{"id":1108,"date":"2022-10-04T10:08:00","date_gmt":"2022-10-04T13:08:00","guid":{"rendered":"https:\/\/trumanmag.com\/?p=1108"},"modified":"2022-10-04T20:55:19","modified_gmt":"2022-10-04T23:55:19","slug":"la-ultima-crecida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/2022\/10\/04\/la-ultima-crecida\/","title":{"rendered":"La \u00faltima crecida"},"content":{"rendered":"\n<p>Siempre me pierdo las cosas buenas y me las tienen que andar contando. El hijo de la Conce me juraba que tres monos hab\u00edan pasado calle abajo haciendo equilibrio sobre unos troncos. Dec\u00eda que no eran como los monos que viven cruzando el descampado. Esos son m\u00e1s chicos. Los amigos de mi hermano Luis me contaron que se llaman \u201ctit\u00ed\u201d. Qu\u00e9 pena no haberlos visto. Estos monos son m\u00e1s grandes, tienen mucho pelo, pelo largo, y cuando se paran en dos patas miden como dos metros. Cuando era chica, vi uno de esos en una pel\u00edcula. Ten\u00eda un mont\u00f3n de fuerza y gritaba m\u00e1s alto que una persona. Aullaba como un lobo, dec\u00eda mam\u00e1. Capaz es mejor no haberlos visto: si eran malos, me iban a dar miedo y despu\u00e9s sue\u00f1o pesadillas. S\u00ed vi a las yarar\u00e1s nadar a toda velocidad. Son rapid\u00edsimas. Mi abuela se enoja con ellas y dice que son unas bichas del diablo, pero a m\u00ed me parecen divertidas. Se mueven de un lado para el otro, como si estuvieran bailando. Nunca las hab\u00eda visto nadar antes de la crecida, siempre que me las cruc\u00e9 fue en la tierra. Mi abuela vive lejos, la vamos a visitar todas las semanas. Tiene caballos y me prometi\u00f3 que el potrillo reci\u00e9n nacido va a ser m\u00edo. Tambi\u00e9n muchas gallinas, algunos chanchos y perros y gatos. Ella dice que las v\u00edboras son unas bichas del diablo porque tienen veneno en los dientes y, si te muerden, te mor\u00eds. No conozco a nadie que se haya muerto por culpa de una yarar\u00e1, pero s\u00ed conozco a mucha gente que las mata porque se acercan a las casas. Mi mam\u00e1 dice que cuando vienen para el barrio es porque est\u00e1n perdidas o no consiguen nada para comer donde viven. Cada vez que le pregunto d\u00f3nde viven, me contesta que all\u00e1 lejos y siempre se\u00f1ala un lugar diferente. Debe tener miedo de que me vaya a buscar una bicha, pero seguro que all\u00e1 lejos tambi\u00e9n hay ara\u00f1as y prefiero no arriesgarme. Para m\u00ed, las bichas del diablo son ellas: mueven las patas como si estuvieran tramando algo, parece que te quieren comer con los colmillos esos que tienen debajo de sus mil ojos. Las odio.<\/p>\n\n\n\n<p>Un d\u00eda, casi, casi toco una yarar\u00e1: fui a buscar los huevos de la gallina al galp\u00f3n de mi abuela y una v\u00edbora toda enroscada se estaba comiendo mi almuerzo. Parec\u00eda buena, ten\u00eda hambre, pero cuando mam\u00e1 la vio se puso a gritar y mi pap\u00e1 sali\u00f3 de la casa con una escopeta. No s\u00e9 para qu\u00e9 la sac\u00f3, porque, en vez de matarla con el arma, agarr\u00f3 el hacha que estaba apoyada en la pared y le cort\u00f3 la cabeza. De un zas la parti\u00f3 al medio. Una gota de sangre cay\u00f3 en mi boca. Pap\u00e1 se moj\u00f3 el dedo gordo con saliva, lo pas\u00f3 por mis labios y se lo chup\u00f3. Despu\u00e9s ya no quise ni almorzar.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><strong>II<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Luis est\u00e1 contento porque adopt\u00f3 una rata. Mam\u00e1 no lo sabe. Todav\u00eda no me la mostr\u00f3, la tiene escondida con el hijo de la Conce en una caja y le pasan comida por un huequito. Para m\u00ed, si no la puede tocar, no vale como mascota, pero \u00e9l dice que la va a amaestrar y que ya voy a ver. Cuando mam\u00e1 se entere, lo va a matar. Ella odia a las ratas, le da impresi\u00f3n la cola larga que tienen y que se paseen por la basura. Es verdad que no son muy limpias, pero las prefiero antes que a las cucarachas. Con las ratas, por lo menos te pod\u00e9s quedar tranquila de que andan por el piso, con las cucarachas no sab\u00e9s. Algunas son mejores y tienen alas, esas no se mueren m\u00e1s. Me divierte la crecida, pero a veces, cuando me arrimo a la ventana, las tortugas marinas ya se fueron y, en su lugar, solo pasan bolsas de basura. O el caballo del Juan, un vecino amigo de pap\u00e1. La mugre de la gente puede ser muy entretenida: como el agua est\u00e1 marr\u00f3n, con Luis jugamos a adivinar qu\u00e9 es lo que flota en la superficie. \u00c9l sabe de esas cosas m\u00e1s que yo, siempre me gana. Pero igual no me importa porque aprend\u00ed bastante: por ejemplo, me ense\u00f1\u00f3 que si las m\u00e1quinas de afeitar son de color rosa es porque son de mujer. A m\u00ed todav\u00eda no me sali\u00f3 barba. Mam\u00e1 y Luis tampoco tienen, aunque \u00e9l todo el tiempo le roba el aparato ese a pap\u00e1 porque dice que ya le est\u00e1n creciendo unos pelos. No se lo cree ni \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color\" style=\"color:#9f0505\"><strong>Yanina G\u00f3mez Cernadas<\/strong> (Lan\u00fas, 1990) es licenciada en Letras, diplomada en Edici\u00f3n y mag\u00edster en Escritura Creativa. Trabaja como coordinadora editorial en el Fondo de Cultura Econ\u00f3mica de Argentina. Escribe narrativa y asiste a las cl\u00ednicas de obra de Selva Almada y Vera Giaconi. Los dos cap\u00edtulos aqu\u00ed publicados pertenecen a <em>La \u00faltima crecida<\/em>, primera novela de la autora, que sali\u00f3 en 2022 de la mano del sello editorial Tambi\u00e9n el Caracol.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color\" style=\"color:#9f0505\">La ilustraci\u00f3n que acompa\u00f1a al texto es una pintura del artista <strong>Albertus Verhoesen.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Siempre me pierdo las cosas buenas y me las tienen que andar contando. El hijo de la Conce me juraba que tres monos hab\u00edan pasado calle abajo haciendo equilibrio sobre unos troncos. 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