{"id":1034,"date":"2022-09-10T09:13:00","date_gmt":"2022-09-10T12:13:00","guid":{"rendered":"https:\/\/trumanmag.com\/?p=1034"},"modified":"2022-09-16T15:56:20","modified_gmt":"2022-09-16T18:56:20","slug":"cuanto-debe-durar-una-vida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/2022\/09\/10\/cuanto-debe-durar-una-vida\/","title":{"rendered":"\u00bfCu\u00e1nto debe durar una vida?"},"content":{"rendered":"\n<p>En su novela Yoga, Emmanuel Carr\u00e8re relata el siguiente episodio autobiogr\u00e1fico: hace unos a\u00f1os transitaba una intensa depresi\u00f3n, por la que hab\u00eda visitado a diferentes profesionales; con todos hab\u00eda fracasado, hasta que decide visitar a Fran\u00e7ois Roustang, un viejo disc\u00edpulo de Jacques Lacan. Para ese entonces, Roustang \u2013que era un hombre muy mayor\u2013 se dedicaba al arte de finalizar su vida a trav\u00e9s de la meditaci\u00f3n. Desesperado, Carr\u00e8re le dice que est\u00e1 pensando en matarse; entonces el monje \u201cpsi\u201d le responde que el suicidio tiene mala prensa, pero seguramente a veces no hay otra soluci\u00f3n. Adem\u00e1s, le dijo que \u00e9l no hac\u00eda m\u00e1s que tomarle el pelo a los profesionales que quisieron curarlo. El escritor no pudo<br>creer que un sabio le dijese eso que ning\u00fan terapeuta podr\u00eda decir; quiz\u00e1s eso lo hac\u00eda un sabio. Luego Roustang agreg\u00f3: \u201cSi no, puede vivir\u201d. Lo cierto es que Carr\u00e8re escuch\u00f3 esta frase y decidi\u00f3 vivir, mejor dicho, recuper\u00f3 su vida, dejando de lado varios a\u00f1os de depresi\u00f3n. La importancia de este encuentro puede medirse a partir de que el escritor ya lo hab\u00eda narrado previamente, en su novela El reino. Todas las discusiones te\u00f3ricas sobre el suicidio retroceden cuando alguien es capaz de contar ese peque\u00f1o encuentro que le devolvi\u00f3 la vida. En este art\u00edculo, comentar\u00e9 un libro que tiene el mismo esp\u00edritu que la an\u00e9cdota de Carr\u00e8re. Se trata de El Dios salvaje. Ensayo sobre el suicidio, de otro novelista y poeta, que tambi\u00e9n fue uno de los m\u00e1s importantes editores y cr\u00edticos ingleses. Por cierto, este libro comienza con un minucioso relato de la vida y suicido de su amiga Sylvia Plath. Tambi\u00e9n \u00e9l se presenta como alguien que tuvo que arregl\u00e1rselas con ese acto, pero antes que presentar el libro por su lado sensible y emotivo, vayamos mejor a sus ideas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfC\u00f3mo termina una vida? \u00bfDe qui\u00e9n es la vida que concluye? Hace pocos d\u00edas le\u00eda una nota en que el actor Alain Delon comunicaba su decisi\u00f3n de despedirse del mundo. Claro que no es lo mismo escuchar a quien ya vivi\u00f3 largos y tendidos a\u00f1os, con grandes satisfacciones, que el horror que despierta una vida trunca (por ejemplo, en la juventud). Sin embargo, \u00bfcu\u00e1nto debe durar una vida?<\/p>\n\n\n\n<p>La contracara de esta situaci\u00f3n es la de ese conocido o familiar \u2013todos sabemos de alguien\u2013 a quien le extendieron la vida in\u00fatilmente en un hospital. En cierta medida, la nuestra es una sociedad en la que est\u00e1 prohibido morir. Nuestras muertes son un asunto t\u00e9cnico y quiz\u00e1s esto se deba a que la vida tiene cada vez menos sentido. Entonces que alguien diga que quiere terminar con esto de una vez, genera alarma. Por supuesto que esto no quiere decir que se acompa\u00f1ar\u00e1 hacia una vida plena; alcanza con controlar que la persona no muera. Ahora bien, \u00bfes lo mismo matarse, quitarse la vida o suicidarse? Lo cierto es que la experiencia de la propia muerte tiene una historia concreta. El tab\u00fa de la muerte es algo reciente (unos pocos siglos) y de su aclaraci\u00f3n pueden desprenderse algunas preguntas valiosas, no para hacer una apolog\u00eda, sino para compartir inquietudes que prescindan del temor. Cuando nos atrevemos a hablar de temas dif\u00edciles es que podemos ganar en m\u00e1s comprensi\u00f3n y evitar actitudes normativas y moralistas.<\/p>\n\n\n\n<p>El mandato actual de vivir tiene como contraparte una particular experiencia de los siglos XVIII y XIX. El libro de Al Alvarez comienza con un relato precioso, una carta de un hombre a su amante, en la que le cuenta la noticia del d\u00eda: a un suicida que fracas\u00f3 en su intento\u2026 se lo conden\u00f3 a muerte. El hombre ten\u00eda un corte en la garganta, por lo que era complicado ahorcarlo; por eso cuando lo subieron al pat\u00edbulo se demoraron m\u00e1s tiempo del necesario ya que deb\u00eda morir por la horca y no por su herida. Parece un disparate leer que a un suicida se lo mata; pero es en esos siglos que se consolida la prohibici\u00f3n de matarse. El suicida, entonces, era un criminal. No como hoy que se lo considera \u2013desde el pasaje al siglo XX\u2013 un enfermo. En aquella etapa previa es que el profesor Joad pod\u00eda decir que \u201cen Inglaterra uno no puede suicidarse, so pena de que lo consideren delincuente si fracasa y loco si lo consigue\u201d. Por cierto, quien se atrev\u00eda a semejante acto ten\u00eda que pagar: era expropiado de sus posesiones, las que se<br>entregaban a la autoridad real. Sin embargo, si el lado B de nuestro mandato de vivir era la prohibici\u00f3n de matarse de los dos siglos precedentes, en siglos anteriores esto no era as\u00ed. Suele atribuirse la ra\u00edz<br>de la prohibici\u00f3n del suicidio a la tradici\u00f3n judeo-cristiana, pero nada es m\u00e1s falso. En ninguno de los dos Testamentos se lo proh\u00edbe directamente. El Antiguo Testamento, por ejemplo, relata cuatro suicidios  Sans\u00f3n, Sa\u00fal, Abimelech y Ahitofel\u2013, ninguno de los cuales merece comentario adverso. Por otro lado, en los siguientes t\u00e9rminos es que Alvarez comenta el suicidio de Judas Iscariote en el Nuevo Testamento:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201c\u2026el acto, antes que sumarse a sus faltas, parece una medida de su arrepentimiento.<br>Solo mucho m\u00e1s tarde los te\u00f3logos invirtieron el juicio impl\u00edcito de san Mateo para<br>sugerir que Judas era m\u00e1s condenable por su suicidio que por la traici\u00f3n a Cristo.\u201d<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En los primeros tiempos de la Iglesia, el acto en cuesti\u00f3n era materia tan neutra que hasta la muerte de Cristo fue considerada (por Tertuliano, uno de los Padres) como una suerte de suicidio. Solamente a partir de San Agust\u00edn, en un movimiento que llega hasta Santo Tom\u00e1s, es que quitarse la vida fue un acto repudiable, porque contraven\u00eda un don que era de Dios. Sin embargo, no es como parte del dogma religioso que se justifica este repudio, sino a partir de otro tipo de influencias, m\u00e1s bien paganas \u2013que comentar\u00e9 en lo que sigue. En cualquier caso, la idea de suicidio como pecado llega a la doctrina como una ocurrencia subsidiaria y tard\u00eda y, a\u00fan s\u00ed, todav\u00eda es lejana a la construcci\u00f3n del acto como delito \u2013tal como se constituy\u00f3 en los siglos XVIII y XIX.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero no vayamos tan r\u00e1pido. Antes dije que la condena del suicidio tiene otra ra\u00edz que la de la experiencia judeocristiana. La muerte por mano propia fue un miedo arcaico en aquellas sociedades llamadas \u201cprimitivas\u201d \u2013curiosamente, aquellas que practicaban sacrificios humanos. El horror primitivo al suicidio se explicaba por la permanencia del esp\u00edritu del suicida. Se tem\u00eda su venganza. En estas sociedades el suicida no muere, sino que contin\u00faa con vida en el m\u00e1s all\u00e1 para atormentar a los vivos. La continuidad de esta incidencia puede rastrearse en Occidente en varias creencias populares, o tambi\u00e9n en la literatura \u2013sin ir m\u00e1s lejos, pi\u00e9nsese en la tragedia de Hamlet, cuyo padre regresa como un fantasma que pide ser vengado. Es cierto que, en su caso, el padre fue asesinado por el t\u00edo, pero podr\u00eda pensarse que este desdoblamiento del asesino no es m\u00e1s que una ficci\u00f3n para encubrir una muerte temida. Por esta v\u00eda, entonces, cabe pensar que el suicidio es temible porque es un asesinato desplazado. Despu\u00e9s de todo,<br>no es poco frecuente que muchas personas amenacen a otras con su muerte: \u201cSi no me quer\u00e9s, me mato\u201d, \u201cMe voy a matar y vos vas a tener la culpa\u201d, manipulaciones que tienen su origen en la vivencia del ni\u00f1o que quiere medir el alcance su ausencia ante la mirada parental. No obstante, el suicida est\u00e1 lejos de ser infantil. Por cierto, esta fue una de las v\u00edas que tomaron las teorizaciones que llevaron desde el acto delictivo hacia un dispositivo de patologizaci\u00f3n. A partir del siglo XIX, el suicidio comenz\u00f3 a perder su dimensi\u00f3n de acto moral y, por lo tanto, juzgable, para convertirse en un objeto de estudio de teor\u00edas sociol\u00f3gicas y psicol\u00f3gicas. De acuerdo con Alvarez, podr\u00eda decirse que estas teor\u00edas no han hecho m\u00e1s que introducir falacias y contradicciones. Por un lado, podr\u00edamos recordar el ensayo de E. Durkheim y su distinci\u00f3n cl\u00e1sica entre tres tipos de suicidios: ego\u00edsta, altruista y an\u00f3mico. El primero se explica por un grado considerable de aislamiento; el segundo por una asunci\u00f3n total de la misi\u00f3n social (como lo ejemplifican los kamikazes); el tercero por una modifica-ci\u00f3n en el modo de vida (por ejemplo, no es raro que se quite la vida alguien que gana la loter\u00eda, para no dar siempre ilustraciones cercanas a la depresi\u00f3n). Sin embargo, Alvarez considera que este tipo de explicaciones no explican nada \u2013a decir verdad: \u201cGran parte de la tolerancia cient\u00edfica parece sostenerse en la indiferencia humana\u201d. Por ejemplo, respecto de los suicidios ego\u00edstas, Alvarez plantea que los soci\u00f3logos suelen decir que una persona aislada tiene m\u00e1s chances de suicidarse, pero el problema radica en hacer del aislamiento una condici\u00f3n del suicidio \u2013que puede llevar al control social\u2013 cuando el argumento puede invertirse: el suicida puede aislarse para \u201crechazar el mundo que supuestamente lo rechaza\u201d. En este punto, es notable c\u00f3mo destaca que no hay que subestimar la lucidez del suicida: \u201cPor impulsivo que sea el acto y confusos que sean los motivos, cuando al fin una persona decida quitarse la vida ha alcanzado cierta claridad moment\u00e1nea\u201d. De esta forma, Alvarez combate el dispositivo de victimizaci\u00f3n del suicida, con el fin de devolverle el valor de una decisi\u00f3n humana \u2013que a las teor\u00edas sociol\u00f3gicas genera esc\u00e1ndalo, porque piensan desde el punto de vista del hecho social que debe ser evitado. As\u00ed es que proponen todo tipo de falacias, entre las que se destacan: la falsedad de que haya relaci\u00f3n entre suicidio y juventud, dado que el \u00edndice de suicidios exitosos crece con la edad (aunque los j\u00f3venes sean quienes m\u00e1s lo intentan); la falsedad de la relaci\u00f3n entre suicidio y pasi\u00f3n (aunque los amantes suelen intentarlo, quienes viven perseguidos o acosados por deudas suelen matarse m\u00e1s eficazmente); la falsedad de que alguien que dice que va a matarse no lo va a hacer; la falsedad de que quienes lo han intentado no lo vuelven a hacer. \u201cCada falacia es una estrategia para devaluar un acto que no se puede negar ni revertir\u201d, afirma Alvarez y esto quiere decir: quitarle al suicidio su seriedad para que parezca un \u201cuna alteraci\u00f3n del equilibrio mental\u201d. Las teor\u00edas sociol\u00f3gicas nunca van a poder explicar el suicidio, porque \u2013dice Alvarez, con una cita de Albert Camus\u2013 \u201cTodo lo que se llama buena raz\u00f3n para vivir tambi\u00e9n es una excelente raz\u00f3n para morir\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>En un aparte cabe la cr\u00edtica a las teor\u00edas psicol\u00f3gicas, que tambi\u00e9n caen en el perfil de la victimizaci\u00f3n del suicida. A trav\u00e9s del an\u00e1lisis del historial cl\u00ednico de una paciente, Alvarez critica la interpretaci\u00f3n de la psiquiatra \u2013que consider\u00f3 que su motivaci\u00f3n fuera una baja autoestima\u2013 con los siguientes t\u00e9rminos:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c<em>Pobre Fanny [nombre de esta paciente]. Acaso el \u00faltimo insulto haya sido la explicaci\u00f3n trivial con que se despachaba su larga historia [\u2026]. En la imp\u00e1vida descripci\u00f3n de la doctora Von Andics, ella acaba pareci\u00e9ndose a un personaje de Zola<\/em>.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>En el \u00e1mbito \u201cpsi\u201d el temor al suicidio es tan grande, que los profesionales \u201cevitan exponer sus apuntes sobre los casos y sus experiencias personales\u201d, como si el paciente que logra matarse representara para el terapeuta un fracaso inequ\u00edvoco, \u201cya que el fin \u00faltimo del tratamiento es hacer la vida vivible pese al paciente mismo, pese a la misma vida\u201d; pero, \u00bfdesde cu\u00e1ndo un terapeuta se convierte en guardi\u00e1n del vivir? \u00bfAl servicio de qui\u00e9n? Por este motivo, Alvarez desiste de las teor\u00edas psicol\u00f3gicas del suicidio, salvo de la idea b\u00e1sica de Freud que plantea que con la muerte de uno se busca castigar a otro. En cierta medida, esta concepci\u00f3n recuerda a la idea pagana: el muerto sigue con vida, para realizar una venganza. En la teor\u00eda psicoanal\u00edtica, entonces, esta venganza se realiza de manera anticipada. Con la propia muerte, se busca castigar a alguien \u2013aunque quiz\u00e1 sin saberlo. No obstante, puede haber una intuici\u00f3n somera de esta intenci\u00f3n cuando se deja una carta por la que se exime a los dem\u00e1s de cualquier culpabilidad. He aqu\u00ed una curiosa desmentida: a trav\u00e9s de la negaci\u00f3n, se indica esa misma culpa. Igualmente, tambi\u00e9n son conocidos los casos de quienes directamente saltean este rodeo y dejan una carta con el fin de culpar expl\u00edcitamente a otros.<\/p>\n\n\n\n<p>En el siglo XIX Freud pod\u00eda afirmar que muerte y sexualidad eran dos motivos malditos en el inconsciente, en la medida en que todav\u00eda no se hab\u00eda gestado el pasaje de la sociedad disciplinaria a la sociedad de control de nuestra \u00e9poca; es decir, no hab\u00eda leyes escritas al respecto, sino pr\u00e1cticas y costumbres. En efecto, el siglo XX testimonia del desarrollo creciente de la normatividad de la vida. Pensemos en nuestro pa\u00eds, \u00bfqu\u00e9 ocurrir\u00eda si se aprueba un proyecto de ley que incluye el Viagra dentro del plan de prestaciones obligatorias de las obras sociales?<\/p>\n\n\n\n<p>Ser\u00eda el comienzo de la v\u00eda por la cual cualquier hombre podr\u00eda reclamar al Estado su erecci\u00f3n. Lo mismo podr\u00edamos pensar respecto de la muerte, a partir de la sanci\u00f3n en abril de 2015 de la Ley Nacional de Prevenci\u00f3n del Suicidio (Ley No. 27.130). Sin embargo, ante de formular algunas observaciones respecto de esta situaci\u00f3n normativa, podr\u00edamos preguntarnos: \u00bfqu\u00e9 estatuto tiene la vida para que surja un empuje legislativo? Volvamos a \u00c1lvarez. En principio, ciertas pr\u00e1cticas del control de la vida (y la<br>muerte; como la eutanasia y el aborto) encuentran un desarrollo creciente en las sociedades de nuestro tiempo. No obstante, cabr\u00eda plantear la inquietud, \u00bfde qui\u00e9n es la vida que se normativiza? Porque nadie podr\u00eda desconocer que vivimos en un mundo que ha hecho de la vida un valor. Estar vivo es importante (reflexionemos en lo que ocurri\u00f3 durante la pandemia), a menos que eso comprometa la salud. O, mejor dicho, la vida vale en el marco de una econom\u00eda de la salud \u2013algo que antes del siglo XIX era impensable. En efecto, lo demuestra cualquier publicidad que ofrece productos cuyos componentes ignoramos, pero que sirven para aumentar defensas, prevenir estados,fortalecer los huesos, etc. Ahora bien, \u00bfqu\u00e9 lugar ocupa en este contexto la pr\u00e1ctica de quitarse la vida? No tendr\u00eda sentido argumentar aqu\u00ed en funci\u00f3n de que haya culturas que ejerciten este tipo de actos (como ocurre en Jap\u00f3n). Mucho m\u00e1s importante es pensar en qu\u00e9 medida esta coyuntura puede ser un acto consumado. Porque, en primer lugar, cuando acontece la noticia de un suicidio la reacci\u00f3n inmediata consiste en sancionar que algo anduvo mal.<br>Se trat\u00f3 de una decisi\u00f3n \u201calienada\u201d, dice pronto alg\u00fan profesional al que se llama para dar explicaciones; pero, \u00bfqu\u00e9 tipo de teor\u00eda de la acci\u00f3n supone este tipo consideraciones? Acaso, como dije al principio, \u00bfpodr\u00edamos olvidar que fue tambi\u00e9n el pasaje del siglo XIX al XX el que forj\u00f3 una aproximaci\u00f3n psicopatol\u00f3gica del individuo que recurri\u00f3 a un enfoque voluntarista como dispositivo de captura de la vida social? Se trata de \u201cponerse las pilas\u201d, \u201chacer el esfuerzo de estar bien\u201d, \u201cNo rendirse\u201d, entre otras opciones de frases comunes. Pensemos en un \u201csuicidio ejemplar\u201d \u2013para utilizar la expresi\u00f3n de un t\u00edtulo de E. Vila-Matas\u2013, el de G. Deleuze. Ser\u00eda vano interpretar este incidente como un caso de voluntad afiebrada. Para los conocedores de la filosof\u00eda deleuziana, quiz\u00e1 podr\u00eda no haber habido nada m\u00e1s vital (y consecuente con un pensamiento que se quer\u00eda creativo). Sin embargo, \u00bfno es el hecho de que no podamos realizar un acto de empat\u00eda lo que m\u00e1s nos inquieta del suicidio? \u00bfNo es esta decepci\u00f3n la que obliga a tener a mano una \u201cteor\u00eda\u201d explicativa? La historia de la filosof\u00eda es una sucesi\u00f3n de suicidios, entre ellos, el primero, el de S\u00f3crates. Perder la vida podr\u00eda no ser algo ignominioso. En el contexto de la cultura griega ya lo dec\u00eda S\u00f3focles: \u201cEl que sigue apegado a la vida en la desgracia o es un cobarde o un est\u00fapido\u201d. Y, por cierto, el intento de apropiaci\u00f3n de la vida por parte del Estado no es algo nuevo. Ya lo dec\u00eda Plat\u00f3n en su Rep\u00fablica: \u201cLas personas enfermas no deben vivir y en ning\u00fan caso tener hijos; Asclepio ha ense\u00f1ado la medicina para los casos en que hay que luchar contra una enfermedad aguda, pero nunca se propuso mantener en una vida larga y penosa mediante prolijos cuidados y ayudas un cuerpo internamente da\u00f1ado y cuyos hijos habr\u00e1n de ser lo mismo; a un enfermo as\u00ed no hay que tratarlo m\u00e9dicamente, pues ni para \u00e9l ni para el Estado es de utilidad alguna [\u2026] aunque fuera m\u00e1s rico que Midas\u201d. Cuando la vida ya no sirve\u2026 pero toda utilidad supone un fin exterior. Por eso, volvamos a nuestro contexto, \u00bfqu\u00e9 particularidad tiene el inter\u00e9s de que haya una ley de prevenci\u00f3n del suicidio? En continuidad con el libro de Alvarez, creo que si desde el punto de vista intelectual puede hacerse una historia del suicidio y llegar a verse en este un acto decidido que no debe ser psicopatologizado, otra cosa es lo que ocurre cuando nos encontramos con la situaci\u00f3n de quienes simplemente se dejan morir, por ejemplo, a trav\u00e9s de adicciones, acciones extremas y riesgosas, pero tambi\u00e9n conductas que muestran que no llegan a quitarse la vida, porque tal vez ya estaban agonizando desde mucho antes. Por otro lado, el incremento de los \u00edndices de suicidios en adolescentes (entre 10 y 19 a\u00f1os) tiene que hacernos preocupar.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya no vivimos en la \u00e9poca de la muerte rom\u00e1ntica. Ya no vivimos en la \u00e9poca del joven Werther. Todav\u00eda pesa sobre nosotros el diagn\u00f3stico realizado por David Hume en su c\u00e9lebre ensayo \u201cDel suicidio\u201d: es el temor y la culpa lo que no nos permitir\u00eda contar con la disposici\u00f3n de nuestra propia vida. Incluso cuando la religi\u00f3n habr\u00eda perdido su lugar rector en el capitalismo\u2026 la religiosidad sigue vigente, ahora con nombres laicos y seculares. Dios no est\u00e1 muerto, tampoco vive en la ciencia, sino que regres\u00f3 al mundo en el punto de claudicaci\u00f3n del \u00faltimo basti\u00f3n de la modernidad: la promesa y el fracaso de una vida segura. Hoy en d\u00eda, el suicidio perdi\u00f3 su capacidad de interpelaci\u00f3n. Ya no se lo distingue de la autoagresi\u00f3n, que parece haberse desbordado como forma de resoluci\u00f3n de los conflictos y ansiedades de la vida. Ha dejado de ser un acto fundamental, un invariante antropol\u00f3gico. Las palabras de Plinio nos parecer\u00edan privadas de sabidur\u00eda: \u201cDios, aun cuando quisiera, no podr\u00eda darse muerte y ejercitar ese privilegio que concedi\u00f3 al hombre en medio de tantos sufrimientos de la vida\u201d. Un acto distingue al hombre de los animales, la capacidad de jugar. Otro lo hace m\u00e1s fuerte que Dios: la posibilidad de darse muerte. Esta potencia infinita ya no nos infunde respeto.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color\" style=\"color:#b30606\"><strong>Luciano Lutereau<\/strong> es psicoanalista, doctor en Filosof\u00eda y doctor en Psicolog\u00eda por la Universidad de Buenos Aires (UBA), donde trabaja como docente e investigador en la Facultad de Psicolog\u00eda y en la Facultad de Filosof\u00eda y Letras. Magister en Psicoan\u00e1lisis y especialista en Psicolog\u00eda Cl\u00ednica por la misma universidad. Dicta de manera regular cursos de posgrado en distintas universidades del pa\u00eds y del exterior. Es autor de diversos libros, entre ellos, Histeria y obsesi\u00f3n. Introducci\u00f3n a la cl\u00ednica de las neurosis (2013), Ya no hay hombres. Ensayos sobre la destituci\u00f3n masculina (2016) y Edipo y violencia. Por qu\u00e9 los hombres odian a las mujeres (2017). Esos raros adolescentes nuevos (2019). Art\u00edculos suyos han sido traducidos al ingl\u00e9s, franc\u00e9s y portugu\u00e9s.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En su novela Yoga, Emmanuel Carr\u00e8re relata el siguiente episodio autobiogr\u00e1fico: hace unos a\u00f1os transitaba una intensa depresi\u00f3n, por la que hab\u00eda visitado a diferentes profesionales; con todos hab\u00eda fracasado, hasta que decide visitar a Fran\u00e7ois Roustang, un viejo disc\u00edpulo&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":42,"featured_media":1040,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[3],"tags":[],"class_list":["post-1034","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cultura"],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/trumanmag.com\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/th.png","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1034","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/42"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1034"}],"version-history":[{"count":21,"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1034\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1057,"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1034\/revisions\/1057"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1040"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1034"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1034"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1034"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}