{"id":1027,"date":"2022-08-16T11:01:55","date_gmt":"2022-08-16T14:01:55","guid":{"rendered":"https:\/\/trumanmag.com\/?p=1027"},"modified":"2022-08-16T11:01:55","modified_gmt":"2022-08-16T14:01:55","slug":"el-tema-de-la-fornicacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/trumanmag.com\/index.php\/2022\/08\/16\/el-tema-de-la-fornicacion\/","title":{"rendered":"El tema de la fornicaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<p>Hac\u00eda mucho que no me acostaba con nadie. Con el tiempo eso de coger se va haciendo cada vez m\u00e1s complicado. Yo no soy ninguna escultura, pero tampoco me considero un bofe. <em>\u201cYa no me cocino con el primer hervor\u201d<\/em>, me hubiera advertido un pariente m\u00edo que ya se dedica solo a dormir. Lo cierto es que a veces al mirarme en el espejo me parece estar viendo a otra persona. Como si la que estuviese del otro lado del vidrio ya no fuese mi hermana melliza que est\u00e1 dispuesta a realizar todas mis morisquetas sino que fuese una extra\u00f1a. Una se\u00f1ora mayor, que a duras penas reproduce algunos, no todos, de mis movimientos con cierta dificultad y torpeza. Con un desgano y una apat\u00eda alarmante que en m\u00e1s de una oportunidad me oblig\u00f3, estando yo en el ba\u00f1o, a apagar la luz de un manotazo y a irme ofendida debido a su inconducta del cuarto destinado a desechar los excrementos.<\/p>\n\n\n\n<p>Ni que hablar del espanto que me produce ba\u00f1arme, cosa que ya no hago todos los d\u00edas. En parte porque me da pereza, en parte porque ahorro en jab\u00f3n y detergentes para el pelo y dem\u00e1s triqui\u00f1uelas. En realidad le he tomado un cierto rechazo a la ba\u00f1adera, que enlozada y distinguida como lo fue siempre, ahora me suena a posible trampa mortal si me llego a caer. Cu\u00e1ntas ser\u00e1n las historias de muertes dentro de un ba\u00f1o que he escuchado a lo largo de mis a\u00f1os; en todas ellas la ba\u00f1adera jug\u00f3 un papel fundamental.<\/p>\n\n\n\n<p>No recuerdo bien en que circunstancia lo conoc\u00ed a Mario. De a poco nos fuimos frecuentando. El proceso fue lento. Complicado y un poco impostado. A veces me parece que a \u00e9l no le quedaba otra y a m\u00ed tampoco. En una feria del plato de la Municipalidad. O algo relacionado con la biblioteca del barrio. De alguno de esos lugares debe haber provenido Mario. Hay momentos en que se lo estoy por preguntar, pero me termino arrepintiendo, no quisiera que piense que est\u00e1 ante una mujer que desvar\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Siempre nos encontramos en lugares neutrales. El barcito frente a la plaza. La misma plaza cuando los d\u00edas son c\u00e1lidos. Concurre vestido con la misma camisa o una id\u00e9ntica a la anterior, a lo mejor tiene m\u00e1s de una del mismo color y corte. El ritual no se modifica mucho: nos saludamos, hacemos referencia al cuadro clim\u00e1tico, nos preguntamos si queremos tomar algo y hasta que nos llega el acostumbrado caf\u00e9 tenemos tema de sobra para conversar. Qu\u00e9 el mozo no es el mismo de la vez anterior. Qu\u00e9 seguro lo han echado porque el due\u00f1o se dice que es muy ordinario para pedir las cosas. Qu\u00e9, por eso mismo, el piso y las mesas podr\u00edan estar un poco m\u00e1s limpias. Qu\u00e9 a la mujer sentada en el fondo le veo cara conocida y cientos de otros temas que fluyen como si estuvi\u00e9semos frente a un r\u00edo de amistad.<\/p>\n\n\n\n<p>La llegada del caf\u00e9 acota nuestra charla. Ahora nos limitamos \u00fanicamente a hablar de la temperatura de la bebida que nos acaba de alcanzar el mozo, que ya no nos preocupa si es el mismo de siempre u otro. El mozo es solo el mozo y punto. Por suerte el potecito cargado de sobrecitos de az\u00facar y edulcorantes nos ayudan a debatir sobre la conveniencia de consumir uno u otro. Eso dura poco tiempo y lo sabemos. No nos podemos pasar una vida sin avanzar con el sorbido del caf\u00e9. Porque fr\u00edo no es lo mismo. Mario lo termina en tres tragos. Pausados. Yo necesito cinco. Los vecinos de mesa, con sus charlas, me ayudan a que Mario no escuche el sonido que hace mi garganta al empujar el l\u00edquido para el lado de las entra\u00f1as. Eso ser\u00eda un horror. A lo mejor me hago demasiado la cabeza, es de esperar que mi acompa\u00f1ante ya no tenga el o\u00eddo de un muchacho de veinte.<\/p>\n\n\n\n<p>Una vez que nos terminamos la consumici\u00f3n la situaci\u00f3n se empantana un poco m\u00e1s. Llega el momento de pagar. Yo advierto que es correcto que compartamos los gastos. Mario se muestra caballero y dice que por favor que \u00e9l abonar\u00e1 la cuenta.<\/p>\n\n\n\n<p>-Mozo- dice levantando la mano derecha, y esa ser\u00e1 una de las \u00faltimas palabras que pronuncie.<\/p>\n\n\n\n<p>Le traen el papelito y el ni lo mira. Ya sabe cu\u00e1nto tiene que pagar. Abona con monedas y un papel de denominaci\u00f3n chica. De d\u00f3nde conseguir\u00e1 las monedas me gustar\u00eda preguntarle, pero me da no se qu\u00e9. No quisiera que piense que le estoy insinuando algo.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de que deja el dinero la cosa se pone tensa. Mario comienza a mirar en diferentes direcciones. Parece un ladr\u00f3n que se est\u00e1 escapando con un gran bot\u00edn.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo ser\u00e9 un gran bot\u00edn para Mario o ser\u00e9 una carnada para darle celos a otra.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a0La boca se me pone pastosa y no termino de sabe si es por el gusto rancio que deja el caf\u00e9 o por los nervios. Miro la taza vac\u00eda. Casi fr\u00eda. Me cuesta tragar, tengo la sensaci\u00f3n de una traqueitis incipiente, igual ya aprend\u00ed que es solo eso. Una sensaci\u00f3n. Cuando \u00e9l me dice \u00bfvamos? me levanto aliviada tomando los recaudos para no tambalearme y parecer borracha. Acepto con entusiasmo la invitaci\u00f3n m\u00e1s por ir acerc\u00e1ndome a mi domicilio que por darle un tinte m\u00e1s \u00edntimo al asunto. Mientras camino los pasos que me restan para quedar del lado de la vereda, el fr\u00edo que me recorre la espalda es el mismo que te produce la aparici\u00f3n de un \u00e1nima. Siento millones de agujas clavarse en mi carne. Mario viene atr\u00e1s a pocos cent\u00edmetros de m\u00ed. Siento de qu\u00e9 manera su mirada me recorre de arriba abajo y me quema.<\/p>\n\n\n\n<p>Qu\u00e9 pensar\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando quedamos del lado de afuera del local todo se vuelve peor. El silencio me aplasta. No s\u00e9 c\u00f3mo romperlo. Pero s\u00e9 que romperlo ser\u00eda aun m\u00e1s inc\u00f3modo. El viento helado despabila un poco mis sentidos. En especial el de la vista que se encontraba un tanto adormecido. Mario hace sonar sus zapatos contra el suelo. Sabe que le queda una \u00faltima ficha y la va a utilizar. Una especie de bruma se ha levantado del lado que viene el r\u00edo y una llovizna que no termina nunca de caer nos moja la cara. Pienso que deber\u00eda haber tra\u00eddo el piloto y el paraguas. Despu\u00e9s pienso que hubiese sido rid\u00edculo porque cuando sal\u00ed de casa hab\u00eda sol.<\/p>\n\n\n\n<p>-Quer\u00e9s que tomemos alguna otra cosita en casa- pregunta mi compa\u00f1ero al igual que las veces anteriores.<\/p>\n\n\n\n<p>No se qu\u00e9 hago y termino aceptando la invitaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces Mario se coloca bien cerca de m\u00ed hombro y me toma por primera vez en nuestra relaci\u00f3n del brazo. A lo mejor es porque se le aflojaron las piernas con mi aceptaci\u00f3n. And\u00e1 a saber si estaba preparado para que yo aceptase. No se dice nada. Se camina. Se imagina. Se le teme a lo que vendr\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>Junto a nosotros pasan tres adolescentes. Se desplazan a una velocidad supers\u00f3nica para nuestras posibilidades. Mario les mira el culo. Unos culos hermosos que se van r\u00e1pido y para siempre. Trato de imaginar nuevamente qu\u00e9 piensa en ese momento y me doy cuenta de que no tengo ni la menor idea. Que no lo conozco a \u00e9l y que fue un error haber aceptado su oferta. Decido que soy una mujer grande y de car\u00e1cter fuerte, que le voy a pedir disculpas por el mal entendido y que voy a continuar en direcci\u00f3n a mi casa. Estoy a punto de hablar cuando me lo comunica.<\/p>\n\n\n\n<p>-Llegamos.<\/p>\n\n\n\n<p>Son cuatro escalones los que hay que sortear hasta llegar a una especie de descansillo. La puerta est\u00e1 ajada. Es de un color verde opaco. La cerradura est\u00e1 desviada. Mi compa\u00f1ero hace unos movimientos acompasados hasta que tiene suerte y se abre. No es una r\u00e1faga de nervios lo que me envuelve sino el tufo que sale del interior de la vivienda. Mario se mete r\u00e1pido y enciende la luz que se encuentra a un costado. Lo sigo. Cierra de inmediato, temiendo que a \u00faltimo momento salga disparada. Pero ya est\u00e1. Me tiene atrapada.<\/p>\n\n\n\n<p>Miro el cielorraso, las manchas de humedad son indisimulables e imparables al igual que la situaci\u00f3n que me va a tocar vivir. Hay olor a pis de gato. Bajo la vista porque el foco que pende de un cable, aunque mugriento, me encandila. Pasan dos segundos en los que estoy ciega. Cuando recupero la vista repaso el lugar. Concluyo que la pobre vivienda no esperaba ninguna clase de visita. Una panera de pl\u00e1stico roja sobre una mesa redonda. Cortinas blancas\/amarillentas por el humo del cigarrillo. La presencia de un gato que no se ve pero se siente. Dos bolillas negras al costado de un sill\u00f3n con un agujero en el lugar de sentarse, seguramente caca del mencionado gato. Una canilla que deja escapar un hijo de agua permanente. El silencio de la pava sobre una hornalla apagada. Un olor que se hace a cada respiraci\u00f3n m\u00e1s penetrante y que como todo, pronto va a desaparecer y ser\u00e1 con suerte un feliz recuerdo. Ropa revuelta y tirada por todas partes. \u00bfLa tirar\u00e1 el gato? El caos es similar al que producen las guerras. De todas formas est\u00e1 calentito y eso me parece bien. Lo \u00fanico positivo hasta el momento.<\/p>\n\n\n\n<p>Mario me dice algo. O trata de hacerlo, porque en verdad no se le entiende nada.<\/p>\n\n\n\n<p>Se da cuenta de lo que pasa.<\/p>\n\n\n\n<p>Vuelve a intentarlo y los sonidos que escupe su boca son m\u00e1s oscuros que lo anteriores.<\/p>\n\n\n\n<p>Para salvar la situaci\u00f3n me se\u00f1ala el lugar donde hay una puerta. Parece la entrada al t\u00fanel de la desesperanza. Comienzo a caminar en la direcci\u00f3n indicada. \u00c9l lo hace m\u00e1s r\u00e1pido y se introduce primero en lo que parecer\u00eda ser una pieza. Enciende un velador. Junto al cable que lleva la corriente hay un vaso de vidrio transparente con agua. De esos que se colocan sobre la mesita de noche para dejar los dientes postizos adentro o para poder tomar una pastilla de madrugada. Ojal\u00e1 que sea para la pastilla. Tiroides. Una cama vieja sin hacer con el colch\u00f3n hundido en uno de los costados, seguro el que utiliza para dormir Pasado el reconocimiento visual. Vuelvo a mirar a mi acompa\u00f1ante.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese es el momento en el que de un solo movimiento queda desnudo. Parece una especie de truco de magia. Me quedo mir\u00e1ndole la pija. No me acordaba bien c\u00f3mo era. Da la sensaci\u00f3n de ser un gusano muerto y no un \u00f3rgano que pueda producir placer. Antes de que tenga tiempo de pensar, no s\u00e9 bien qu\u00e9 es lo que me hace. Un solo movimiento. Desnuda. Es imposible, me digo.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos acompa\u00f1amos hasta la cama. Con cuidado. Como dos ni\u00f1os que caminan por primera vez sobre una pista de hielo y temen caerse. Me ubico boca arriba. Espero.<\/p>\n\n\n\n<p>A lo primero nada.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s se coloca arriba m\u00edo. Su cuerpo tibio mejora en parte las cosas. Busca con apuro el hueco casi atrofiado. Lo encuentra. Empuja varias veces. La presi\u00f3n lo hace ceder. Me entra. Me gusta. Se agita. Parece haber recobrado el habla.<\/p>\n\n\n\n<p>-Mir\u00e1 que fuerte se larg\u00f3 a llover. Disfrutalo, me dice. Y se comienza a mover con m\u00e1s furia. Se juega entero.<\/p>\n\n\n\n<p>-A vos tambi\u00e9n te gusta la lluvia- pregunta.<\/p>\n\n\n\n<p>Las cosquillas desaparecen de inmediato mientras decido cerrar los ojos. Es como si me cogieran con una palanqueta.<\/p>\n\n\n\n<p>El suave sonido del agua contra el techo de chapa me lleva a otro lugar.<\/p>\n\n\n\n<p>Al pasado.<\/p>\n\n\n\n<p>Al arroyo.<\/p>\n\n\n\n<p>La crecida y los gritos.<\/p>\n\n\n\n<p>La oscuridad de la noche.<\/p>\n\n\n\n<p>El rasgu\u00f1o producido por aquellas peque\u00f1as u\u00f1as mal cortadas el d\u00eda anterior.<\/p>\n\n\n\n<p>La sensaci\u00f3n eterna de esa manito escapando de mis garras de leona que no pudo hacer nada para salvar a su cr\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfO no quiso?<\/p>\n\n\n\n<p>El reproche.<\/p>\n\n\n\n<p>Mario debe haber terminado. Porque el fr\u00edo de la tarde me hace tomar nota de que ya no se encuentra sobre m\u00ed sino a un costado. Descansa. Bufa. Se ha dormido.<\/p>\n\n\n\n<p>Me bajo de la cama y comienzo a vestirme.<\/p>\n\n\n\n<p>Sigo sin entender c\u00f3mo hizo para sacarme tanta ropa de un solo movimiento.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color\" style=\"color:#7d0404\"><strong>Sergio Fitte<\/strong>\u00a0naci\u00f3 en 1975 y est\u00e1 radicado actualmente en la ciudad de Azul, provincia de Buenos Aires. Dirigi\u00f3 talleres literarios en La Plata y en las Unidades Penitenciarias de Gorina y Magdalena mientras vivi\u00f3 en la capital provincial. Es autor de \u201cSe\u00f1or Canario\u201d (La Quimera Ediciones 2001); \u201cA no chillar\u201d (Editorial Corregidor 2003, Libro destacado por Gabriel Ba\u00f1ez en el suplemento literario del diario El D\u00eda<br>de La Plata); \u201cDios con lapicera\u201d (Editorial Corregidor 2005, Pr\u00f3logo de Esteban L\u00f3pez Brusa); Proyecto de difusi\u00f3n (Editorial Simurg 2006); \u201cProst\u00edbulo\u201d (Editorial Simurg 2009); Institucionalizaciones (Ediciones El Broche, La Plata 2012); Desahogo (Prosa Editores 2016); Las cosas que le pasan a los Otros (Editorial Lee 2017); Nadie Nace Virgen (Wolkowicz Editores 2017). Discriminaciones (Zeta Centuria Editores 2021).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hac\u00eda mucho que no me acostaba con nadie. Con el tiempo eso de coger se va haciendo cada vez m\u00e1s complicado. 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