{"id":1138,"date":"2022-11-11T14:57:12","date_gmt":"2022-11-11T17:57:12","guid":{"rendered":"https:\/\/trumanmag.com\/?p=1138"},"modified":"2022-11-11T15:19:13","modified_gmt":"2022-11-11T18:19:13","slug":"la-mujer-rota","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/2022\/11\/11\/la-mujer-rota\/","title":{"rendered":"La mujer rota"},"content":{"rendered":"\n<p>La ola deshizo el volc\u00e1n, un coraz\u00f3n gigante, huellas de todos los tama\u00f1os, el castillo de arena y, a unos cent\u00edmetros de nuestras toallas, emprendi\u00f3 la retirada. La observo llevarse una sandalia roja, un balde, una pala, y vuelvo a Simone de Beauvoir. Desde que llegamos que estoy en la misma p\u00e1gina; la culpa la tienen los ladridos del perro salchicha atado a la sillita del vecino, los chicos tir\u00e1ndose arena, \u00bfd\u00f3nde est\u00e1n los padres de estos nenes maleducados?, hay coca cola bebida coca, hay palito bomb\u00f3n helado\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Doy una feroz pitada a mi cigarrillo que se hace cenizas como este fin de semana que tanto planeamos con mi amiga Lola, tirada boca arriba desde que llegamos a pesar de la ola y del sol arrebat\u00e1ndola. Dos d\u00edas en la vida nunca vienen nada mal, dec\u00eda Fito Pa\u00e9z; pero entre la cama de hotel, los ronquidos de mi amiga, y toda esta gente api\u00f1ada, no veo la hora de volver a mi casa. Para el resto del mundo la estamos pasando fant\u00e1stico; basta ver nuestras superproducciones con tragos y reels de pies que se ba\u00f1an en la espuma de las olas y selfies ri\u00e9ndonos a carcajadas. S\u00e9 que dentro de un tiempo, incluso mi memoria albergar\u00e1 recuerdos fant\u00e1sticos de este fin de semana, como ocurri\u00f3 con mi infancia, con mi adolescencia, con mi vida de esposa y madre, con esos d\u00edas que parec\u00edan tener mil horas pero que en el fondo volaban. Vuelvo a chequear mi tel\u00e9fono, que me notifica que mi tiempo en pantalla subi\u00f3 un 20 por ciento de tanto ver qui\u00e9nes miran nuestras historias y meti\u00e9ndome en los perfiles de mi marido y de mis hijos porque no me explico qu\u00e9 har\u00e1n de interesante para no abrir las fotos que les mando. Tampoco Lola me presta atenci\u00f3n cuando me quejo en voz alta de lo poco que le importo a esa manga de ingratos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c\u00a1Lola!\u201d, insisto pero ella ronca como una salvaje despu\u00e9s del cleric\u00f3 y las rabas. Deber\u00eda filmarla para que no vuelva a tener la audacia de negarlo, pero me quedo mir\u00e1ndola. \u00bfEn qu\u00e9 momento mi amiga se convirti\u00f3 en esa se\u00f1ora de malla negra con la revista de crucigramas abierta sobre la panza? Me parece que fue ayer, pero ya pasaron cuarenta a\u00f1os desde que terminamos la secundaria. Los a\u00f1os fueron inclementes con Lola. Conmigo tambi\u00e9n, s\u00f3lo que pierdo mucho m\u00e1s tiempo intentando disimularlo. Llevo puesto un sombrero, anteojos negros y un labial a prueba de agua que nunca llegu\u00e9 a probar porque s\u00f3lo me meto hasta el cuello.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEsta noche dorm\u00eds colgada\u201d, le advierto a mi amiga pero ella sigue sin darse por enterada. Envidio su facilidad para dormirse en cualquier lado. Yo, por m\u00e1s cansada que est\u00e9, paso noches enteras dando vueltas en la cama. Ser\u00e1n los estr\u00f3genos, ser\u00e1 el hambre, ser\u00e1 que tengo que conseguir una persona que ayude a mi madre, ser\u00e1 que Julito mat\u00f3 a prop\u00f3sito a ese gato, ser\u00e1 que la heladera no enfr\u00eda y los del service me estafaron, ser\u00e1 que a la vuelta le toca a Lola pagar la nafta. Ya Borges dec\u00eda que dormir es olvidar y yo no puedo conciliar el sue\u00f1o porque me la paso recordando. Una nueva ola avanza y yo pienso que el mar siempre estar\u00e1 ah\u00ed, yendo y viniendo, mojando los pies de los que estamos de paso. Si Lola fuese consciente de ello, no dormir\u00eda tan pl\u00e1cida. Observo su t\u00f3rax desinflarse y llenarse de aire hasta que una rubia con piercing en la nariz y tatuajes se acerca.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c\u00bfLe puedo dejar las ojotas, se\u00f1ora?\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;\u201cOjo que tira\u201d, deslizo se\u00f1alando la bandera de prohibici\u00f3n de ba\u00f1o, pero a ella no se le borra la sonrisa luminosa por nada, ni siquiera cuando miro a lo lejos unos nubarrones negros y le advierto que si se larga, mi amiga y yo nos vamos. Me asegura que por ahora no llover\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>Retomo mi libro de Simone de Beauvoir. No llego a leer dos palabras que vuelvo a aquella melena rubia, dobleg\u00e1ndose ante la bestia salada. Aunque el mar haga de todo para expulsarla, la chica no deja de bracear por nada. Miro hacia la torreta del guardavida, que la observa, tras sus anteojos espejados, arremeter como un h\u00e1mster aquel remolino interminable, \u201charto debe estar el pobre hombre de estos pendejos irresponsables\u201d, le comento a Lola que sigue con la boca abierta y parece derretirse como en los dibujitos animados. Cuando vuelvo la vista al mar, la chica se encuentra del otro lado de la rompiente haciendo la plancha, ajena a la inmensa onda que avanza desde el horizonte, lenta y constante. &nbsp;Se eleva tanto que por unos instantes pierdo de vista al barquito pesquero y a las gaviotas que lo sobrevuelan. De pronto la chica comienza a bracear cada vez m\u00e1s r\u00e1pido. Me pongo de pie y me apresuro hacia la orilla conteniendo el aire porque no puedo creer que pretenda barrenar semejante tsunami. &nbsp;Juro que si fuese mi hija, la mato. Al cabo de unos segundos, la ola rompe en mil pedazos y ti\u00f1e el mar de blanco. La espuma me pasa con tanta fuerza entre las piernas que no me caigo de milagro. Me acomodo el sombrero y miro en todas las direcciones, desorientada. Siento que transcurre un siglo hasta que vuelvo a distinguir a la chica dorada. El agua ahora le llega a las rodillas, el pelo revuelto hacia un costado, la sonrisa m\u00e1s luminosa que nunca. Le pegar\u00eda flor de reto pero solo puedo sonre\u00edr, aliviada. Nunca me reconoce cuando me pasa por al lado. Nos busca entre toda esa gente de pie escurriendo lonas y pareos de mandalas; yo tambi\u00e9n perd\u00ed de vista a Lola y a nuestras canastas. Necesito encontrar a mi amiga y que nos demos un ba\u00f1o de mar como cuando ten\u00edamos 15 y corr\u00edamos a toda velocidad hasta caer de panza y nos re\u00edamos tanto que nos costaba levantarnos. La busco entre sombrillas de colores y sillitas oxidadas hasta que una r\u00e1faga de viento c\u00e1lido me vuela el sombrero. Deber\u00eda dejarlo ir, como en las pel\u00edculas, pero es un aut\u00e9ntico Panam\u00e1 as\u00ed que corro tras \u00e9l antes de que el agua lo arruine. Cuando casi lo tengo, una nueva r\u00e1faga vuelve a alejarlo. Paso entre una partida de tejo, entre algas y huevos de pescado, entre una foto familiar, entre carcajadas de un grupo de adolescentes que parece seguir mi recorrido con sus tel\u00e9fonos en mano. A unos metros de un chiringo, por fin lo atrapo. Estoy tan fuera de estado que el coraz\u00f3n me late en las sienes y mi respiraci\u00f3n es tan corta que no me entra el aire. Me llevo una mano al pecho y apuro el paso, no sea cosa que estos pibes filmen mi muerte como hicieron los turistas con el lobo marino que ayer apareci\u00f3 en la playa. Una chica lloraba compungida e insist\u00eda con devolverlo al mar cuanto antes. Bastaba con tener un m\u00ednimo de olfato para saber que cualquier esfuerzo hubiera sido en vano. Yo, en cambio, todav\u00eda espero tener posibilidades. Levanto el brazo izquierdo, despu\u00e9s el derecho, me llamo Carola Zald\u00edvar Morales, tengo 58 a\u00f1os, repaso en voz alta. En alguna parte le\u00ed que estos ejercicios son clave para saber si se est\u00e1 sufriendo un ACV. El coraz\u00f3n me sigue latiendo tan fuerte que no puedo escuchar a mi mente repetir, una y otra vez, que me estoy sugestionando. Tengo que encontrar a Lola cuanto antes. Ya no para meternos en el mar como cuando ten\u00edamos 15, sino para que me asista en mis \u00faltimos minutos de vida. Sin embargo, lo que me rescata es un ladrido. Y otro. En cuanto reconozco al perro salchicha atado a la silla a rayas, mis pulmones se expanden y por fin logro que me entre aire.<\/p>\n\n\n\n<p>Como si nada hubiera pasado, me ubico en mi toalla y vuelvo a la mujer rota de Simone de Beauvoir, siempre en la misma p\u00e1gina. La culpa la tienen los chicos tir\u00e1ndose arena, \u201c\u00bfd\u00f3nde est\u00e1n los padres de estos maleducados?\u201d, hay coca cola bebida coca, hay palito bomb\u00f3n helado, hay churro, calentitos los churros\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Lola le hace se\u00f1as al vendedor de blanco. La miro, tentada. Salvo por la axila, mi amiga es un Tang de naranja.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEsta noche definitivamente dorm\u00eds colgada\u201d, bromeo extendi\u00e9ndole la protecci\u00f3n de mi canasta aunque tengo la certeza de que es demasiado tarde. Tambi\u00e9n es tarde para un ba\u00f1o de mar. Miro nost\u00e1lgica las olas y le acepto a mi amiga un mate.<\/p>\n\n\n\n<p>.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color\" style=\"color:#b10909\"><strong>Marina\u00a0Macome<\/strong>\u00a0naci\u00f3 el 21 de julio de 1975 en la ciudad de Buenos Aires. Es licenciada en Ciencias Pol\u00edticas.\u00a0Colabor\u00f3\u00a0para el diario La Naci\u00f3n y public\u00f3 art\u00edculos\u00a0y cuentos\u00a0en\u00a0The\u00a0Independent, P\u00e1gina\/ 12,\u00a0Madera Berl\u00edn, Revista Desbandada, La Agenda, entre otros.\u00a0En 2009, el sello\u00a0Plaza&amp;Jan\u00e9s\u00a0edit\u00f3 su primera novela, Los enredos de la Se\u00f1orita\u00a0Pacman. En 2011 su relato Cubo de Rubik particip\u00f3 en la Antolog\u00eda Verso Reverso. La Reina del hielo seco\u00a0(2015) y Dicen que ves las estrellas (2021), son sus\u00a0otras dos\u00a0novelas, publicadas por\u00a0Plaza&amp;Jan\u00e9s.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La ola deshizo el volc\u00e1n, un coraz\u00f3n gigante, huellas de todos los tama\u00f1os, el castillo de arena y, a unos cent\u00edmetros de nuestras toallas, emprendi\u00f3 la retirada. 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