n\n\n\n<p>     \u2014La ropa \u2013dijo el Cardo\u2014. Se va a arruinar.<\/p>\n\n\n\n<p>     \u2014Dejala ac\u00e1. Si quer\u00e9s, te presto mis calzoncillos as\u00ed tu vieja no se da cuenta.<\/p>\n\n\n\n<p>     \u2014\u00bfY qu\u00e9 hago del otro lado en bolas, eh?<\/p>\n\n\n\n<p>     \u2014Bueno, vas hasta la mitad y volv\u00e9s, que es lo mismo que si hubieras cruzado.<\/p>\n\n\n\n<p>Me dio la sensaci\u00f3n de que dudaba, de que no le encontraba sentido. Una cosa era cagar a tiros la casa de la gorda Zulma y otra, \u00e9so.<\/p>\n\n\n\n<p>     \u2014\u00bfQu\u00e9? \u00bfNo te anim\u00e1s? \u2014salt\u00f3 Tito, ya cebado.<\/p>\n\n\n\n<p>El Cardo se sac\u00f3 la remera, las zapatillas y el pantal\u00f3n. Se qued\u00f3 en calzoncillos. Le ofrec\u00ed los m\u00edos y no los quiso. Se meti\u00f3 y camin\u00f3 unos pasos.<\/p>\n\n\n\n<p>     \u2014Parece mierda esto \u2014dijo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>     \u2014\u00bfQuer\u00e9s la bolsita para los ojos? \u2014le pregunt\u00f3 Tito.<\/p>\n\n\n\n<p>     \u2014No.<\/p>\n\n\n\n<p>Sigui\u00f3 muy despacio. Y no se tir\u00f3 hasta que el agua le lleg\u00f3 al pecho. Al principio no braceaba. Nadaba perrito, con la cabeza parada, bien afuera. Del asco, creo. Pero era mucho esfuerzo y avanzaba poco. Eso lo debe de haber hartado y se larg\u00f3 con un crol perfecto.<\/p>\n\n\n\n<p>     \u2014\u00a1Vamos, carajo! \u2014exclam\u00f3 Tito.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Cortaba el agua con los brazos arqueados y balanceaba la cabeza, a un lado y otro, para tomar aire. Veloz y seguro, el Cardo. Parec\u00eda un p\u00e1jaro oscuro atravesando como una flecha una noche l\u00edquida y viscosa.<\/p>\n\n\n\n<p>     \u2014\u00a1Hasta el Canal de la Mancha no paramos! \u2014le grit\u00e9 fascinado por la proeza, exaltado por el orgullo de ser su amigo.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando lleg\u00f3 a la mitad, se detuvo. La cabeza del Cardo era apenas un grumo en la superficie negra. Permaneci\u00f3 un rato flotando ah\u00ed, como si estuviera juntando fuerzas para el regreso. De pronto agit\u00f3 el brazo derecho. Yo lo salud\u00e9. Nos grit\u00f3 algo que no entend\u00ed y lo mir\u00e9 a Tito.<\/p>\n\n\n\n<p>     \u2014Se acalambr\u00f3 \u2014me dijo.<\/p>\n\n\n\n<p>La cabeza del Cardo desapareci\u00f3 de golpe, como si hubiese sido chupada por una fuerza invisible. Pero enseguida ara\u00f1\u00f3 el aire con una mano y asom\u00f3 de nuevo. Estuvo dos o tres segundos tratando nerviosamente de mantenerse a flote y volvi\u00f3 a hundirse. Le grit\u00e9 que aguantara, que se agarrara de algo. Y tuve esperanzas de que ir\u00eda a lograrlo cuando vi que su cabeza irrump\u00eda una vez m\u00e1s, ahora con la furia de un tibur\u00f3n hambriento, y que sus brazos repart\u00edan manotazos enloquecidos al agua. El Cardo, enojado. El Cardo, h\u00e9roe.<\/p>\n\n\n\n<p>     \u2014\u00a1Dale! \u00a1Dale! \u2014le grit\u00e1bamos desde la orilla mientras \u00e9l se revolv\u00eda entre remolinos de aceite.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9ramos pibitos y cre\u00edamos con una fe ciega en su coraje terco. Por eso no nos dimos cuenta de que la realidad era otra. De que en ese esfuerzo desesperado estaba gastando sus \u00faltimas energ\u00edas. El Riachuelo se lo volvi\u00f3 a tragar y permanec\u00ed un rato largo en silencio esperando a que saliera otra vez. Hasta que Tito se arrodill\u00f3 y se puso a llorar. Empec\u00e9 a dar vueltas como un perro que se muerde la cola. Pensaba en el Cardo, ahogado en ese charco de veneno. Y en lo que pasar\u00eda con nosotros cuando se supiera. Lo abrac\u00e9 a Tito y le habl\u00e9 al o\u00eddo.<\/p>\n\n\n\n<p>     \u2014No vimos nada. No sabemos nada. El Cardo se aburri\u00f3 porque no pod\u00edamos prender fuego el pasto con la lupa y se fue. Se fue, \u00bfme entendiste? Solo. No vimos nada. No sabemos nada.<\/p>\n\n\n\n<p>Cruzamos el puente para tirar la ropa en una zanja de la otra ribera. Despu\u00e9s volvimos y nos encerramos en mi casa. A la nochecita apareci\u00f3 la madre del Cardo. Ten\u00eda los ojos hinchados y las manos le temblaban. El Tito se call\u00f3 la boca. Creo que no se quebr\u00f3 porque estaba conmigo. Y porque habl\u00e9 yo, y porque mantuve la mentira palabra por palabra. La voz firme, el argumento s\u00f3lido, ni la menor grieta de remordimiento. Lo buscaron durante varias semanas. Pegaron carteles con su foto en todos lados. Hasta hicieron una misa pidiendo por su regreso. Pero el cuerpo del Cardo no apareci\u00f3 nunca. Su misterio se fundi\u00f3 con la rutina del barrio, y eso trajo la resignaci\u00f3n y el olvido.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><strong>5<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Tito se intern\u00f3 en el cauce gelatinoso. Dio dos o tres pasos y se resbal\u00f3. Tuvo que apoyarse con la mano derecha en el piso para no caer redondo en esa papilla negra. Se mir\u00f3 la palma unos segundos, como si se hubiera clavado algo, y luego se la limpi\u00f3 pas\u00e1ndosela por el fondillo del pantal\u00f3n. Sigui\u00f3. Me sorprendi\u00f3 su seguridad. Avanzaba en l\u00ednea recta, pura certeza, como si conociera el camino de memoria. Como si durante los \u00faltimos cinco a\u00f1os hubiese imaginado esa escena una y otra vez &#8211;el Riachuelo seco, el cuerpo del Cardo a la vista&#8211;, y hubiese trazado mentalmente el mapa de su culpa.<\/p>\n\n\n\n<p>La gente se aburri\u00f3 del perro empetrolado y baj\u00f3 hasta la orilla para ver a Tito. \u201c\u00bfA d\u00f3nde va?\u201d, me pregunt\u00f3 alguien y yo le contest\u00e9 encogi\u00e9ndome de hombros. Me pareci\u00f3 que todo era rid\u00edculo. Para qu\u00e9 acordarse del Cardo cuando ya nadie hablaba de \u00e9l, si hasta su madre, enloquecida del dolor, se hab\u00eda ido del barrio. Para qu\u00e9 hurgar en el pus del diablo. Tito lleg\u00f3 hasta la mitad del r\u00edo. Se qued\u00f3 un momento de pie con la vista clavada en el suelo. Luego se puso en cuclillas. Escarb\u00f3 un rato. Vi sus manos sucias. Vi que se daba vuelta. Vi que el periodista avanzaba hacia m\u00ed, que el ojo de la c\u00e1mara buscaba mi cara. Sub\u00ed la barranca de dos trancazos. Escuch\u00e9 que me llamaban, que alguien gritaba mi nombre, pero no par\u00e9. Cruc\u00e9 la calle, corr\u00ed hacia las casas.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color\" style=\"color:#b20303\"><strong>Horacio Convertini<\/strong> naci\u00f3 en Buenos Aires en 1961. Es periodista, guionista y escritor. Su obra ha sido publicada en Argentina, Espa\u00f1a, M\u00e9xico, Colombia, Estados Unidos y Venezuela. Recibi\u00f3 distinciones a nivel nacional e internacional, entre ellas el Premio Municipal de Literatura de la Ciudad de Buenos Aires, bienio 2008\/2009, por su libro de cuentos &#8220;Los que est\u00e1n afuera&#8221; y el Premio Celsius a la mejor novela de ciencia ficci\u00f3n de habla hispana, que otorga la Semana Negra de Gij\u00f3n (Espa\u00f1a), por &#8220;Los que duermen en el polvo&#8221; (2018). Su \u00faltima novela es &#8220;Lo oscuro que hay en m\u00ed&#8221;.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1 Fue como si la puerta lo hubiera escupido para adentro. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Se sec\u00f3 \u2014dijo, y se qued\u00f3 al pie de mi cama, mir\u00e1ndome. S\u00e1bado, nueve de la ma\u00f1ana. Yo, entre sue\u00f1os, con ganas de cualquier cosa menos de contagiarme&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":50,"featured_media":1178,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[3],"tags":[],"class_list":["post-1175","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cultura"],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/trumanmag.com\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/riachuelo_pintura.png","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1175","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/50"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1175"}],"version-history":[{"count":6,"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1175\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1183,"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1175\/revisions\/1183"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1178"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1175"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1175"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1175"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}