{"id":1089,"date":"2022-09-29T14:08:10","date_gmt":"2022-09-29T17:08:10","guid":{"rendered":"https:\/\/trumanmag.com\/?p=1089"},"modified":"2022-09-29T15:45:15","modified_gmt":"2022-09-29T18:45:15","slug":"el-imperfecto-laberinto-del-amor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/2022\/09\/29\/el-imperfecto-laberinto-del-amor\/","title":{"rendered":"El imperfecto laberinto del amor"},"content":{"rendered":"\n<p>Toda vez que entra a la estafeta Mariana se pregunta c\u00f3mo es posible que en plena d\u00e9cada del noventa, a s\u00f3lo siete a\u00f1os del cambio de milenio, no tengan una oficina de correo en ese pueblo. C\u00f3mo pueden tomar en serio el boliche min\u00fasculo y siempre vac\u00edo que tanto sirve para despachar cartas, comprar espirales o llevar radios, secadores de pelo o cualquier otro aparato a arreglar. Est\u00e1 viviendo en el culo del mundo, realmente. La idea le causa gracia pero le hace sentir orgullo tambi\u00e9n, porque cada d\u00eda que pasa desde que lleg\u00f3 a ese rinc\u00f3n perdido de la provincia de C\u00f3rdoba, hace m\u00e1s de un a\u00f1o, con intenciones que se acercaban peligrosamente a la del suicidio, significa una victoria, un punto a su favor.<br>Sigue siendo una turista ah\u00ed, la gente suele darse vuelta para mirarla cuando la ve llegar, acaso por el pelo rubio que le cae hasta la cintura, o por el \u00edmpetu con que se mueve, o porque fuma \u2013tan jovencita y fuma, ha o\u00eddo decir\u2013, pero ac\u00e1, en la estafeta, el viejo que atiende la ignora. Est\u00e1 en la trastienda desarmando una plancha, seguro que no la vio entrar.<br>Ella se queda esperando mientras se alisa el pelo, un poco avergonzada al darse cuenta de que, pese a sus veintitr\u00e9s a\u00f1os, todav\u00eda se despierta los 6 de enero con la ilusi\u00f3n infantil de un regalo de Reyes. Por eso vino caminando los cuatro kil\u00f3metros que bordean la ruta, esta ma\u00f1ana ventosa y un poco extra\u00f1a, bajo ese cielo oscuro, amenazante. Para ver si su familia le ha enviado alguna encomienda desde Capital, alguna cosa que le alegre el d\u00eda o la sorprenda.<br>La serenidad de la estafeta la va apaciguando. Le gusta la rutina sin sobresaltos en la que se vive ah\u00ed. La de la casa de su t\u00eda Elsa incluso: el trabajo con los cultivos en la huerta, el noticiero de las ocho marcando el paso de los d\u00edas, la pizza del s\u00e1bado se\u00f1alando las semanas que se van. Una vida de viejas, piensa: su t\u00eda acaba de cumplir sesenta. Pero a todo se acostumbr\u00f3 Mariana con el tiempo, incluso a la falta de tel\u00e9fono; en la finca, como \u00fanico entretenimiento est\u00e1 la televisi\u00f3n, un grabador de doble casetera y la bibliotequita donde hay libros que ella ya se conoce de memoria: el de Sor Juana In\u00e9s de la Cruz, el de G\u00f3ngora, algunas novelas policiales. Silencio y recuerdos para las dos. Mejor eso que someterse a un tratamiento psiqui\u00e1trico, pastillas y sesiones con el tarado de Andrade, como tuvo que hacer alguna vez.<br>Enciende un cigarrillo y se dedica a observar las cajas de lamparitas alineadas, los carteles, la letra de viejito tembleque pero prolijo; los anuncios de publicidades bizarras, ya descoloridas por los a\u00f1os. Por la radio est\u00e1n pasando un alerta meteorol\u00f3gico, ella larga el humo despacio, hacia la trastienda, pero el viejo ni se mueve. No s\u00f3lo sordo, tampoco tiene olfato, piensa sonriendo, con un poco de impaciencia ya. Tormentas el\u00e9ctricas y vientos del sur, sigue anunciando el locutor con esa voz provinciana y pomposa, se recomienda a la poblaci\u00f3n mantenerse a resguardo. El viejo se pone dos tornillos entre los labios y gira una tuerca. Ya han pasado catorce meses desde aquella tarde en la que Alejandro la alcanz\u00f3 a la terminal de micros de Capital. Quiero pensar qu\u00e9 mierda voy a hacer con mi vida, le hab\u00eda dicho ella, y \u00e9l, su marido fiel, como le gusta llamarlo a la t\u00eda Elsa \u2013aunque a Mariana esa forma le suena a la que la gente usa para los perros\u2013, le asegur\u00f3 que la esperar\u00eda en Buenos Aires, que no iba a prohibirle replantearse las cosas, que se tomara el tiempo que fuera necesario, pero que cuando volviera, lo hiciese con una decisi\u00f3n definitiva. Ahora, cree Mariana, ha llegado a esa instancia. Llamarlo. Decirle que venga a buscarla, que ya pens\u00f3 suficiente, que se cur\u00f3 gracias al cari\u00f1o de esa vieja que la cuida como a un tesoro, sin juzgarla ni darle consejos sobre c\u00f3mo comportarse; la cur\u00f3 la vista imponente de las Altas Cumbres, coser en la m\u00e1quina Singer, la vida sencilla de un pueblo de Traslasierra. Tiene que llamarlo. Ale y su abrazo de oso, Ale y su forma de sonre\u00edrle, de mirarla con ese gesto calmo y bonach\u00f3n.<br>Mariana fuma y mira hacia la vidriera. No es muy linda la idea de alguien bonach\u00f3n, est\u00e1 pensando. Suena a barrig\u00f3n, un tipo sentado a una mesa de ravioles con tuco, eructando bajito. No, Ale era bueno, no bonach\u00f3n, aunque a veces se comportaba como uno. Pero por qu\u00e9 empezar con las dudas, qu\u00e9 bronca le da eso. Por qu\u00e9 no enfocarse en esa armon\u00eda que hab\u00edan logrado cuando vivieron juntos, una pareja de reci\u00e9n casados que los vecinos adoraban, aunque fueron pocos meses.<br>Cierra los ojos y orienta sus pensamientos a las ganas de abrazar ese cuerpo robusto, como de un chico que ha crecido de pronto y no sabe qu\u00e9 hacer con tanta espalda, tanto brazo y masculinidad. Quiz\u00e1 ma\u00f1ana, hoy mismo, pueda llamarlo y decirle: Ven\u00ed a buscarme, Ale, quiero volver con vos. S\u00ed, mejor que deje de dar vueltas. Su futuro es seguir siendo la se\u00f1ora de Alejandro Abruzzelli.<br>El viejo ahora prueba la plancha: se moja el dedo y lo acerca a la superficie, est\u00e1 satisfecho, es claro que hizo las cosas bien. La escena de ese cuarto parece impregnada de la serenidad que pronostica la elecci\u00f3n de una vida al lado de Ale. En la radio anuncian al grupo Mocedades. La regocija el fugaz recuerdo de su madre trayendo a casa discos simples de cantantes o grupos espa\u00f1oles: Luis Aguil\u00e9, Rafael, Mocedades. Ella era una nena feliz por esa \u00e9poca. Vamos a escuchar un tema que fue \u00e9xito mundial en el a\u00f1o 1971, lo compartimos con ustedes, dice ahora una locutora. La canci\u00f3n invade la estafeta, se escucha la voz clara de la cantante: Como una promesa, eres t\u00fa, eres t\u00fa\u2026, como una ma\u00f1ana de verano\u2026 Mariana siente el ahogo. No es su infancia ni a su madre lo que evoca ahora, sino a Luis. As\u00ed, as\u00ed, eres t\u00fa. Da una pitada ansiosa al cigarrillo. Por qu\u00e9, si en todo ese tiempo pudo desechar absolutamente la idea de intentar algo con \u00e9l, le pasan cosas como esas, suena una canci\u00f3n est\u00fapida de otra \u00e9poca y ella se estremece como si lo tuviera enfrente, como si no hubiera m\u00e1s felicidad en el mundo que la de alzar la mano hacia su boca, con la otra buscar la piel de la cadera; lo que podr\u00eda hacerle de tenerlo ah\u00ed y cantarle eso: toda mi esperanza eres t\u00fa, eres t\u00fa, como lluvia fresca en mis manos. Dios, mierda. Debe tratar cada uno de los pensamientos que le recuerdan a Luis como hacen los alcoh\u00f3licos frente a un vaso de vino, ya se lo hab\u00eda aconsejado el doctor Andrade, una de las pocas cosas en las que el muy tonto acert\u00f3. Golpea las manos con energ\u00eda. El viejo se quita los anteojos y la saluda con un gesto de sorpresa.<br>\u2013\u00bfLleg\u00f3 alguna encomienda? \u2013grita Mariana para tapar la canci\u00f3n.<br>El hombre asiente y se levanta r\u00e1pido de la silla para desaparecer un minuto en ese cuarto, enseguida vuelve con un paquete y, con su tonada amable, le dice que si quiere quedarse en la estafeta a esperar que pase el temporal puede hacerlo:<br>\u2013Se viene una brava, muchachita.<br>Mariana agarra la encomienda y firma, haci\u00e9ndose la que no escucha. Rasga el papel para comprobar qu\u00e9 es. \u00bfEl cuaderno de recetas?, se pregunta, irritada, y enseguida recuerda que ella misma lo pidi\u00f3 hace un tiempo, porque la t\u00eda Elsa le hab\u00eda prometido ense\u00f1arle trucos para hacer los platos que m\u00e1s le gustaban si consegu\u00eda que su madre se lo hiciera llegar. Trata de conformarse, mientras hojea con rapidez las p\u00e1ginas y los recortes y entonces descubre un sobre. Lo saca. Carta de Alejandro.<br>\u2013\u00bfBuenas noticias? \u2013dice el viejo.<br>\u2013C\u00f3mo puedo saber \u2013responde, parca; y camina hasta la puerta sin despedirse ni saludar. Qu\u00e9 le importa al tipo la clase de noticias que le llegaron a ella.<br>Cruza la calle hacia la plaza. Le disgusta esa complicidad de Alejandro con su familia, como si todos fueran parte de un clan, o un tribunal de faltas. Los imagina reuni\u00e9ndose los fines de semana, frente a las picaditas de gruy\u00e8re y gorgonzola, sus vasos de Gancia con lim\u00f3n, pas\u00e1ndose las novedades de ella que obtienen por las cartas de la t\u00eda, su padre pidi\u00e9ndole a Ale que tenga paciencia, asegur\u00e1ndole que su hija va a volver arrepentida: siempre tuvo una personalidad muy fuerte, es medio impulsiva, pero ya vas a ver. Se lo imagina a Alejandro pregunt\u00e1ndole a su mam\u00e1: \u00bfPuede mandarle esta carta que escrib\u00ed para ella, \u201csuegri\u201d? Mariana se sienta en un banco. La gente huye hacia las casas. Abre el sobre y lee ya pas\u00f3 otra Navidad y pas\u00f3 el A\u00f1o Nuevo. Nunca pens\u00e9 que ibas a tardar tanto en decidirte entre \u00e9l o yo. A veces pienso que soy un pelotudo, como dice el marido de mi herma- na. Pero voy a demostrarle que se equivoca. Estoy ac\u00e1 y sigo esper\u00e1n- dote. Porque s\u00e9 que un d\u00eda, cuando te canses de so\u00f1ar, el futuro\u2026 Deja de leer. Dobla la carta en cuatro. So\u00f1ar. Qu\u00e9 poco entiende Alejandro lo que signific\u00f3 Luis para ella. No es dejar de so\u00f1ar lo que estuvo intentando desde que lleg\u00f3 a este pueblo de mierda. Es una tarea casi f\u00edsica y moral, dejar de ver en el mundo la posibilidad de respirarlo. Mete la carta en el sobre. \u00bfDeber\u00e1 confesarle, cuando venga a buscarla, que siente a\u00fan a Luis adentro? Aunque sea un resto, s\u00ed, pero un resto que en cualquier momento puede estallar como las minas de guerra en las pel\u00edculas, que hacen volar todo si uno pisa en el lugar equivocado. Como ahora, con esa canci\u00f3n idiota, c\u00f3mo nunca se le ocurri\u00f3 cant\u00e1rsela. Toda mi alegr\u00eda eres t\u00fa, as\u00ed, as\u00ed, eres t\u00fa. Qu\u00e9 le hubiera dicho \u00e9l, con toda esa bestialidad de estudios musicales en la que fue criado desde que era un nenito, c\u00f3mo hubiera reaccionado escuch\u00e1ndole decir: quiero dedicarte esta canci\u00f3n a vos, porque es la verdad, lo que me pasa. \u00c9l, que hab\u00eda sido punk en Londres, c\u00f3mo la hubiera mirado. Ahora ya no habr\u00e1 oportunidad de saberlo. No si quiere vivir como una persona normal.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color\" style=\"color:#cd0f0f\">Este fragmento corresponde al libro <em>El<\/em> <em>Imperfecto laberinto del amor<\/em>, de la autora <strong>Alejandra Laurencich<\/strong>, editado por Factotum Ediciones. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color\" style=\"color:#cd0f0f\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color\" style=\"color:#cd0f0f\"><strong>Alejandra Laurencich<\/strong> es narradora y editora. Autora de los libros de cuentos Coronadas de Gloria (2002), Historias de mujeres oscuras (2007), Lo que dicen cuando callan (2013) y El d\u00eda menos pensado (2022); del ensayo EL TALLER. Nociones sobre el oficio de escribir (2014) y las novelas Las olas del mundo (2015) y Vete de m\u00ed -que fue traducida al esloveno como Pusti me pri miru y dio origen al documental Alejandra estrenado en Europa en septiembre de 2018, y cuya gira de proyecci\u00f3n le inspir\u00f3 a la autora el libro de cr\u00f3nicas Diario de Eslovenia (2019). Parte de su obra narrativa fue traducida tambi\u00e9n al ingl\u00e9s, alem\u00e1n, portugu\u00e9s y hebreo y elegida como material de estudio en distintas Universidades del pa\u00eds y del exterior. Recibi\u00f3, entre otros, el 2\u00b0 Premio Ciudad de Buenos Aires (2011), el 3\u00b0 Premio Fondo Nacional de las Artes (2002) y el XXX Premio de Narrativa Breve otorgado por la uned en Espa\u00f1a (2019). Cre\u00f3 la Revista Literaria La Balandra \u2013otra narrativa\u2013 (premiada como una de las tres mejores revistas culturales de la Argentina en 2013) de la que fue Directora Editorial entre los a\u00f1os 2011 y 2019. Desde hace m\u00e1s de dos d\u00e9cadas dicta talleres y cl\u00ednicas de narrativa y supervisa la obra de autoras y autores.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Toda vez que entra a la estafeta Mariana se pregunta c\u00f3mo es posible que en plena d\u00e9cada del noventa, a s\u00f3lo siete a\u00f1os del cambio de milenio, no tengan una oficina de correo en ese pueblo. 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